jueves, 27 de agosto de 2015

Muerte, ¿dónde está tu victoria?

Seguimos a vueltas con el dilema liberalismo versus intervencionismo estatal y en este orden de cosas no tenemos más remedio que referirnos al maldito binomio, Thatcher and Reagan,
“El Estado no es la solución sino precisamente el problema”.
Y nos vamos a la cuna y más alta representación de las tesis liberalistas, los Usa.
¿Qué es lo que está pasando, realmente, en los Usa?
Que la máquina de hacer dinero, falso dinero, porque no corresponde realmente al capital-país, está funcionando a marchas forzadas por lo que una especie de superinflación domina el imperio. Porque el dinero, no lo olvidemos, no es, no debe ser más que un símbolo, la representación mercantil de la verdadera riqueza de un país, del estado real de su economía y los Usa están echando mano de la máquina de imprimir dólares, que no sólo es su moneda sino también el denominador común de todas las monedas del mundo, o sea, que toda la economía mundial es más falsa que Judas.
Y, entonces, viene, llega el supermonetarista Milton Friedman y afirma rotundamente que esto es precisamente lo que hay que hacer y se hace y el mundo real se convierte en una especie de laboratorio en el que los usanianos llevan a cabo todos sus experimentos y van al Chile de Pinochet y lo salvan, y, después, a otro sitio más, y otro y otro, y el mundo se salva íntegramente y se convierte en esto precisamente que ahora tenemos y que no es sino la aplicación al límite de las teorías liberalistas.
Pero ¿qué es lo que realmente sucede?
Que el mundo entero se halla en quiebra y que lo poco que parece que funciona lo hace de una manera absolutamente irreal, con las máquinas de hacer dinero falso, la Reserva federal usaniana y el Banco Central Europeo haciendo billetes como si fueran churros, e inyectándolos de mala manera en una economía que se pretende real, de modo que la pregunta que se impones es: ¿hasta cuándo va a durar todo esto?
Y ya no están esos dos grandes sabelotodo, Thatcher y Reagan, ni siquiera el eximio Nobel Friedman para decírnoslo.
De modo que estamos dando verdaderos palos de ciego en una economía desmandada que pide a gritos una mayor y mejor intervención estatal lo que, por ahora, con carácter general sólo puede hacerse en la Unión Europea, que lo está haciendo tan bien que así nos va.
Ayer, escribíamos de las didificultades que está pasando China, y los otros brics también, en este mundo asolado por tan graves turbulencias económicas.
Y apuntábamos que allí, en aquel enorme país asiático, equivalente a la séptima parte de la población mundial, las cosas no van tan bien como debieran.
¿Por qué, porque las políticas económicas mixtas que allí se practican no son realmente las acertadas o porque, a pesar de su relativa independencia del resto del mundo, lo que pase en éste tenía que acabar por afectarle, como así ha terminado por suceder ya que en el mundo totalmente globalizado de hoy aislarse de éste en una especie de compartimento estanco es absolutamente imposible, tanto más cuando los magníficos resultados de la economía china hasta ahora se habían basado, sobre todo, en la exportación masiva de sus productos?
Y, ahora, hay una crisis por el abaratamiento de las materias primas, lo que significa que los países exportadores de éstas no tienen más remedio que entrar en recesión porque han perdido miles de millones de ingresos fáciles que no pueden ser sustituidos por otros.
Esta es la situación.
Y de la solución que China, Rusia y los otros países emergentes den a esta gravísima crisis, creanlo, depende, de una u otra manera, el destino de todos nosotros.

1 comentario:

Adrián Massanet dijo...

Hola, amigo combativo, ¿cómo estás? Espero que lo mejor posible.

Te escribo después de mucho tiempo, pero primeramente te mando un abrazo sincero.

Claro que el estado no es la solución. Me traes ecos de Henry David Thoreau, eso de que el hombre únicamente podrá prescindir del estado cuando esté preparado para ello.

El estado ni siquiera es un mal necesario, sino el sistema que necesitamos para sentirnos más seguros, que todo tiene un orden, un sentido. Y, en realidad, nada lo tiene. Es decir, que somos unos cobardes, y cuando dejemos de ser cobardes, no necesitaremos un sentido ni un orden. Y cuando eso pase prescindiremos del mal necesario, de una superestructura que soñamos nos protege cuando en realidad nos somete.

Y ya no será el estado un problema, y dejaremos de pensar que es la solución. Porque sólo es una idea, otra de las ideas a la que nos aferramos, aún sabiendo, quizá, inconscientemente, que es una idea falsa, innecesaria, dañina, que abunda en nuestra debilidad.

Otro mundo no es que sea posible, es que es seguro. Solamente nos empeñamos en no verlo. Igual ese otro mundo es oscuro y terrible, pero es verdadero. Y quizá dentro de 500 o 1000 años el hombre esté preparado para ese mundo, y ya no existan pequeño burgueses, ni cobardes, y seamos libres para luchar, morir, vivir, con todas las atroces consecuencias que eso conlleva, sin el peso que una superestructura oprime sobre nuestra libertad para estar desamparados.

Un saludo afectuoso.

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