jueves, 23 de julio de 2015

El triunfo de la revolución conservadora


    Naomi Klein


Escribíamos el otro día por aquí sobre los problemas que tenemos para conocer y difundir la verdad.

Porque ¿dónde está la verdad, en Camino de servidumbre, de Hayek, La sociedad abierta y sus enemigos, de Popper, Capitalismo y libertad, de Milton Friedman o en  La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, de Naomi Klein?

"El irlandés Times describe los argumentos de Klein como "de peso" junto a los informes del Dr. Tom Clonan: "sistemáticamente y con calma se muestra al lector" la forma en que las ideas de los neoconservadores estaban íntimamente ligadas a los eventos sísmicos que "dieron lugar a la pérdida de millones de vidas". Cerca del final de la revisión del Dr. Clonan, ofrece una síntesis de que el argumento central de Klein es que en el proyecto neoconservador no se trata de "la implantación de la democracia", sino una receta represiva por la maximización del beneficio global para una pequeña élite. "Los neoconservadores ven como ideal la proporción de super-ricos/pobres permanentemente ligada a una súper clase de oligarcas empresariales y sus compinches políticos que son el 20%". El 80% restante sería la población del mundo, los pobres "desechables", que subsisten en la "miseria planificada", que no pueden pagar una vivienda adecuada, la educación o la asistencia sanitaria privatizada.

The Independent calificó al libro de "un relato convincente de la forma en que las grandes empresas y la política se sirvieron de desastres globales para sus propios fines", mientras que Stephen Amidon del New York Observer lo llama un "estudio de peso del corazón oscuro del capitalismo contemporáneo."

Shashi Tharoor en el Washington Post señala que La doctrina del shock contiene la crítica de Klein al capitalismo, aunque también indica que la autora "es demasiado lista para ver conspiraciones donde otros puedan discernir poco más que el modelo todo-demasiado-humano del caos y la confusión, las buenas intenciones y la codicia". Wikipedia.

Lo único que podemos hacer nosotros, para resolver la antinomia, es mirar, todo lo atentamente que podamos a nuestro alrededor y si lo hacemos, comprobamos que:

1º) efectivamente, un 20% de la sociedad nada en la opulencia mientras el otro 80% restante oscila entre la más absoluta pobreza y un poco de pan para hoy y hambre para mañana porque el circulo de la represión económica se estrecha cada día más alrededor del cuello de los que apenas si sobrevivimos ya, porque la avaricia de los plutócratas no tiene fin, por su propia naturaleza;

2º) esta situación se debe al triunfo absoluto desde el punto de vista de la doctrina económica y política de aquellos autores, Hayek, Popper y Friedman, que citábamos al principio, 

Ergo, si la organización sociopolítica del mundo tiene por objeto, según su propia definición, el bien común, es evidente que dichas teorías son falsas, visto el resultado de su total aplicación.

Entonces ¿qué es lo que debemos de hacer?

Aceptar con paciencia nuestro destino o, siguiendo al príncipe de Dinamarca, tomar armas, en el sentido figurado, contra la actual situación, luchar contra ella y acabar con ella.

Pero esto se dice muy fácil si además tu, te llamas William Shkespeare y tienes una facilidad extraordinaria para escribir y fabular pero se trata de ser prácticos en este mundo tan difícil en el que nos ha tocado vivir.

Porque no es fácil luchar contra un establishment a cuyo final se halla los EE.UU. y su gigantesco arsenal miliar, con el poder atómico incluido.

O sea que no hay más remedio que avanzar mediante pequeñas e insignificantes revoluciones que no alarmen demasiado al gigente usanaiano.

Y nos hallamos, otra vez, con esta condenada palabra, revolución, revoluciones, que significa alterar el orden polítocosocial establecido mediante procedimientos extraordinarios ya sean armados o pacíficos.

Acabamos de decir que hoy, día, con el Tío Sam en el horizonte, armado con su garrote atómico, es absolutamente imposible una revolución armada, sólo nos queda ese triste instrumento que son las elecciones falsamente llamadas democráticas porque no puede haber democracia, poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo cuando a éste se le tiene absolutamente intoxicado mediante la prensa y propaganda de los asquerosos regímenes que lo oprimen.

Triste y dura salida pero es la única que existe. No se sabe muy bien cómo pero, de vez en cuando, suena la flauta, por casualidad y el pueblo gana unas elecciones, ahí tenemos a Grecia, por ejemplo, lo natural, dado el estado de la situación internacional, es que esto no te sirva para nada como le está ocurriendo al pueblo griego, pero al menos se consigue un pírrico triunfo moral.

O sea que es muy posible que el japonés usaniano, Fukuyama, tenga toda la razón y hayamos llegado ya al fin de la historia y no nos quede otra esperanza que la más terrible de todas, que a los Usa los ciegue de tal modo su omnipotencia que vayan más allá de lo que Rusia y China consideren tolerable y comience una guerra atómica que acabe con todo rastro de vida en este planeta, de manera que todo tenga que comenzar otra vez y que el “homo sapiens” sea capaz entonces de reescribir la historia pero de otra manera.

6 comentarios:

Futbolín dijo...

LESMES: EL JUEZ VENDIDO AL ”PASTELEO” PP-PSOE
http://espiaenelcongreso.com/2015/07/23/lesmes-el-juez-vendido-al-pasteleo-pp-psoe/

Futbolín dijo...

FORT APACHE - MULTINACIONALES: NUEVOS CONQUISTADORES

https://www.youtube.com/watch?v=96zRGo_xJVA

Futbolín dijo...

FORT APACHE - TTIP: ¿PACTO CON EL DIABLO?
https://www.youtube.com/watch?v=WzuG7eyE1qI

Futbolín dijo...

LA CATÁSTROFE YA ES INEVITABLE
Carlos Elordi (eldiario.es)

Si el electorado catalán no modifica sustancialmente sus actuales tendencias de voto, a partir del 27 de septiembre podría empezar a producirse una crisis de Estado cuya gravedad sólo sería comparable al golpe de Tejero de 1981. La amenaza no es de hoy, sino que ha venido gestándose a la luz del día, paso a paso, desde hace cuatro años e incluso desde hace una década. Pero los dos mayores partidos españoles, las instituciones por ellos controladas, los grandes medios españoles y buena parte de los intelectuales que opinan sobre estos asuntos han decidido ignorarla año tras año, autosatisfaciéndose con la denuncia de los males del independentismo catalán y elevando a categoría de bien absoluto la aplicación de las leyes cuando ello fuera preciso. Y hoy ya es tarde para reaccionar. El choque de trenes es inevitable.
Si la lista unitaria independentista gana las elecciones –y eso parece lo más probable, aunque algunos sondeos lo desmienten– en 6 meses a partir del 27 de septiembre el nuevo parlamento aprobará una “ley de transitoriedad” que será, de hecho, una declaración provisional de independencia, a la espera de que sea aprobado el texto definitivo sobre la misma, lo cual debería ocurrir un año después. El programa electoral de “Junts pel sí” establece claramente, sin ambages, esos pasos y nada indica que los grupos que componen esa plataforma no estén dispuestos a darlos sin salirse un ápice del guion. Ese es su compromiso con los electores. Les van a votar para que lo lleven a la práctica.
Las declaraciones supuestamente grandilocuentes de Rajoy –"no habrá independencia", "se aplicará la ley"– la patética insistencia del PSOE en su propuesta federalista –por la que, además, no han trabajado lo mínimo desde hace diez años– no van a alterar la determinación de los independentistas que desde 2011 no han hecho sino demostrar cada vez más masivamente la fortaleza de sus convicciones y su rechazo a todo lo que les llegaba de Madrid. Frente a ello no caben maniobras de última hora.
Un cambio de actitud por parte del gobierno central es impensable. La gran prioridad Mariano Rajoy es ganar las elecciones generales y cualquier gesto de mínimo acercamiento al independentismo sería interpretado por el sector más tradicional de su electorado, el que se sigue creyendo lo de la España “una”, como una concesión intolerable que seguramente le llevaría a no votar al PP. En perfecta sintonía con sus orígenes ideológicos franquistas, la derecha ha construido su discurso sobre la base de un antagonismo irreconciliable con los nacionalismos periféricos y cualquier vuelta atrás en esos principios sería, además de imposible, traumática.
Convencidos de que esa era su misión –es seguramente en este punto en donde la propuesta política del PP es más firme e ideológicamente inamovible–, el Gobierno y el partido de Rajoy han hecho todo lo que estaba en sus manos para llevar las cosas al disparadero. Antes, en 2006, oponiéndose a la iniciativa reformadora que Zapatero había acordado con Maragall y obligando al presidente socialista a desdecirse de su compromiso de defender, sin modificarlo un ápice, el nuevo Estatuto catalán que había aprobado el gobierno catalán. Aquella debilidad de Zapatero rompió al partido socialista catalán y abrió su crisis. Que se ha saldado con la irrelevancia del PSC y la desaparición de una fuerza equilibradora que, de haber subsistido, podría haber cambiado mucho la dinámica que se ha verificado en los últimos años.

Futbolín dijo...

cont.
Rajoy valoró el desastre del PSC como un gran activo para sus intereses. Y desde entonces no ha parado de apretar las tuercas al nacionalismo catalán. Con su recurso de inconstitucionalidad al Estatuto descafeinado que aprobaron las Cortes en 2006. Con su aplicación a rajatabla de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 que santificaba el recurso del PP. Con sus intentos, siempre frustrados, de frenar la creciente movilización independentista mediante la utilización abusiva de las leyes y de la fiscalía. Y recortando las atribuciones legales de la Generalitat.
Convencido de que el soberanismo catalán iba a terminar como el de Juan José Ibarretxe cuando tuviera que enfrentarse a la prueba de las Cortes, fue incapaz de ver que así como el lehendakari había perdido el apoyo de buena parte del nacionalismo vasco, del radical y también del de el PNV, Artur Mas, en una fuga hacía adelante, había decidido aliarse con todo el espectro soberanista. Rajoy jugó a romper CiU. Lo ha conseguido, pero ahora Durán i Lleida no es un aliado suyo, ni es casi nada.
¿Qué hará el presidente del gobierno si los independentistas ganan el 27S y empiezan a aplicar su programa? No le queda más que asumir su compromiso y dar todos los palos que pueda al nuevo gobierno catalán. Suspendiendo la autonomía catalana o la aplicando sin miramientos la nueva Ley de Seguridad Ciudadana que se acaba de aprobar con el concurso del PSOE que prevé que en una situación de “interés nacional” las autoridades catalanas quedarían sometidas a las del gobierno central y el presidente del gobierno español podría asumir funciones de policía autonómica sin autorización del parlamento.
Ambas vías valdrían para lo mismo. Es decir, para quitar, de hecho, el poder a un gobierno catalán elegido algunas semanas antes. Si el desarrollo del programa independentista sería un trauma en Cataluña, porque se haría en contra de los muchísimos catalanes que están en contra del mismo, la suspensión de la autonomía y/o la aplicación de la Ley de Seguridad lo serían mucho más. Cualquier escenario catastrofista que se pueda imaginar es perfectamente posible, antes o más tarde. La dureza contra el independentismo podría dar a Rajoy la victoria en las generales, pero las reacciones que ésta provocaría podría hacer inviable su gobierno. Ese riesgo ya está llevando a algunos a reverdecer a la idea de una coalición PP-PSOE para gobernar ese marasmo. Por no hablar de las lecturas que de la nueva situación provocaría en el extranjero y en el mundo económico y financiero.
Si la derecha española no fuera lo que es y que no pocos olvidan, y si el PSOE no se viera limitado a ser una comparsa a la hora de las grandes cuestiones de Estado, algo parecido a una vía como la que Londres abrió a Escocia se podría haber intentado en España. Pero esa hipótesis aquí fue denostada y depreciada. Y lo del derecho a decidir considerado un anatema. Una clase política incapaz de estar a la altura de las circunstancias nos ha llevado a donde estamos. La crisis catalana es un motivo más para alejar a esa clase el poder. Y para eso nunca es tarde, aunque las cosas se pongan muy mal.

Futbolín dijo...

David Fernnández, CUP: "Ni queremos rey, ni lo necesitamos

https://www.youtube.com/watch?t=44&v=YplxdGYrYts

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