martes, 1 de septiembre de 2015

La diferencia entre ser un señor y sólo un hombre










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El otro día, me fui a la playa con mi hija menor, profesora de la universidad de Badajoz, que estaba pasando conmigo el mes de agosto. Y, creo, que le di uno de los disgustos más grandes del mundo, porque, a mitad del viaje hacia la playa, descubrió que, bajo la camisa, llevaba el pantalón del último pijama que ella me regaló.

Se indignó de tal manera que me espetó a la cara:

-Papá, por favor, viste de una manera normal que tú eres un señor.

Y yo aumenté su disgusto diciéndole:

-Yo qué voy a ser un señor, soy un hombre.

Quiero con locura a esta mujercita prodigiosa, que tiene una de las cabezas mejor amuebladas que yo he visto nunca.

No porque sus artículos sobre informática se publiquen en la mejores revistas del mundo y que, por ello, los usanianos hayan intentado llevársela a Cabo Cañaveral, no. Sino porque todo lo que me ha dicho que iba a sucederme si hacía lo que ella me prohibía hacer, me ha sucedido irremediablemente.

Su cabecita prodigiosa se sale siempre con la suya cuando no se trata de política.

De política se niega a hablar conmigo porque teme molestar a su marido, que es de ultraderecha porque siempre ha nadado en el dinero que su padre ganó ejerciendo la medicina.

Y yo me pregunto: ¿hay un tema mejor para hablar que la política?

La política trata de todo lo que hacemos los que vivimos aquí, en este asqueroso mundo, en el que le va muy mal a la inmensa mayoría y ¿es malo plantearse los temas que podrían convertir la vida de toda esta gente en una existencia mejor?

¿Qué es lo que está sucediendo para que los mejores entre nuestros jóvenes no sólo sientan desapego por lo que sucede socialmente, políticamente, a su alrededor, sino que nos critiquen acerbamente a los que hacemos lo contrario?

Algo esencial está fallando en los programas de enseñanza para que esta gente joven sea técnicamente perfecta pero unos auténticos analfabetos políticamente.

Serán magníficos técnicamente en su cátedras universitarias, enseñarán informática y todas esas otras ciencias nuevas de la mejor manera para que, luego, sus conocimientos técnicos sean muy eficaces en la producción de los mejores proyectos técnicos del mundo, pero, desde el punto de vista personal, a mi me producen el mismo efectos que esos robots de las inmensas cadenas de montaje de los grandes firmas industriales.

Serán muy buenos, insuperables como ingenieros informáticos, serán capaces de llevar a sus astronautas más allá del horizonte, pero como seres humanos, de carne y de hueso, de sangre y de lágrimas, son muy poco apreciables, porque parecen incapaces de sentir compasión por los otros, porque dan mucho más importancia a la manera de vestir, o malvestir, yo yéndome a la playa con el maldito pantalón del pijama, que a la manera de sentir y de vivir realmente.

Está claro que, para ellos, yo nunca seré un señor, tendré que limitarme a ser sólo un hombre.

1 comentario:

Futbolín dijo...

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