lunes, 17 de agosto de 2015

El fracaso del liberalismo. Marxismo puro y duro, represión e impunidad.




La sociedad abierta y sus enemigos es la Biblia de los liberales, unidos, amontonados sobre el rancio cadáver de Popper.

¿Es abierta una sociedad que multa con 800 euros a una señora que fotografía a un coche de la policía infringiendo flagrantemente la ley al aparcar en un sitio restringidísimo para los minusválidos?

En una sociedad realmente abierta, a la señora en cuestión le hubieran dado un premio por su civismo pero aquí, uno de los emporios del liberalismo, la hemos perseguido a muerte al propio tiempo que avisábamos a sus posibles seguidores: “ojo, con meterse siquiera sea simbólicamente con nosotros, los símbolos fálicos del Estado, porque seréis severamente castigados”.

Pero ¿no habíamos quedado, Thatcher y Reagan, los más liberales de todos los gobernantes del mundo, en que el Estado no era de ningún modo la solución sino precisamente el problema, por qué, entonces, hemos promulgado esa nueva ley que perseguirá otra vez a los vagos y maleantes o a los masones y a los comunistas, como en los añorados tiempos de Franco?

Y la prueba más irrefutable de que Franco vive es esa necesidad que experimentan los alcaldes progresistas por borrarlo de sus callejeros.

Nadie se preocuparía de sanear el nomenclátor de las calles de sus ciudades suprimiendo el nombre de un tipo cuyo recuerdo estuviera completamente amortizado, pero, y ellos lo saben, el franquismo reina por doquier en esta sociedad que ha resultado fascista hasta la médula.

Pero, hoy, íbamos de liberalismo, libertad, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.

Yo tengo clavada en lo más profundo de mi corazón la frase que pronunció uno de los hombres más inteligentes que ha habido, respondiendo a la observación de un falso filósofo, que había acudido a Rusia para apreciar directamente de qué iba aquello: “he echado de menos algo de libertad”.

-Libertad, ¿para qué, para que los poderosos económicamente sigan aplastando a los parias, para que la gente muera de frío y de hambre mientas contempla por la ventana de los palacios de invierno el sempiterno festín de los propietarios de todo?

Esta es la libertad que querían Thatcher y Reagan y por la que preguntaba el avispado Giner de los Ríos y que ahora reina en todo el mundo, que, de pronto se ha llenado de palacios de invierno.

Pero decía que vivimos en pleno auge del marxismo. El común de la gente cree que la esencia del pensamiento de Marx es el comunismo, pero no es así. El revolucionario pensamiento marxista reside en esa afirmación que parece tan poco revolucionaria: todo no es sino economía.

A Thatcher y Reagan les han sucedido tipos mucho más peligrosos porque no enseñan tan descaradamente su pata. Todo lo contrario, afirman que lo hacen todo para el pueblo, masacrando al pueblo.

Thatcher y Reagan, a pesar de su doctorado criminal, sólo eran unos aprendices. 

Los doctores de verdad, los que se las saben todas y están dispuestos a aplicar a muerte su férrea doctrina, aunque ello suponga la muerte por inanición de miles de ancianos, mujeres y niños, son Merkel, Schäuble, Junker y ese endemoniado de nombre impronunciable que le ha ganado a Guindos, cómo será el tío, la carrera para ser el presidente del Eurogrupo.

Creo que no me equivoco si afirmo que todos ellos son criminales natos, porque hay que serlo para enviar tranquilamente a la muerte por hambre y por frío a millones de niños, que no tienen la culpa ni siquiera de haber nacido.


2 comentarios:

eddie dijo...

2 bufoncillos del regimen

http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/08/seguro-que-este-bulto-con-gafas-es.html

http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/08/revilla-que-maravilla.html

eddie dijo...

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