miércoles, 15 de julio de 2015

Odyseus Tsipras



Zeus estaba insuperablemente enfadado, pero el dueño del dinero le dijo:

-Ellos no se irán nunca y nosotros no podemos hacer lo imposible.

En la puerta del recinto había visto a un obrero alemán con su pancarta:

-Yo no quiero seguir trabajando hasta los 67 años para mantener a un vago que se jubiló a los 50.

-Ese hombre tiene razón y se la vamos a dar. Los griegos, a partir de ahora, también se jubilarán a los 67 años....

-Pero nunca habrán trabajado como lo han hecho los obreros alemanes.

-Eso no tiene remedio, está fuera de nuestras posibilidades. Tenemos que ser realistas.

-Si lo queremos todo, nos exponemos a perderlo todo-dijo Penélope Lagarde.

-Además, no podemos exponernos a que el mundo entero nos tome por lo que no somos, unos auténticos criminales-apostilló Homero Hollande.

-Todo eso ya lo sé, no soy tan estúpido-y el rostro del viejo inválido Zeus reflejó todo el odio del mundo.

-Además-dijo Penélope Lagarde-aún les quedan cosas importantes por privatizar.

Mientras Odyseus Tsipras iba de grupo en grupo absolutamente desolado, nunca lo había tenido peor.

Cómo sería su aspecto que Juncker fue y le besó en la mejilla, lo que, por cierto acabo de hundirle, ya que significaba que todo estaba ya absolutamente perdido.

-“Timeo danaos et dona ferentes”, temo a los griegos incluso cuando te ofrecen regalos. No sé, me parece muy pasiva la actitud de Tsipras.

-Sabe que ya no tiene nada que hacer que no sea volver a Grecia y suicidarse.

-No creo que lo haga, no es uno de esos hombres.

-En cualquier caso, todo lo tiene merecido. Nunca debió atreverse, en su inmensa debilidad, a desafiarnos.

Y se fueron todos a cenar, como si tal cosa.

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