sábado, 5 de septiembre de 2015

La pantomima trágica

Yo aprendí a traducir francés con las Cartas persas, de Montesquieu, y nunca he olvidado aquella su suprema ironía cuando se interrogaba: "¿Cómo se puede ser persa?".
Desde la antigüedad hasta nuestros días, los filósofos bienpensantes han tratado de establecer la teoría política más conveniente para que el gobierno de la cosa pública cumpla con su principal misión: el establecimiento universal del bien común.
La culminación de esta corriente de pensamiento bien intencionada, halló una de sus cumbres en la obra del barón de Montesquieu, “L’esprit del lois”, El espíritu de las leyes.
¿Cuál es este espiritu? La división de poderes.
Partiendo de la concepción filosófica del hombre como un ser esencialmente desfalleciente, yo lo traduzco al muleño radical afirmando que el hombre es una puñetera mierda seca pinchada en un palo, Montesquieu trató de establecer las bases de toda la teoría política en lo que el llamó división de poderes, que no era sino la plasmación de la idea básica esencial de que los 3 poderes fundamentales del Estado se configuraran de tal manera que cada uno de ellos actuara indefectiblemente como contrapeso de los otros dos.
El legislativo se configuraba así como aquel poder del Estado que establecía el ordenamiento jurídico del mismo, basándose en un concepto clásico de la ley como “ordinatio rationis ad bonum commune, ab eo qui curam communitatis habet promulgata”: ordenación de la razón para el bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad.
El judicial se perfilaba, después, como aquel otro poder del Estado que aplicaba las leyes promulgadas por el legislativo de tal manera que hacía imposible la perpetración de la injusticia.
Y, por último, el ejecutivo que, como su nombre indica, tenía por objeto la ejecución del plan general del Estado para que en él imperara el bien común, o sea, el bienestar de todos los habitantes del mismo.
La idea, en la teoría, es perfecta: un poder legislativo constituido por los más sabios e imparciales de los hombres del Estado, elegidos por consulta individual, secreta y directa, establecen las leyes por las que se debe de regir aquél.
Un poder judicial, constituido por aquellos juristas que a lo largo de toda su carrera profesional hubieran demostrado el mayor y mejor conocimiento de las leyes, elegidos también por el pueblo mediante una elección también individual, secreta y directa, cuya misión esencial no fuera sólo la de entender de los conflictos jurídicos entre particulares sino también conocer y decidir sobre aquellos otros mucho más relevantes que se produzcan como consecuencia de la cotidiana tarea del poder ejecutivo, que evitara que éste degenerara en lo que hoy es: una máquina imparable del uso torticero, deshonesto e injusto del poder más efectivo del Estado.
Así las cosas, la dialéctica histórica ha puesto de relieve que es el poder más efectivo de los tres, el ejecutivo, el que acaba imponiéndose de una manera definitiva sobre los otros.
Las razones son obvias.
La mayoría de los Estados modernos se configuran sobre la base de unas comicios generales que tienen como misión esencial determinar la composición del ejecutivo, al designar como presidente de las naciones al candidato del partido más votado en los mismos, que, a su vez, designa para ocupar los distintos ministerios a las personas de su confianza, constituyéndose así los llamados gabinetes o consejos de ministros.
Pero, la mayor parte de las Constituciones, aprovechan esta circunstancia electoral para que los mismos ciudadanos elegidos para conformar el sustrato que ampara y mantiene al gobierno, integren también lo que se llama el poder legislativo que, generalmente, se conforma en dos cámaras, la de los diputados o congresistas y la del senado.
Pero ¿qué es lo que sucede, al fin?
Que los legisladores, que constituyen la mayoría que representa y defiende al gobierno, o sea, al ejecutivo, promulga leyes que esencialmente le favorecen, entre las cuales se hallan las que establecen la composición y el funcionamiento de los juzgados y tribunales, luego todo aquel majestuoso edificio que elaborara Montesquieu se ha venido al suelo como el más feble de los castillos de naipes, inspirando la célebre frase de Alfonso Guerra, “Montesquieu ha muerto”.
Y es que la naturaleza humana, la realidad, es más fuerte que todas las elucubraciones que ella misma crea.
De modo que, aquí, en España nos hallamos con que el legislativo, con una escandalosa y avasalladora mayoría absoluta promulga cotidianamente sólo aquellas leyes que favorecen los intereses particulares del PP, que, además, como el poder ejecutivo que encarna y ejercita, nombra, designa, premia y castiga a todos, absolutamente a todos los jueces, cuyo presidente, el tal Lesmes no oculta lo que realmente hace, “a los jueces se les gobierna con el palo y la zanahoria”, pero es que, además, hace algo mucho más decisivo, nombra arbitrariamente a los miembros de todos los juzgados y tribunales de España, de manera que sitúa en los que han de juzgar a sus imputados a sus propios miembros de partido de tal manera que es absolutamente imposible que los Enrique López y Concepción Espejel puedan realmente juzgar y condenar en los casos Gürtel y Bárcenas, a los que son realmente compañeros suyos de partido, ideología y afiliación.
Y esto precisamente es lo que sucede, lo que yo llamo “la pantomima trágica”, que la ultraderecha neoliberal capitalista nazifascista que gobierna el mundo se ha cuidado muy bien de establecer un nuevo imperativo categórico político: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad del mundo sólo es y será por siempre y para siempre la que establezcan sus propios tribunales, o sea, que se ha impuesto erga omnes y para siempre la verdad de Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.
O sea que todos hemos comprobado, hasta el hartazgo, que son los mismos tíos los que cometen todos los delitos y atropellos del mundo los que, a su vez, luego, trocando las vestes de gobernar por las de juzgar se absuelven a sí mismos de todas sus tropelías, en una ceremonia tan evidente como trágica puesto que de lo que están haciendo, con   esta su gobernanza del mundo, es que, en todas las playas del universo, llegan todos días, esos estremecedores cadáveres de niños, muchachos y mujeres que huyen despavoridos de esas guerras de Irak, Afganistán, Libia, Siria y etc., que los Usa y sonrientes adláteres han emprendido para la mejor defensa de sus empresas multinacionales.
O sea que "pantomima" en tanto en cuanto predican una cosa y hacen otra, y "trágica", en cuanto van sembrando por todo el mundo el dolor más insufrible y la muerte.

2 comentarios:

eddie dijo...

1) http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/09/interrogante.html

2) http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/09/amnistia-imperialista-internacional.html

3) http://jmalvarezblog.blogspot.com.es/2015/09/espana-libera-4-presos-politicos-vascos.html

4) Es verdad
http://www.publico.es/politica/espana-unico-sitio-grupo-quiere.html

5) http://www.insurgente.org/index.php/mas-noticias/cultura/item/18035-el-primer-día-de-clase-un-relato-para-compartir

6) USAID, ONGs
https://tenacarlos.wordpress.com/2015/09/05/u-s-a-i-d-la-invasion-silenciosa-reportaje-imperdible/

7)Chavez hace años
https://www.youtube.com/watch?v=g0kDqir8558&feature=youtu.be

bemsalgado dijo...

http://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/xose-manuel-sarille-as-concertinas-gomez/idEdicion-2015-09-08/idNoticia-951528/


XOSÉ MANUEL SARILLE

As concertinas de Gómez


"ESTAMOS en Libia para defender os cidadáns de ataques das propias forzas libias; o obxectivo é que deixen de usar armas contra o seu pobo", dicía ZP no Parlamento en 2011.
O mandatario coroaba así a intervención: "Hai un mandato da ONU, sobre a base do principio de protexer, e se un Estado non cumpre a capacidade de protexer, a ONU debe intervir".

Na actualidade non hai Estado libio, as bandas criminais e salafistas aterrorizan e matan a poboación, só funcionan ben os canos de gas transferido ás petroleiras occidentais, efectivamente protexidos, e non se prevé intervención protectora da ONU en ningures.

Cabe maior hipocrisía que a de ZP?

Elena Valenciano, número 2 do PSOE dicía en 2013 que hai moitos instrumentos de legalidade internacional, non só a da ONU, abrindo a porta para o bombardeo de Siria, aínda que Occidente optou finalmente por fomentar o caos.

A opinión pública estaba tamén pola democracia, e amosábase maioritariamente partidaria dos ataques, moldeada pola prensa. Valenciano cambiou o traseiro de butaca, ou a butaca do traseiro, e pide agora desde a subcomisión de dereitos humanos do Parlamento europeo, pois humanitarismo, cos refuxiados que deixan atrás a guerra que ela propiciaba.

Quen non cambia é Negocios Sen Fronteiras.

Un tal Gómez informa que a súa empresa é a única de Europa que produce concertinas finas e arame con coitelas de aceiro inoxidábel guachi. Véndellas a Hungría. Imos afogar no noso propio excremento.

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