martes, 25 de agosto de 2015

El becerro de oro

La izquierda culminó definitivamente su suicidio político cuando, siguiendo la clamorosa traición de Felipe González, admitió “urbi et orbi” que no había otra salida vital en el mundo de hoy que el liberalismo.
Porque es probable que la más rápida de las maneras de que el oro mane de las fornidas empresas modernas sea ese liberalismo rampante que nos está acogotando contra las cuerdas en este inacabable combate de boxeo mortal, pero en modo alguno es la única y, desde luego, no es la mejor porque China y los demás países de las Brics están demostrando cumplidamente que se puede crecer a buen ritmo sin aplastar inmisericordemente a las clases populares.
Pero, claro, de esto nunca nos hablarán nuestros diarios si no es para mentirnos diciendo eso de que, en China, los trabajadores mueren sentados en sus incómodos puestos de trabajo por cuatro cochinas perras, por lo que deben de ser otros tíos los que baten todos los años los records del mundo de compra de automóviles y de pisos nuevos de tal manera que han provocada el mayor de todos los problemas de contaminación de todas las naciones.
Porque esto es lo que el cinismo liberalista sostiene sin que se le caiga la cara de vergüenza: que en China existen dos problemas esencialmente incompatibles entre sí: 1 ) la omnipresencia de salarios irrisorios y 2 ) el mayor problema medio ambiental del mundo, causado por el incremento exponencial de los motores de combustión de sus automóviles y la multiplicación parece que hasta el infinito de millones y millones de pisos de nueva construcción, que ocupan sus nuevos propietarios sin importarles mucho, a lo que parece, el problema de contaminación que los invade.
Pero, como siempre, ya me he ido por los cerros de Úbeda.
Lo que yo quería demostrar, como siempre, matemáticamente, es que, como siempre, también, se nos está mintiendo descaradamente.
Ese liberalismo que proclama dogmáticamente que sólo se puede progresar en el aumento del poder económico mediante la imposición sin ninguna clase de cortapisas del dogma liberal de que el progreso economico real sólo puede conseguirse no sólo permitiendo sino tambien protegiendo  ad libitum  la libertad omnimoda de los mercados, está fracasando allí, en China, donde un comunismo de raíz vigila cuidadosamente para que estos motores, según los liberales, infalibles no se excedan en sus funciones o se cansen y gripen, como periódicamente sucede en las economías rígidamente capitalistas.
Que es lo que precisamente está sucediendo ahora en el inmenso país asiático que no sólo realiza 3 devaluaciones seguidas de su moneda, lo que mantendrá la competitividad internacional de sus productos, sino que tampoco le han dolido ninguna clase de prendas para infringir ese dogma inatacable que prohíbe a los Estados nacionales entrometerse en el natural discurrir de las Bolsas de Valores, realizando las tarea que ellos consideran necesarias para enderezar el funcionamiento de las mismas.
Esta ruptura de las normas inmutables que rigen la Economía tradicional, según las tablas de la ley económicas, debería de llevar a la economía china al mayor de los desastres, pero yo le pediría a mis lectores, si es que los tengo, que esperen un poco de tiempo para comprobar si los dogmas neoliberal capitalistas son realmente tan infalibles como sus acérrimos partidarios sostienen o si China ha conseguido establecer un nuevo paradigma económico en el que resultan totalmente compatibles la existencia de los mercados y la facultad de los Estados para intervenir eficazmente en su funcionamiento. 

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