sábado, 8 de agosto de 2015

La Sexta Noche

Cuando veo La Sexta Noche, no tengo más remedio que acordarme de El guardián de paraíso, de Arturo Ruiz Castillo, nada que ver con El guardián entre el centeno, de Salinger, porque en este espacio televisivo, hay dos personajes absolutamente retrógrados que se repiten inevitablemente a lo largo de todas sus sesiones, el tal Marhuenda y el no menos tal, Eduardo Inda, que no tienen otra misión, encargada por los dueños del canal, que vigilar férreamente para que nada se desmadre en el programa más “revolucionario” de España.
España, tautológicamente, es España, quiero decir que es absolutamente cierto eso de que es una, grande y, sobre todo, libre porque en este fantasmagórico programa puede decirse todo porque, luego, ya se encargarán Marhuenda e Inda de darle a la tortilla todas las vueltas que sean necesarias para que todo siga igual.
A mi, particularmente, estos dos personajes me atacan definitivamente los nervios y, a pesar de estar claro el propósito de los responsables del programa, no acabo de entender cómo éstos no comprenden que dicho espacio ganaría muchísimo si ambos edecanes de la oficialidad más oficial desparecieran del mismo para no volver nunca más.
Pero este deseo es una más de mis muchas ingenuidades.
Nada, absolutamente nada de lo que sucede en este país es inocente.
Y mucho menos aún la postura de las televisiones privadas. 
Aparte de conseguir el mayor lucro, todas ellas tienen la obligación no escrita pero inexorable bajo pena de desaparición, no ya de no contradecir los propósitos del Régimen que todavía perdura, sino de hacer todo lo que sea preciso para perpetuarlo.
Y vuelvo a repetir por enésima vez la famosa sentencia lampedusiana, es preciso de todo cambie para que todo siga igual.
¿Qué mayor cambio que el de fingir la existencia de la libertad de expresión en una emisora de Tv que pertenece a uno de los mayores emporios de comunicación de Europa, el grupo de los herederos de aquel visionario que fue Manuel Lara, el creador de Planeta?
El, que tanto le gusta despotricar contra el ideario comunista, me refiero al ínclito Marhuenda, estoy absolutamente seguro que sabe ya que su función en el grupo Planeta es fundamentalmente la de ejercer como comisario político.
“Un comisario político, o politruk, es un oficial militar designado por un gobierno para supervisar una unidad militar al respectivo régimen. Históricamente han sido usados por los gobiernos para asegurarse de que los oficiales y las tropas son leales al nuevo régimen, y su primera aparición se produce en la Revolución francesa. Aunque la figura del controlador político-ideológico insertado en las unidades militares ha sido utilizado en los más diversos ejércitos, el término ha sido reservado históricamente para aquellos comisarios políticos que desempeñan su función en ejércitos populares”.Wikipedia.
No cabe la menor duda para alguien que vea La Sexta Noche sin ninguna clase de anteojeras de que Marhuenda es el que manda realmente en el programa.
Habla siempre en último lugar y, si conviene, lo reduce todo al absurdo con una de sus típicas frases: "es increíble, estoy estupefacto, está claro, clarísimo, el PP es el malo de esta película, Rajoy es el mismisimo demonio, a ver si nos enteramos" y otras de parecido jaez.
Y a continuación, y previa cita de sus títulos más o menos académicos que certifican la imparcialidad y veracidad científicas de sus asertos, pontifica sobre todo lo divino y humano, con una autoridad absoluta con la que concluyen todas las controversias sobre los distintos temas.
Pero todavía es más increíble aún la participación en el programa de ese espécimen que es Eduardo Inda, que ejerce a la perfección su papel de provocador.
Asiste siempre convenientemente pertrechado con un aparataje "ad hoc": fotografías comprometedoras para aquellos a los que pretende destruir, sin más medios dialécticos que los que propugnaba José Antonio Primo de Rivera, los puños y las pistolas. 
Porque de puñetazos y disparos absolutamente alevosos, tolerados impasiblemente por esa especie de marioneta que actúa como moderador, se trata.
El tío no deja que nadie utilice tranquilamente su turno de palabra, le hostiga continuamente a fin de romper la hilación de las exposiciones ajenas en una táctica extraída del peor de los manuales del "agitprop", sólo que, en este caso, aplicado a la propagación de las ideas de la más retrógrada de las derechas, o sea, que se trata de una connotación exclusivamente táctica.
El caso es que de la conjunción de ambos papeles absolutamente protagonistas en el programa, todo sucede “comme il faut”, es decir que todo acaba ocurriendo como si realmente nos halláramos en el mejor de los mundos posibles.
 

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