viernes, 28 de agosto de 2015

Respondiendo a mi admirado y gran amigo Adrián Massanet:




Adrián Massanet dijo...
Hola, amigo combativo, ¿cómo estás? Espero que lo mejor posible.

Te escribo después de mucho tiempo, pero primeramente te mando un abrazo sincero.

Claro que el estado no es la solución. Me traes ecos de Henry David Thoreau, eso de que el hombre únicamente podrá prescindir del estado cuando esté preparado para ello.

El estado ni siquiera es un mal necesario, sino el sistema que necesitamos para sentirnos más seguros, que todo tiene un orden, un sentido. Y, en realidad, nada lo tiene. Es decir, que somos unos cobardes, y cuando dejemos de ser cobardes, no necesitaremos un sentido ni un orden. Y cuando eso pase prescindiremos del mal necesario, de una superestructura que soñamos nos protege cuando en realidad nos somete.

Y ya no será el estado un problema, y dejaremos de pensar que es la solución. Porque sólo es una idea, otra de las ideas a la que nos aferramos, aún sabiendo, quizá, inconscientemente, que es una idea falsa, innecesaria, dañina, que abunda en nuestra debilidad.

Otro mundo no es que sea posible, es que es seguro. Solamente nos empeñamos en no verlo. Igual ese otro mundo es oscuro y terrible, pero es verdadero. Y quizá dentro de 500 o 1000 años el hombre esté preparado para ese mundo, y ya no existan pequeño burgueses, ni cobardes, y seamos libres para luchar, morir, vivir, con todas las atroces consecuencias que eso conlleva, sin el peso que una superestructura oprime sobre nuestra libertad para estar desamparados.

Un saludo afectuoso.

27 de agosto de 2015, 11:11 Eliminar



Querido Adrián Massanet:

Dicen los libros sagrados, Evangelios, parábola del hijo pródigo, que hay más alegría en la casa del padre por la vuelta del hijo pródigo que por todo lo que hacen los hijos normales. Y tú, junto con mi querida y añorada Lucía M. Mur, por otro nombre Lisístrata, sois mis queridos hijos pródigos que no sé muy bien por qué habéis abandonado la casa del padre, o sea, la mía.

Los artistas sois hombres esencialmente marcados por vuestra singularidad personal por lo que, salvo pocas excepciones, Miguel Hernández y Picasso, no tiráis nunca al monte de la solidaridad social, es más, para vosotros, el pueblo es la masa amorfa, el populacho, la plebe.

No es extraño, pues, que entre tus héroes se halle, por ejemplo, Nadal, un tío que, como será, que, siendo de familia barcelonista, con un tío carnal defensa titular durante muchos años del Barça, es un furibundo seguidor del RM.

Esto, ya de por sí, lo descalificaría para siempre porque ser del RM es ser hermano, casi hijo o casi padre de un tipo como FP, el archiejemplo de liberal neocapitalista reaccionario, un tipo tan insolidario, tan prepotente, tan ególatra, que ha modificado los Estatutos del Club para que no pueda haber nunca otro presidente que no sea él. En actitud completamente acorde a sus posturas vitales: se ha vinculado estrechamente con lo más retrógrado de la política nacional en orden a concurrir y obtener todas las licitaciones administrativas del Estado, cuyas concesiones garantiza con contratos absolutamente leoninos, como sus Estatutos madridistas, de tal manera que, si por casualidad, la concesión no pudiera llevarse a buen término por causas ajenas a la voluntad de cualquiera de las partes, la indemnización sea tan suculenta que supera al cumplimiento del contrato, tal como ha sucedido ya en el Caso Castor, cuya indemnización de casi dos mil millones de euros le tenemos que pagar todos lo españoles en nuestros recibos del gas “in eternum”.

Frente a esta indecente postura tenemos al comunismo, cuyo mandamiento esencial es: todo lo que tengas, todo lo que seas, para la sociedad, y, para ti, tan sólo lo que sea imprescindible para la supervivencia tuya y de los tuyos. Es lo que yo llamo imperativo categórico marxista.

Todo marxismo, todo comunismo, por supuesto que es antiestatista  por ser esencialmente anarquista.

El socialismo, el marxismo, aborrece el poder por su propia naturaleza pero eso es en su fase primigenia, primitiva, embrionaria.

Como yo digo cuando hablo de mi maestro Foucault, todo poder es perverso por naturaleza y tanto más aún cuando ese poder se oficializa. Pero sin poder es imposible la existencia de la vida humana, diga lo que quiera tu admirado Thoreau, seguido por Ghandi, Martín Lutero King “et alteri”.

La opinión de todos estos señores tiene un altísimo valor para mi, pero no llegan a la altura del maestro de maestros, Aristóteles.

No sé muy bien por qué, no sé realmente lo que ocurre, pero todos los días me veo obligado a citar al famoso estagirita.

Lamento infinitamente que mi sistema de escritura actual no me permita citarlo textualmente, en griego, pero creo que la frase del maestro está grabada con letras de acero en el imaginario de todos los grandes pensadores: el hombre es un zoon politikon, un animal político, y precisa forzosamente vivir en sociedad hasta tal punto que puede afirmarse que el hombre que no es político o es un dios o una bestia.

Y la polis no es sino la forma primigenia del Estado griego, a partir de ella el Estado no ha hecho sino evolucionar. Sin la polis, sin el Estado nuestra vida no sería sino como la de los animales.

Sin el Estado, los poderosos masacrarían inmisericordemente a los débiles, como ahora mismo están haciendo los neoliberales capitalistas, sí, ésos que dicen que “el Estado no es la solución sino precisamente el problema”, o sea lo mismo que parece que dices tú,  sin el Estado, los delincuentes andarían libremente por las calles y los ciudadanos normales no podríamos acceder a ellas.

Ya sé, porque además, lo recuerdas en tu comentario, que la moral cívica o acívica que propugna Thoreau, es una moral de hombres no ya valientes sino suicidas y que no está al alcance de seres humanos normales vivir libremente en la selva, lejos de las ciudades.

Y yo, lo siento, te juro que lo siento, soy un hombre tan normal y tan cobarde que me horroriza pensar no sólo en ir por libre en medio de la selva sino también vivir, convivir, en una ciudad sin policías y jueces, y, como tú sabrías, si me hubieras leído lo suficiente, no hay nadie más crítico con la policía y con los jueces que yo, que he pasado la mitad de mi vida entre ellos, porque muchos de ellos han pervertido, pervierten y pervertirán siempre su función, de ahí lo que se dice en el célebre diálogo entre Sócrates y Platón, “qui custodiat custodes”, ¿quién vigilará, quien nos protegerá de los jueces?

O sea que no es necesario irse a vivir a los bosques para comprobar, desde lejos, cómo y de qué manera se malvive en nuestra sociedad actual, pero lo que hay que hacer es intentar cambiar las cosas desde dentro y eso es lo que estamos intentando algunos grupos de personas de una ideología marxista.

Y no tomes este post como una crítica personal a ti, porque yo sé muy bien cómo eres, un artista integral, y, como decía al principio, vosotros, los artistas, con poquísimas excepciones, tenéis sobre los ojos una especie de venda inconsútil que os impide ver otra realidad que no sea la vuestra.

Todo mi afecto para ti y un ruego: que no seas tan caro de leer.



1 comentario:

Adrián Massanet dijo...

Hola Jose

Gracias por escribir una entrada en contestación a mi breve comentario. Pero más que el hijo pródigo, me temo, soy el atizador pródigo.

Tu respuesta es realmente magnífica, a la altura de lo que predicas. Sin piedad, sin falsas costuras, sin compasión. Te admiro realmente por ello. No dejas títere con cabeza. Ni debes. Ni tienes por qué.

De todas las personas de mi vida, sólo he encontrado a un interlocutor a tu altura. Se llama Jorge Moreno Cejas, y tampoco tiene piedad, sobre todo consigo mismo. No tiene límites en la autoconciencia, en el destrozo íntimo, y por eso le quiero tanto. Hace falta mucho valor para ser como vosotros. Quizá yo carezca de ese valor.

Pero todos elegimos nuestros héores, nuestras luminarias. Y es, también, por alguna razón íntima. Tú, querido Jose, tienes a Aristóteles en lo más alto de lo más alto. Y haces bien. Con él hay poco ya que perder, y solamente la verdad por ganar. Nada más, y nada menos. Pero la verdad, lamentablemente, depende del punto de vista de cada uno.

¿Sabes por qué admiro a Nadal? porque no da una bola por perdida. Puede ser del Madrid, y puede que por eso, quizá, sea hermano o primo hermano intelectual de ese individuo despreciable llamado Florentino. Pues me da igual. Puede que sea un niño pijo en un sistema elitista. Pues me da igual. ¿Sabes por qué? Porque ante todas las dificultades (las deportivas, claro, joder) nunca se ha rendido. Merece al menos un respeto, más allá de su ideología. Exactamente igual que yo la he merecido, cuando te he escrito y, aunque nos separan diferencias tremendas, has sido un gran hombre respondiéndome y tratándome con el máximo respeto.

Te consideras comunista o crees que el comunismo, o sus variantes, es lo que más podría favorecer al hombre, al ser politikon, el que vive y crece en la polis. Tienes razones increíblemente bien argumentadas para ello. Más importante aún, crees en ello. Eso merece un respeto aún mayor que las argumentaciones. Son los valores de un hombre indómito. Y por eso te leo. Y te he leído durante años con devoción y verdadero respeto.

Pero yo tengo otras razones.

y tengo otros héroes

Uno de ellos es Fernando Vallejo, otro es Friedrich Wilhelm Nietzsche, otro es Emil Cioran, otro es Edgar Allan Poe

Y otro es Oscar Wilde

Dijo Wilde: Todos vivimos en la cloaca, pero algunos miramos a las estrellas desde allí.

Tantas veces que te he leído decir que el hombres es una mierda pinchada en un palo... Y tienes razón. Lo es. Pero mucho más. Porque entre ser ciudadano (hombre que vive en la polis), ser dios y ser bestia, elijo ser bestia, y te voy a explicar por qué.

Porque todo eso de la moral, de los sentimientos, es lo que, creemos, desde nuestro ego, que nos separa de algo, de la polis, del sistema o lo que sea. Y no somos nada de eso. Somos seres humanos, y por tanto, creo yo, tremendamente contradictorios, mezquinos.

Porque el mal es siempre posible, fácil, y la bondad es eternamente difícil. ¿Y si la bondad no es bondad, si la maldad no es maldad? ¿Y si nada es?

Desde tu punto de vista, creo, corrígeme si me equivoco, la plebe, el jodido pueblo que curra, sufre y muere, merece al menos que la gente más inteligente, más sufrida, como tú por ejemplo, les tenga en consideración. ¿Y eso por qué? ¿Qué han hecho ellos? ¿Han elegido el camino correcto? Según tu punto de vista, el hombre es una mierda, pero merece una oportunidad. ¿Te has parado a pensar que eres más optimista, más generoso, que yo? Creo, sinceramente, que lo eres. Eso no es ni bueno ni malo. Es, sin más.

No quiero volver a las cavernas, ni a los bosques ni a las montañas. Quiero otra cosa. Quiero creer que aunque somos una puta mierda, el hombre es capaz de algo más que matar, comer, follar, dormir y morir. Pero no por optimismo, en realidad es por existencialismo. O mejor dicho, por nihilismo. Porque si el hombre sólo es capaz de eso, entonces sí que soy una bestia.

Y, si soy una bestia, quiero saberlo ya. Porque dioses no existen.

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