viernes, 18 de septiembre de 2015

"Queríamos tanto a Luis".

“Queríamos tanto a Luis”, creo que así se llama el nuevo libro de Ernesto Ekaizer, en el que, según su propia confesión, yo no lo he leído todavía, se incluye la transcripción de una grabación en la que el antiguo tesorero del PP, Alvaro Lapuerta, narra cómo le entregaba a Aznar, ciertas cantidades de dinero, intercalando los billetes entre las páginas de los informes que le adjuntaba.
Con Aznar, un buscavidas donde los haya, hay que ir con el máximo cuidado porque se ha transformado en un auténtico especialista en presentar y ganar sendos procesos en defensa de su honor, su integridad personal y el derecho a la propia imagen, gracias a la actuación de la jurisdicción española.
Que Aznar es un buscavidas, en el mejor y más honorable sentido de la expresión, es una verdad indudable de la que yo no puedo hacer sino el mejor de los usos posibles, como no puede ser de otra manera.
Que Aznar no pierda ripio nunca y que esté en todos los bailes y, casi siempre, en el centro de la pista, no se debe a ninguna otra cosa que a su indiscutible inteligencia y capacidad, lo que nunca podrá utilizar nadie para menoscabo de su buena fama.
Por eso precisamente lo contrató Murdock, el gigante de la prensa mundial, porque un sabio como Aznar, no sólo en la política sino también en la economía, puede iluminar, llegado el caso, con su inteligencia y experiencia cualquier tema que se quiera considerar en las más altas esferas de la actualidad mundial.
Pero Aznar no se limita desde luego, y hace bien, al campo excelentemente retribuido de la más alta de las prensas mundiales, sino que acude presuroso a allí donde se ofrece una buena oportunidad para contribuir casi desinteresadamente al desarrollo de zonas internacionales que, por cualquier causa, se hallen deprimidas, como fue por ejemplo la construcción de unas desaladoras en la Libia de su amigo Gadafi, tarea en la que estuvo firmemente secundado, también muy desinteresadamente por el ahora vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado, que, a pesar de sus conocidas preferencias ultrasuperliberales, no tuvo inconveniente, en esta ocasión, de convertirse en apoderado general de Aznar, en este asunto, con las atribuciones más específicas, mientra cobraba el pertinente sueldo de la Administración Pública española, lo que no es tan contradictorio desde el punto de vista ideológico como parece.
En tales circunstancias, ¿es admisible siquiera plantearse la cuestión de si es cierto lo que Ekaizer narra en su nuevo libro, al que, al principio, hacíamos referencia, “Queríamos tanto a Luis”, sobre Bárcenas, en el que, según adelanta Ernesto, se transcriben unas declaraciones de Alvaro Lapuerta, ex tesorero del PP, en las que afirma que él, como tal tesorero, le aportó a Aznar ciertas cantidades de dinero, intercalando los billetes entre las páginas de unos informes que le adjuntaba?
Yo creo que no, porque Lapuerta, todo el mundo lo sabe ya, no sólo está muy viejo-tiene la misma edad que yo-sino también bastante chocho-también como   yo-y de un hombre en estas circunstancias no se puede hacer caso a nada de lo que diga, si uno actúa con la necesaria e imprescindible buena fe.
Es por eso que Aznar no va a hacer caso alguno a esa posible advertencia que Ekaizer le hacía de que se atara bien los machos, refiriéndose a la inmediata publicación de su libro, que, como antes decía, yo no he leído aún.
Por otro lado, la advertencia de Ekaizer siempre hubiera sido innecesaria porque si algo está claro, en el caso de Aznar, es que los machos siempre los tiene casi tan bien sujetos como Franco lo dejó todo en España, atado y bien atado, por las razones que ayer o antes de ayer explicábamos nosotros por aquí, por lo que no vamos a repetirnos ahora.
En cualquier caso, ardemos en deseos de leer el libro de Ekaizer, porque el tema, Bárcenas, no sólo es muy actual sino también apasionante.
Vamos a intentarlo.

1 comentario:

eddie dijo...

http://www.javierortiz.net/ant/ortizestevez/PROLOGOS/fgonzalez.htm

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