jueves, 29 de octubre de 2015

La ley, el derecho y la justicia

Estoy realmente cansado de oír al trío calaveras, Rajoy, Sánchez y Rivera, repetir incansablemente el mantra de que la democracia consiste en aplicar la ley.
¿Qué ley, la ley Mordaza o ésa otra mucho más amordazante aún, la nueva LEY DE ENJUICIAMIENTO CRIMINAL, que archivará para siempre todos los procesos que a ellos les incomoden, como son todos los que se refieren a su propia corrupción, por el mero hecho de que transcurran ¡6 meses! sin que haya acabado la instrucción, una ley mucho peor que aquellas 2 argentinas que han pasado a la historia universal de la infamia, la ley de punto final y la ley de obediencia debida, leyes típicas y tópicas del peor de los fascismos aquél que impulsaron los felones militares argentinos?                  
¿Qué clase tan vergonzosa de gobernantes tenemos y qué clase de personajes optan a sucederlos en el gobierno son éstos que no saben distinguir, y dos de ellos son licenciados en derecho, como yo, entre la ley, el derecho y la justicia?
La democracia no tiene nada que ver con la ley porque eso nos llevaría al absurdo de admitir que son leyes democráticas todas ésas que acabamos de citar y que son insuperablemente ignominiosas.
La democracia con lo que tiene que ver y mucho, todo, es con la justicia.
La ley, de acuerdo con su definición tradicional, es la ordenación de la razón dirigida al bien común y promulgada por aquel órgano que tiene el cuidado de la comunidad.
Y el derecho es, ni más ni menos, que el conjunto de normas jurídicas, leyes y costumbres, que constituyen el ordenamiento jurídico de un Estado.
Pero es tan obvio que a mi, por lo menos, me produce auténtica vergüenza recordarlo, que tanto la ley como el derecho no son más que espantosos instrumentos de opresión cuando no se basan en la justicia.
Y ahí están leyes anteriormente citadas para acreditarlo.
Pero ¿qué es la justicia?
Uno de los más sabios jurisconsultos romanos, Ulpiano, la definió como “honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere”, vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo.
Casi nada.
Si aplicamos esta definición a la conducta de Rajoy y los suyos llegamos a la evidente conclusión de que nada de lo que hacen es justo y, por lo tanto, es esencialmente inválido, precisamente por antidemocrático.
Porque la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tal como nos enseñaran hombres tan distintos como Aristóteles y Lincoln.
¿Está gobernando Rajoy para el pueblo, hay alguien que se atreva a decir que sí, sin que se le caiga la cara de vergüenza, está gobernando según lo que quiere el pueblo que le eligió mayoritariamente o lo hace para salvaguardar los intereses de ese capitalismo rampante que nos oprime?

martes, 27 de octubre de 2015

Trileros




A veces, tengo la sensación de que Mas y Rajoy están totalmente de acuerdo.

Sí, a pesar de todas esas escaramuzas, de toda esa tanda de fuegos de artificio de que hacen gala uno y otro.

Ellos saben tan bien como yo, o mejor, en qué clase de país vivimos-qué país, Miquelarena, qué país, decía ese descamisado intelectual que fue Unamuno, sí, aquél que dijo aquello a lo que yo no llego aún de “me duele España”, `porque yo ando todavía lejos de eso, aún no llego al dolor, y, perdonen que lo cite otra vez, pero no tengo más remedio, “ubinam gentium sumus, in qua urbe vivimus”, entre qué gente estamos, en qué país vivimos, clamaba el viejo y sabio Cicerón, antes de que lo asesinaran aquellos que no querían que siguiera diciendo esto.

Porque es peligroso, lo sé, muy peligroso seguir señalando con el dedo a los que tanto están abusando de este desdichado país.

Pero hay que hacerlo porque, si no, cómo justificamos lo que hacemos aquí.

Pero iba diciendo que Mas y Rajoy, estoy absolutamente convencido de que son, ya lo apuntaba ayer, del mismo partido, del partido que ha decidido someter a todo un país, o a dos países, a esta lucha fratricida en la que nadie puede ganar, en la que todos vamos a perder, porque Rajoy va a ganar precisamente por lo bien que ha estado manteniendo esta falsa lucha, excitando, favoreciendo, el odio de los españoles hacia los catalanes y Mas ha hecho lo mismo pero al revés, promoviendo y cuidando con el mayor esmero el odio catalán a todo lo español, o sea que los dos han hecho lo mismo y seguramente de común acuerdo, porque así, Rajoy va a ganar las elecciones generales en España y Mas está ganando ya las catalanas en Catalunya, tomándonos ambos el pelo a todos los demás que nos hemos dedicado ferozmente a odiarnos unos a otros sin ningún motivo verdadero que no sea el interés de ambos presidentes en llevarse sus respectivos gatos al agua: Rajoy seguir gobernando España otros cuatro años y si la Cup no lo remedia Mas hará lo mismo en Catalunya.

Y todos los demás, de este pueblo de imbéciles, matándonos unos a otros por el interés particular de estos dos señores.

El odio

¿Existe en España la libertad de pensamiento? ¿Y la libertad de expresión, y la de asociación, y la de decisión, existe realmente en este país cualquier clase de libertad?
Piénselo un poco antes de resolver.
Porque no es ya que yo no pueda escribir todo lo que pienso sino que tan siquiera puedo ya pensar porque no me dejan.
Para pensar libremente hay que saber, ya lo dijo el puñetero clásico: “nihil volitur qui precognitur”, no se puede querer más que lo que se conoce de modo que si a mi no mejan conocer la verdad no la puedo querer.
Y no me dejan conocer la verdad todos esos periodistas que son más falsos que Judas y que la esconden cuidadosamente o que la falsean, porque a mi me gustaría mucho saber lo que pasa realmente en Venezuela o en Siria pero ¿cómo lo puedo saber, si yo no estoy allí y no puedo enterarme de ello directamente, y las grandes compañías de la información tienen demasiados intereses creados para engañarme.
Y tampoco me vale pensar que la verdad es precisamente todo lo contrario de lo que ellos me dicen porque esto sólo es una suposición.
Tomemos, por ejemplo, lo que está sucediendo en Catalunya.
Parece que claro que Artur Mas es un perfecto sinvergüenza, pero ¿es peor que Rajoy, quién de ellos empezó realmente la guerra?
No lo sé, pero sí que sé quién la va ganando porque ellos mismos me lo dicen y yo sé, por mi profesión jurídica, que uno de los modos de conocer la verdad es por confesión de parte, o sea cuando alguien admite libremente algo que le perjudica.
A Mas lo están procesando por pensar de manera distinta a la de Rajoy y por decirlo, y por intentar demostrar que la mayoría de los catalanes piensa como él, pero no lo dejaron hacerlo como sí que lo hicieron los ingleses con los escoceses y los canadienses que los quebecquianos.
Y entonces vienen esos fascistas que tienen libertad para defenderlo todo y te dicen que no existe el principio de libre determinación de los pueblos y menos aún en esta época en que se tiende a superar los nacionalismos. Y se quedan tan frescos.
Por eso inciábamos este post enumerando algunas de las libertades.
Pero ¿hay realmente en el mundo de hoy alguna libertad? Y decíamos que no porque no nos dejan informarnos de nada. Y sin verdadera información no puede haber libertad.
Y a nosotros nos desinforman desde la guardería a la universidad.
Y no te digo nada a los que no pueden ir a ninguno de estos sitios en los que teóricamente se aprende a pensar y a tratar de informarte.
De modo que a los catalanes hay que zurrirles la badana. Por curiosos impertinentes que, no se sabe muy bien por qué, quieren enterarse de cómo funcionan realmente las cosas.
Y ya lo dice un refrán de mi pueblo: al que quiera saber, mentiras con él.
De modo que Rajoy y sus secuaces dicen, con la boca pequeña, que los quieren mucho pero plantan mesas en todos los pueblos de España pidiendole a la gente que vote contra ellos. Y cuando los catalanes consiguen reglamentariamente un Estatuto, lo recurren ante SU Tribunal Constitucional y se lo cargan.
Y atacan tan ferozmente todos sus símbolos que los obligan casi todos los días a hacer lo que también deberíamos hacer todos nosotros: echarse a la calle pacíficamente pero protestando.
Y los insultan de la peor manera desde todos los medios de comunicación de España y fomentan medidas para el boicot a todos los productos catalanes.
Y, por ultimo, desatan la más feroz de las persecuciones contra el más querido de sus símbolos: el Barça.
Intentan meter en la cárcel a sus presidentes y al jugador insignia del equipo y al que es seguramente su relevo, provocando así que ambos mediten abandonar el club por militar en en cual tanto los persiguen.
E intentan convencerles de que todo esto son imaginaciones suyas, locuras o excusas de mal pagador, riéndose y meándose encima de ellos, al propio tiempo que los odian con todas sus fuerzas.
Y el odio engendra odio como cuando alguien se mira en el espejo.
De modo que el conflicto ya es irresoluble, de tal manera que ese astuto fenicio que es Mas ha conseguido que el más oprimido de los pueblos del mundo lo tome como un héroe sólo porque ha sabido encabezar la rebelión contra los opresores.
Y así estamos ante uno de los conflictos más estúpidos del mundo, provocado por dos personajes de la misma catadura, que incluso debían militar, y militan, en el mismos partido, el de los opresores y contra los oprimidos.

sábado, 24 de octubre de 2015

Florentino Pérez, FP, es, sin duda, el mejor de los empresarios españoles.

Un empresario que se ha hecho, luchando con otros grandisimos empresarios españoles y extranjeros, con lo mejor de las empresas españolas y extranjeras de muchos ramos de la producción, de modo que no sólo es el amo, directa o indirectamente, de todo lo que se produce o vende en España, desde los más altos rascacielos a la limpieza de las calles de Madrid, sino también en otros muchos países, por ejemplo, Hotchiet, la mayor empresa de la construcción alemana es de su propiedad también.
La pregunta que yo les hago a todos esos que dicen por los foros que FP es un Ser Superior es: ¿cómo creen ustedes que un empresario se impone en todos los mercados en los que participa, cediéndole el paso gentilmente a sus competidores o hundiéndolos en la miseria para que nunca, nunca, nunca, él dice never, never, never, puedan volver a hacerle la competencia?
Es lo que, en los mercados del capitalismo neoliberal rampante se denomina libre competencia y que no es sino la más salvaje de las guerras a muerte en la que vale todo, absolutamente todo para triunfar en la reyerta.
O sea que el auténtico rey de España porque es, como ya hemos demostrado, el que realmente manda en este país, a través de unas empresas que domina en su totalidad directa o indirectamente, porque si él le pone la cruz a cualquiera de ellas inmediatamente entra en ruina, hace y deshace a su antojo con la complicidad de todos los gobiernos, sean del signo que sean, como demuestra plenamente el asunto del Castor un negocio que, aún siendo fallido, le ha reportado unos cuantos miles de millones de euros que le vamos a pagar todos los españoles a prorrata durante toda nuestra vida en el recibo del gas.
Pues, bien, éste es el hombre que a lo largo de toda su victoriosa vida sólo ha sido derrotado por una empresa deportiva el Barcelona, F. C. Porque en un ataque de suerte que a lo peor no vuelve a repetirse nunca, alumbró, en su escuela de fútbol, una constelación de genios que seguramente nunca volverá a cuajar.
Que una insignificante empresa, además deportiva, campo en el que casi todos los dirigentes son amateurs impidiera su triunfo en este aspecto, le ha colmado de ira y ha decidido acabar conla hegemonía de los catalanes sea como sea y ha iniciado la batalla en todos los campos, jurídicos y fiscales, logrando poner a su odiado rival contra las cuerdas los dos buques insignia de la flota catalana han anunciado ya que se van, uno, Messi, a Inglaterra y el otro; Neymar, ha exigido absoluta seguridad juríca y financiera para seguir el el Barça, de modo que FP puede añadir una muesca más en la culata de su revólver, porque nadie podrá asegurarle a los dos genios que toda la capacidad logística del mayor empresario de España va a fracasar en la empresa más fácil a la que se ha enfrentado, con todas las instituciones de cualquier signo a su favor tanto en nuestro país como en el extranjero.

jueves, 22 de octubre de 2015

La ley de punto final española, una prensa canallesca y un pueblo sin consciencia histórica

¿A qué espera este increíble pueblo para echarse a la calle, sentarse en las puertas de su casas y no volver a ellas más que para comer y dormir?
Le acaba de decir el PP, con su nueva LEY DE ENJUICIAMIENTO CRIMINAL, LECrim, que, a partir de ahora, la gente puede corromperse y corromper todo y cuanto quiera porque sus procesos serán archivados como si sus delitos hubieran prescrito, por el simple transcurso de unos plazos insultantemente breves en su tramitación, una ley  que sólo puede compararse con aquellas ignominiosas leyes argentinas de punto final y de obediencia debida.
Llevamos mucho tiempo por aquí afirmando categóricamente que el PP es un partido fascista y nuestra escuálida voz se pierde inútilmente en el desierto porque no hay peores sordos que los que no quieren oír y ¿quiénes son éstos?
Toda la puñetera sociedad española porque ésta tiene medios a su alcance para dar un puñetazo en la mesa y decir que ya está bien.
¿Por qué no lo hace?
Porque, en el fondo, está de acuerdo con todo lo que hace este partido de fascistas integrales y ¿por qué está de acuerdo con un comportamiento que, cada vez más, es esencialmente fascista?
Porque ella, la sociedad española, en su mayoría, es esencialmente fascista también, porque en su casi totalidad ha sido formada en el crisol más puro de todo el fascismo universal, creado, fomentado, dirigido, establecido, fortalecido por uno de los 3 más grandes fascistas que en el mundo han sido, el generalísimo de todos los ejércitos, francisco Franco, el hombre al que admiraban por encima de toda otra consideración tipos tales como Pinochet y Videla.
La Ley 23.492 de Punto Final es una ley argentina que estableció la caducidad de la acción penal (prescripción) contra los imputados como autores penalmente responsables de haber cometido el delito complejo de desaparición forzada de personas (que involucró detenciones ilegales, torturas y homicidios agravados o asesinatos) que tuvieron lugar durante la dictadura militar del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional de 1976–1983 que no hubieran sido llamados a declarar "antes de los sesenta días corridos a partir de la fecha de promulgación de la presente ley". Fue presentada por los diputados Juan Carlos Pugliese, Carlos A. Bravo y Antonio J. Macris, y promulgada el 24 de diciembre de 1986 por el presidente Raúl Alfonsín.1 El Congreso la declaró nula en 2003.
La ley establecía que "se extinguirá la acción penal contra toda persona que hubiese cometido delitos vinculados a la instauración de formas violentas de acción política hasta el 10 de diciembre de 1983". Dado que sancionaba la impunidad de los militares por la desaparición de varios miles de opositores y guerrilleros de izquierda (casi 9.000 según el informe del Nunca Más de 1984 y hasta unos 30.000 de acuerdo a los organismos de Derechos Humanos), fue en su momento objeto de una viva y acalorada polémica.
Sólo quedaban fuera del ámbito de aplicación de la ley los casos de secuestro de recién nacidos, hijos de prisioneras políticas destinadas a desaparecer, que eran por lo general adoptados por militares, quienes les ocultaban su verdadera identidad biológica.
La Ley de Obediencia Debida n.º 23.521 fue una disposición legal dictada en Argentina el 4 de junio de 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que estableció una presunción (es decir, que no admitía prueba en contrario, aunque si habilitaba un recurso de apelación a la Corte Suprema respecto a los alcances de la ley) de que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas cuyo grado estuviera por debajo de coronel (en tanto y en cuanto no se hubiesen apropiado de menores y/o de inmuebles de desaparecidos), durante el Terrorismo de Estado y la dictadura militar no eran punibles, por haber actuado en virtud de la denominada "obediencia debida" (concepto militar según el cual los subordinados se limitan a obedecer las órdenes emanadas de sus superiores).(Wikipedia).
Es típico, esencialmente típico de los regímenes totalitarios, plenamente fascistas, que gozan de todo el poder por el gobierno actuante, como ahora sucede con el PP, utilizar éste para dictar las disposiciones legales necesarias y suficientes para salvaguardar la integridad jurídica y, por tanto la consiguiente impunidad de todos los delitos cometidos precisamente por los propios legisladores. Esta es la propia esencia del fascismo, la propuesta de leyes exculpatorias de todas sus atrocidades.
Ayer, las asociaciones representativas de las distintas corrientes ideológicas de los fiscales españoles, se reunieron con el ministro de Justicia en un intento desesperado, porque ninguna esperanza cabe de que este gobierno dé un paso atrás en esa tarea que ya tiene casi acabada de promulgar las leyes necesarias para asegurar su propia impunidad y la de los miembros y simpatizantes de su partido, sin ningún resultado. El ministro les dijo que estaban equivocados, que la nueva LECrim sí es cierto que establece plazos perentorios para la instrucción de las causas penales, pero tales plazos serán prorrogables en caso de justificada necesidad.
Se trata de una triquiñuela más de este falsario, autor entre otros muchos de profunda raíz fascista, de un intento de proyecto de ley por el que se sancionara a los medios de comunicación que publicaran información sobre causas pendientes en los tribunales, un intento de una ley del silencio que afortunadamente no llegó a plantearse.
Aunque pueda parecer ocioso, quiero insistir una vez más que toda esta legislación fascista se está promulgando en España por un partido de esta naturaleza, con la indispensable complicidad de una prensa absolutamente vendida al gobierno del PP y al capitalismo que la publica y mantiene.

viernes, 16 de octubre de 2015

Mas y Rajoy

Asombra la torpeza de los que llaman torpes a los demás.
En el editorial de hoy de El País, Algarada institucional, su redactor concluye diciendo: “La ceremonia de fervor independentista le sirve para ocultar la pobreza de sus resultados electorales, las dificultades para la investidura y para empezar una legislatura estable, siempre a expensas del anticapitalismo y el antieuropeísmo de la CUP; y para seguir manteniendo ese desafío que él denomina con el Estado, pero que fundamentalmente es con el Gobierno de Rajoy, de cuya torpe actuación se alimenta también este proceso soberanista sin rumbo ni salida”.
Afirmar que lo que Rajoy está haciendo en Cataluña contra Mas es una  torpeza es no entender nada de lo que está sucediendo en este asunto.
Si Rajoy tiene una posibilidad de ganar las elecciones generales próximas, su baza fundamental es explotar al límite el odio que por todo lo catalán sienten eso que hemos dado en llamar el rancio nacionalismo español, sentimiento esencialmente fascista.
Hay muy pocas cosas que escapen a ese sentimiento fascista en el espíritu nacional español, eso que los alemanes bautizaron con la palabra “volkgeist”, que podríamos traducir como espíritu nacional.
En el pensamiento político español, es fascista casi todo.
Me siento obligado a mencionar el origen de la palabra italiana “fascista”, viene “fascio” que era un haz de varas de madera que los pretores romanos situaban junto al escaño en el que se sentaban para impartir justicia y realizar otras atribuciones que su poder imperial les atribuía. Después de muchas vicisitudes, el término “fascista” acabó por representar el símbolo de la ideología totalitaria y absolutamente excluyente de Mussolini, que supedita todo el poder del Estado a un partido político que pone todo lo que él denomina “patria” a su propio servicio.
Lo mismo que ahora hace el PP, según este partido, fuera de él no hay nada que merezca la pena de tal manera que sostiene que el país tiene forzosamente que elegir entre ellos y el caos.
Las consecuencias del dominio del pensamiento fascista son las que ahora estamos sufriendo en España: un dominio absoluto por el PP de todos los poderes e instituciones del Estado, de tal manera que la situación es absolutamente asfixiante, hemos llegado ya a un punto tal en el que ya siquiera se puede respirar porque te lo prohíbe ésa que hemos dado en llamar “ley Mordaza” que supera, con mucho, en sus  efectos reales las leyes franquistas “de vagos y maleantes” y “para la represión de la masonería y del comunismo”.
O sea que el gobierno de Rajoy, el gobierno de un partido que irónicamente se autodenomina “popular”, es consecuencia directa de ese franquismo esencial que aqueja a toda la sociedad española.
Todo esto no sólo lo sabe Rajoy sino que lo practica cotidianamente por eso tiene tanta confianza en su éxito en las elecciones del 20 D.
Por eso atiza y fomenta el independentismo catalán porque sabe que el fascismo esencial del pueblo español se volcará en las urnas a favor del PP porque, aunque se esté muriendo la mitad de toda la población de España de hambre y de frío, su afán totalitario fascista y su soterrada ansia de dominio sobre los demás reaccionará violentamente en las urnas contra esos malnacidos rebeldes que se niegan a formar parte de un universo esencialmente fascista.
Por eso yerra tan gravemente el editorialista de El País, cuando afirma que Rajoy y su partido equivocan la táctica: cuando más afán independentista haya en Cataluña, mayor será el paralelo rechazo del resto del pueblo español, de manera que la votación a favor de un político tan rastrero puede volver a ser escandalosa.
De modo que de error rajoyano en este caso, nada de nada.

jueves, 15 de octubre de 2015

Los dioses piden amparo



El otro día decía yo por aquí que los jueces son dioses y tal vez a alguien le pareciera exagerado. 

Yo les aseguro que no.

Recuerdo, en mis tiempos judiciales, que un día, yendo con un juez y un fiscal,  aparcamos en prohibido para tomarnos una copa,  y un agente de la policía local vino cuando ya nos íbamos y se empeñó en multarnos y el juez le dijo enseñándole su documentación, “oiga, guardia, v. es un agente de la autoridad, nos somos la autoridad, los encargados de decir si lo que v. hace está bien o esta mal”, y el guardia se le quedó mirando, sin saber qué hacer, con los ojos como platos.

Otra más. Dívar, presidente del CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL, CGPJ, y del Tribunal Supremo, TS, a un diputado que habló despectivamente respecto a una orden judicial: “ese papel no es la Biblia sólo porque va firmado por un juez”: “no desprecie v. la firma de un juez que puede arruinarle definitivamente o meterle en la cárcel para toda su vida”.

Pues ahora resulta que los jueces del TRIBUNAL SUPERIOR DE CATALUÑA que conocen de la querella interpuesta por la Fiscalía contra el presidente Mas y otros dos miembros del gobierno de la Generalitat expiden un documento en el que dicen sentirse coaccionados por el acompañamiento que a los 3 imputados citados a declarar ante ellos hacen un grupo de personas que se sienten plenamente identificados con ellos.

¿Coaccionados, ellos, que son la Autoridad suprema en esta sociedad, coaccionados, por quién y por qué?

La RAE dice que coacción es “1. f. Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo.
2. f. Der. Poder legítimo del derecho para imponer su cumplimiento o prevalecer sobre su infracción”.

Como le decía aquel juez al guardia municipal “pero oiga, v., un agente de la autoridad quiere sancionarme a mi que soy la autoridad que v. representa y que tiene la facultad de juzgar si v. ejercita bien o mal la autoridad que yo le delego”. O Dívar al diputado: “no desprecie v. la firma de un juez que puede servir para arruinarle definitivamente o meterle en la cárcel para toda su vida”.

O sea ¿qué facultad de coacción tiene el pueblo llano ante las más altas autoridades juurisdiccionales del Estado, si el presidente del TSJC envía al Delegado del Gobierno en Cataluña un oficio ordenándole que proteja a todo trapo el edificio judicial y éste envía inmediatamente una compañía de antidisturbios convenientemente preparados?

¿De qué parte está la coacción, quién la produce, con una ley como la vigente que hemos dado en llamar “Mordaza”?

No tengo más remedio que, a fuer de pesado y repetitivo, recurrir otra vez al genio Cicerón: “ubinam gentium sumus, in qua urbe vivimus?”, ¿entre qué gente estamos, en que país vivimos?, en el que se tolera impunemente que nos digan “peligro, peligro, que los pájaros van a disparar contra las escopetas”.

Es como para mear y no echar gota.

miércoles, 14 de octubre de 2015

La traición del Estado y de los sindicalistas

Acabo de leer las últimas, por ahora, porque en este momento histórico, Felipe González, no para de hablar, declaraciones de este hombre que dudo mucho de que en algún momento de su vida fuera realmente de izquierdas y una persona honesta, porque ahora, está claro, como el agua clara, que ni es honrado ni de izquierdas.
Dice el buen hombre que  "La legitimidad del voto" no puede estar "por encima de la ley".
El problema de estos tipos no es que no sepan, que seguramente el tal González sabe de todo mucho más que yo, su problema consiste en que él, González, es una de las cabezas pensantes de Slim, del que Forbes dijo que era el hombre más rico del mundo. Y no se puede servir a dos señores a la vez, de modo que no se puede ser de izquierdas y trabajar para el hombre más rico que pisa la Tierra.
Porque, aquí y ahora, no se trata de saber qué fue antes si el huevo o la gallina, puesto que las leyes que merecen llamarse así están promulgadas por los parlamentos, en éstos que se llaman a sí mismos regímenes democráticos.
O sea, mi querido señor ex presidente, en un principio fue el voto legítimo el que hace que la ley sea tal ley y ¿entonces? ¿habrá un modo más legítimo de deslegitimizar la ley que el propio voto legítimo? No juguemos con los más egregios conceptos, no seamos trileros, no seamos sofistas, coño.
Usted no puede en justicia venir ahora a exigirnos que para cargarnos una ley acudamos siempre a otra que la derogue por el mismo procedimiento que la creó, porque eso simplemente es exigir lo imposible, porque como usted sabe mejor que yo “nemo propiam turpitudinem alegare non potest”, nadie puede ir contra sus propios actos alegando su propia torpeza, principio jurídico de universal aceptación.
Aparte de que, como v. sabe también mucho mejor que yo, porque ha gobernado, como éstos lo hacen ahora, con mayoría absoluta, que ninguna ley derogatoria de otra prosperaría en unas Cortes que un partido domina de esta manera si dicha mayoría partidista no lo tolera.
Entonces, sr. González, no juegue con las palabras, no haga malabarismos dialécticos, contra una ley injusta no hay más solución que la desobediencia, apoyada precisamente en los votos legítimos.
Si la mayoría parlamentaria de Cataluña no está de acuerdo con una ley centralista, claro que puede desobedecerla, como ya sostuvieron, y v. lo sabe tan bien como yo porque los dos estudiamos en las aulas universitarias el mismo Derecho, esos dos advenedizos juristas que fueron los padres Vitoria y Suárez.
En cuanto al segundo, la particular trascendencia de la costumbre "contra legem", que en la doctrina suareciana cuenta con aptitud bastante para abrogar la Ley, porque las leyes civiles, afirma él ilustre jesuíta granadino, "no se dan absolutamente, sino con la condición tácita de que el pueblo las quiera aceptar".
Como correctivo de la irrevocabilidad del poder legitimante conferido aparece el Derecho popular de rebelión contra el tirano.
En este sentido abundó también Gandhi: “cuando una ley es injusta, lo mejor es desobedecer”.
Pero, regresando de los cerros de Úbeda, por los que tanto me gusta discurrir, yo quería, hoy, escribir sobre ese incidente de los sindicalistas franceses agrediendo inmisericordemente a los directivos de Air France que les notificaban el despido de 2.900 trabajadores de la compañía.
La pregunta es ¿hasta qué punto es lícita la violencia contra la injusticia?
La respuesta que inmediatamente acude a nuestra mente es: nunca.
Pero ¿qué se puede hacer cuando una compañía nacional que funciona bien y obtiene saneados beneficios decide, para incrementar éstos, despedir a casi tres mil de sus trabajadores, no hacer nada, cruzarse de brazos?
Parece evidente que ésta no es la solución.
Si te cruzas de brazos, la empresa seguirá con su dañino, para los trabajadores, no `para su consejo de administración, proyecto.
¿Qué se puede hacer entonces, pero de verdad, no con esa fanfarria preestablecida por los liberales neoconservadores de que será el mercado el encargado de resolver el problema y que mientras tanto las normas reguladoras del desempleo se encargarán de atenuarlo?
El mercado no es, precisamente, el que va a resolver el problema sino precisamente el que lo ha creado al forzar a Air France a disminuir sus costes para competir mejor en el mercado del transporte aéreo, recurriendo a lo más fácil, despedir a la gente.
Así cualquiera puede ser empresario.
Y, luego, está ese Estado al que la Thatcher y el Reagan echaban la culpa de todo, en este caso concreto, yo estoy de acuerdo con ellos, el Estado debería de intervenir drásticamente para que una empresa con beneficios no eche a la calle a sus empleados.
Pero no lo hace porque el Estado, que nació precisamente para esto, para evitar el abuso del fuerte contra el débil, traiciona su misión y se pone de parte del poderoso.
Entonces, ¿qué solución le queda al débil, conformarse, agachar la cabeza y rezar para que el destino le proporcione pronto otro empleo como el que ahora tiene, o, como decía el príncipe de Dinamarca, una vez determinada la injusticia, tomar armas contra ella y acabar con ella?
Por supuesto que los agresores de los empresarios han sido ya detenidos y que caerá sobre ellos no sólo el peso de la ley sino muchos otros pesos más.
Pero no sólo los sindicatos franceses sino los de todo el mundo deberían de echarse a la calle para defender el derecho al trabajo de estos 2.900 trabajadores de Air France.
Pero no lo harán y ésta es la última causa de todos nuestros males.

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