miércoles, 2 de septiembre de 2015

Felipe González

Lo confieso paladinamente: soy un enamorado de las tautologías, por lo que no tengo más remedio que escribir una más: Felipe González es Felipe González.
Pero ¿qué es, quién es Felipe González?
Felipe González es el tipo que eligieron de consuno la Agencia Central de Inteligencia usaniana, Cia, y Willy  Brandt, para que ganara las elecciones frente a los herederos directos del franquismo, a fin de cumplir con el mandato de Lampedusa, es preciso que todo cambie para que todo siga igual.
La Cia y Brandt eligieron muy bien, tan bien que, apenas lo hicieron, su candidato cumplió a la perfección con el primer requisito “sine qua non”: la abjuración del Psoe al marxismo.
El senador McCarthy, que ha pasado a la historia como excelente epígono de la Inquisición y la Gestapo, por ser autor de la mayor caza de brujas de la historia, inspirando así esa maravilla del teatro universal que son Las brujas de Salem, de Arthur Miller, hizo que en Usa la palabra comunista, o sea, marxista, superara a la de demonio en el imaginario de la gente común.
La idea se grabó tan a sangre y fuego en la piel del usaniano medio que aún ahora, con tantos años de estudio en las universidades norteamericanas, que dicen que son las mejores del mundo, tildar allí a alguien de comunista o de marxista es condenarlo al peor de los infiernos.
De modo que FG o abjuraba del comunismo, marxismo, o no tenía nada que hacer y el individuo no lo dudó un momento, abjuró de todo lo abjurable porque para él, el poder es la droga indispensable para su subsistencia. “Ecce homo”, he ahí al hombre.
Y su trayectoria es una de las más coherentes que yo haya visto nunca.
No hay un sólo punto de fricción en el mundo en el que él no se alinee con la extrema derecha, sí, pero guardando todas las buenas apariencias para que su contribución a la causa, a la mala causa, sea eficaz.
Pero a los que tenemos todavía la cabeza sobre los hombros no se nos olvida que FG es el cariñoso amigo de Carlos Andrés Pérez, ese hombre que, cuando tocó, ahogó en sangre las ansias de liberación de los venezolanos, con las más feroces represalias,  de la misma manera que ahora acude en auxilio de aquellos mismo tipos a los que el chavismo ha puesto en serias dificultades.
El mismo tipo ése que creo los Gal, Grupos Antiterroristas de Liberación, como órgano de represión del Estado contra la banda terrorista Eta, a la que superó en ferocidad y salvajismo.
El mismo tipo que acude a Venezuela como presunto defensor de los hijos y herederos directos de aquel tirano represor que fue Carlos Andrés Pérez, uno de sus mejores amigos.
El mismo tipo que cada vez que puede, sale y escribe los peores infundios sobre lo que los Usa están haciendo en aquel país tan mártir.
El mismo tipo que, ahora, viene trabajando incansablemente para que, después de las pròximas elecciones generales, en las que se prevé que las fuerzas de ultraderecha, PP, Psoe, pierdan la mayoría de las cámaras, se constituya una gran coalición que salve parte de ese inmenso trabajo que él mismo realizó para que la fuerzas oligárquicas de la ultraderecha siguieran gobernando a este desdichado país, hasta que no queden en él ni rastros de esa izquierda que él ha dicho siempre tan falsamente que representa.
Este es el hombre, el cínico hipócrita subterráneo que siempre, siempre ha trabajado como caballo de Troya para que la verdadera izquierda nunca llegara al poder, cumpliendo así, a rajatabla, aquel mandato expreso que al principio de su carrera política le hicieran la Cia usaniana y las fuerzas alemanas retrógradas de siempre que, entonces, representaba Willy Brandt y que ahora ejerce tan tiránicamente esa especie de bruja insuperable que es Angela Merkel.
Sapristi.
¿Cómo no iba a intervenir el tipo éste de la peor de las maneras, comparando a las fuerzas independentistas de Catalunya con las neofacistas de Hitler y Mussolini, en el actual conflicto que se desarrolla imparablemente en aquellas tierras? 

2 comentarios:

Futbolín dijo...

LA CRISIS NACIONAL, DISPARATE A DISPARATE
Suso de Toro (eldiario.es)
Hace unos días el periódico El País publicaba en portada una carta A los catalanes de Felipe González y no le hizo ningún favor al expresidente. Decía ser "a los catalanes", pero no lo era; era contra esos catalanes que quieren la independencia e iba dirigida realmente a los españoles no catalanes.
La carta del expresidente del Gobierno no pretendía que quienes hoy desean independizarse de esta España reconsiderasen su postura sino descalificarlos a ellos y a sus dirigentes ante la ciudadanía española. Porque es imposible que alguien pretenda realmente convencer a otras personas faltándole al respeto y ofendiéndolas. González dice escribirle a personas que participan de lo que llama "lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado". Es decir, a fascistas seguidores de Mussolini o nazis seguidores de Hitler. Escojan ustedes.
Ni que decir tiene que Mussolini y Hitler sumados son el president Mas, que los tiene engañados –"el señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir (...)"– y seducidos –"en realidad tratan de llevaros, ciudadanos de Cataluña, a la verdadera “vía muerta” de la que habla Mas (…)"–. Y se pregunta: "¿Cómo es posible que se quiera llevar al pueblo catalán al aislamiento, a una especie de Albania del siglo XXI?" Impresiona que quien fue presidente del Gobierno de España tantos años se refiera a la sociedad catalana de forma tan descalificadora y despreciativa y a la propia Catalunya con tal menosprecio. Es prácticamente imposible que desconozca las características y las capacidades de esa población y de ese país, es imposible que sea tan ignorante, que no haya estado alguna vez allí en tantos años. Hay que entender que los descalifica para ponernos a los demás ciudadanos en su contra.
González hace que resulte incomprensible a estas alturas defender en Catalunya a un PSOE que, empezando por el secretario del PSC, respalda sus palabras. Y desde luego nadie que viva allí y que no esté cegado por la ideología o la ira puede compartir tales disparates, aunque cuesta ser ciudadanos libres y no súbditos engañados en medio de esta guerra sucia. La mentiras contra el rival pretenden despertar animadversión personal, destruyen la democracia y son formas de la política autoritaria, que utiliza el odio para conservar el poder.
González se muestra como alguien perdido en la historia, o más bien en su historia, y tan desorientado que hace daño a ese país al que dice querer servir. Le falta al respeto al mismo cargo que ejerció y que invoca cuando ofende a una parte de la población a la que representó y sobre la que gobernó, pero también nos ofende a los demás cuando nos toma por tontos. Su propósito de hacer propaganda innoble y no de razonar es tan evidente que no corresponde siquiera entrar a discutir el resto del argumentario de su carta, es pura guerra ideológica contra una facción contraria.

Futbolín dijo...

Es, por ello, lógico que ni siquiera se moleste en situar un asunto de Estado tan complicado y delicado en su verdadero contexto, en la dialéctica entre una parte de la ciudadanía catalana, que excede con mucho a los nacionalistas, y los poderes económicos, políticos y administrativos que detentan el Estado desde Madrid. Se puede estar de acuerdo o no con una parte u otra en un conflicto que comienza con boicots y recogidas de firmas anticatalanistas, que acabó con la sentencia del Constitucional por un voto y que desencadenó la rabia casi unánime de los catalanes que vieron como se cerraba cualquier camino a ser reconocidos como nación dentro de esta España. Pero la consecuencia es la crisis de Estado a la que se ha llegado.
La utilización por parte de la derecha española del nacionalismo españolista frente al nacionalismo catalanista, acompañado en parte por el PSOE en distintos momentos, ha conducido a un camino sin salida en el que el PP y el Estado se parecen mucho y en el que la máxima institución jurídico política, el Tribunal Constitucional, no solo se ha transformado en un instrumento puramente político sino que, además, está al servicio de un partido.
González avisa a los catalanes, pero también nos avisa a los demás: "Pueden creerme. No conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir". Se refiere a los actuales gobernantes, Rajoy, Fernández Díaz y al candidato del PP en Catalunya, García Albiol. Éste ya ha sacado la porra partidaria, es decir su Tribunal Constitucional. Su advertencia es tan ominosa como clara: "La broma se ha terminado". Y es que, primero, hay que destruir la imagen del enemigo y, a continuación, se le golpea y se le mete preso. Ahora van a por éstos, aguarden en sus casas que ya vendrán por los demás.
Omitir, como hace González, esa cadena de hechos anteriores y ese contexto para tratar de ese conflicto es engañar descaradamente. Como lo es presentarse como valedor del reconocimiento político de Catalunya dentro de España. Además de hemerotecas, algunas personas tenemos algo de memoria y recordamos, por ejemplo, el 23F, lo que se pactó con los golpistas y sus consecuencias. Cualquier relato de lo ocurrido en esos días que omita que tras el golpe de Estado González y Guerra pactaron con la UCD de Leopoldo Calvo Sotelo la reforma del reglamento del Congreso, para que el grupo parlamentario del PSC se disolviera en el del PSOE, y que su Gobierno redactó inmediatamente una ley para disolver políticamente la autonomía, la LOAPA, que el propio Tribunal Constitucional de entonces declaró inconstitucional (aún no era el de Rajoy y Albiol).
La maniobra de hace unos meses para formar una coalición PP-PSOE no funcionó, la dirección actual será lo que sea pero vio que suponía su inmolación inmediata y la del propio partido, pero los entendimientos de hierro en torno de tres puntos, la Corona, el sistema de poder económico vigente y la estructura del Estado controlado desde la corte es evidente que existen.
Pero esos pactos de hierro no ocultan la evidencia: el fracaso del Estado. Y, lo más profundo y de dimensión histórica, el fracaso nacional español.
¿En qué momento comenzó esta crisis de Estado, en la segunda legislatura de Aznar, con el boicot al cava, cuando Rajoy comenzó a recoger firmas contra los catalanes, cuando Guerra sacó el cepillo, cuando tres magistrados del Constitucional acudieron a fumarse un puro al ruedo ibérico de la Maestranza sevillana, cuando Albiol entró en el Constitucional…?
¿Pero es que no hay otra España? ¿Y no la habrá nunca, es imposible? Pues entonces…
fin.-

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