miércoles, 14 de octubre de 2015

La traición del Estado y de los sindicalistas

Acabo de leer las últimas, por ahora, porque en este momento histórico, Felipe González, no para de hablar, declaraciones de este hombre que dudo mucho de que en algún momento de su vida fuera realmente de izquierdas y una persona honesta, porque ahora, está claro, como el agua clara, que ni es honrado ni de izquierdas.
Dice el buen hombre que  "La legitimidad del voto" no puede estar "por encima de la ley".
El problema de estos tipos no es que no sepan, que seguramente el tal González sabe de todo mucho más que yo, su problema consiste en que él, González, es una de las cabezas pensantes de Slim, del que Forbes dijo que era el hombre más rico del mundo. Y no se puede servir a dos señores a la vez, de modo que no se puede ser de izquierdas y trabajar para el hombre más rico que pisa la Tierra.
Porque, aquí y ahora, no se trata de saber qué fue antes si el huevo o la gallina, puesto que las leyes que merecen llamarse así están promulgadas por los parlamentos, en éstos que se llaman a sí mismos regímenes democráticos.
O sea, mi querido señor ex presidente, en un principio fue el voto legítimo el que hace que la ley sea tal ley y ¿entonces? ¿habrá un modo más legítimo de deslegitimizar la ley que el propio voto legítimo? No juguemos con los más egregios conceptos, no seamos trileros, no seamos sofistas, coño.
Usted no puede en justicia venir ahora a exigirnos que para cargarnos una ley acudamos siempre a otra que la derogue por el mismo procedimiento que la creó, porque eso simplemente es exigir lo imposible, porque como usted sabe mejor que yo “nemo propiam turpitudinem alegare non potest”, nadie puede ir contra sus propios actos alegando su propia torpeza, principio jurídico de universal aceptación.
Aparte de que, como v. sabe también mucho mejor que yo, porque ha gobernado, como éstos lo hacen ahora, con mayoría absoluta, que ninguna ley derogatoria de otra prosperaría en unas Cortes que un partido domina de esta manera si dicha mayoría partidista no lo tolera.
Entonces, sr. González, no juegue con las palabras, no haga malabarismos dialécticos, contra una ley injusta no hay más solución que la desobediencia, apoyada precisamente en los votos legítimos.
Si la mayoría parlamentaria de Cataluña no está de acuerdo con una ley centralista, claro que puede desobedecerla, como ya sostuvieron, y v. lo sabe tan bien como yo porque los dos estudiamos en las aulas universitarias el mismo Derecho, esos dos advenedizos juristas que fueron los padres Vitoria y Suárez.
En cuanto al segundo, la particular trascendencia de la costumbre "contra legem", que en la doctrina suareciana cuenta con aptitud bastante para abrogar la Ley, porque las leyes civiles, afirma él ilustre jesuíta granadino, "no se dan absolutamente, sino con la condición tácita de que el pueblo las quiera aceptar".
Como correctivo de la irrevocabilidad del poder legitimante conferido aparece el Derecho popular de rebelión contra el tirano.
En este sentido abundó también Gandhi: “cuando una ley es injusta, lo mejor es desobedecer”.
Pero, regresando de los cerros de Úbeda, por los que tanto me gusta discurrir, yo quería, hoy, escribir sobre ese incidente de los sindicalistas franceses agrediendo inmisericordemente a los directivos de Air France que les notificaban el despido de 2.900 trabajadores de la compañía.
La pregunta es ¿hasta qué punto es lícita la violencia contra la injusticia?
La respuesta que inmediatamente acude a nuestra mente es: nunca.
Pero ¿qué se puede hacer cuando una compañía nacional que funciona bien y obtiene saneados beneficios decide, para incrementar éstos, despedir a casi tres mil de sus trabajadores, no hacer nada, cruzarse de brazos?
Parece evidente que ésta no es la solución.
Si te cruzas de brazos, la empresa seguirá con su dañino, para los trabajadores, no `para su consejo de administración, proyecto.
¿Qué se puede hacer entonces, pero de verdad, no con esa fanfarria preestablecida por los liberales neoconservadores de que será el mercado el encargado de resolver el problema y que mientras tanto las normas reguladoras del desempleo se encargarán de atenuarlo?
El mercado no es, precisamente, el que va a resolver el problema sino precisamente el que lo ha creado al forzar a Air France a disminuir sus costes para competir mejor en el mercado del transporte aéreo, recurriendo a lo más fácil, despedir a la gente.
Así cualquiera puede ser empresario.
Y, luego, está ese Estado al que la Thatcher y el Reagan echaban la culpa de todo, en este caso concreto, yo estoy de acuerdo con ellos, el Estado debería de intervenir drásticamente para que una empresa con beneficios no eche a la calle a sus empleados.
Pero no lo hace porque el Estado, que nació precisamente para esto, para evitar el abuso del fuerte contra el débil, traiciona su misión y se pone de parte del poderoso.
Entonces, ¿qué solución le queda al débil, conformarse, agachar la cabeza y rezar para que el destino le proporcione pronto otro empleo como el que ahora tiene, o, como decía el príncipe de Dinamarca, una vez determinada la injusticia, tomar armas contra ella y acabar con ella?
Por supuesto que los agresores de los empresarios han sido ya detenidos y que caerá sobre ellos no sólo el peso de la ley sino muchos otros pesos más.
Pero no sólo los sindicatos franceses sino los de todo el mundo deberían de echarse a la calle para defender el derecho al trabajo de estos 2.900 trabajadores de Air France.
Pero no lo harán y ésta es la última causa de todos nuestros males.

2 comentarios:

Futbolín dijo...

Mr. X ha sido el continuador de la tarea de Fraga disfrazado con una chaqueta de pana, mucho mas traidor que D. Manuel que ojalá se revuelva en su tumba pero que en el fondo no engañaba a nadie como si lo han hecho Felipe y su amigo “Arfonso” entre otros miles de suciolistos del PP$OEZ.

Futbolín dijo...

La basura moral que gobierna España.


Exclusiva de eldiario.es: Mariano Rajoy carga al presupuesto de La Moncloa el cuidado de su padre. Un buen hijo, dirán ustedes, que se porta como tal pues debe mucho a su progenitor. Sí, en efecto, tanto él como sus tres hermanos (uno desgraciadamente fallecido) le deben mucho. No solo el ser. Le deben asimismo sus carreras y, según parece, también sus altos cargos en la administración del Estado, tres registradores de la propiedad y un notario. Quien quiera conocer los detalles de este sórdido asuntillo, que acuda al documentado artículo de Eusebio Lucía Olmos en Publicoscopia, Los éxitos de los Rajoy y el aceite de Redondela. Allí leerá cómo el padre de Rajoy, Rajoy Sobredo, presidió a comienzos de los setenta el tribunal que juzgó el escándalo del aceite de Redondela en el que estaban implicadas personalidades del franquismo, incluido el hermano del General Franco, Nicolás Franco, y en el curso del cual se produjeron hasta siete muertes sospechosas sin que se aclarase ninguna; cómo la sentencia fue benigna, no determinó qué sucedió con los miles de toneladas de aceite desaparecidas y a Nicolás Franco ni se lo mencionó.

Poco después, unos jovencísimos hermanos Rajoy Brey ganaban a la primera, recién terminados sus estudios, las oposiciones más duras de la administración española. En efecto, todos los hermanos Rajoy Brey deben mucho a su padre y, dada su boyante situación, bien podrían costear de su bolsillo los cuidados que requiere como anciano de 95 años con un ictus.

Pero resulta que el señor Rajoy Sobredo reside en el complejo de La Moncloa y la factura de las atenciones que precisa como dependiente se paga con cargo al erario, es decir a todos los contribuyentes. Muchos de estos contribuyentes tienen, a su vez, personas dependientes que han visto cómo las ayudas a la dependencia han disminuido desde que gobierna el señor Rajoy Brey si es que no han desaparecido del todo. Muchos, muchísimos dependientes, han fallecido sin recibir la ayuda a la que tenían derecho.

Ahora, pongan ustedes nombre a esta situación. Yo la llamo basurero moral.

Basura sobre basura. El mismo pájaro que carga a nuestros bolsillos la atención a la dependencia de su padre es el que mentía bellacamente en público hace unos años a una persona que le preguntaba cuánto ganaba sin darle la cifra pero asegurándole que tenía problemas a fin de mes "como cualquier ciudadano". Por entonces entre su sueldo y el sobresueldo que cobraba de fondos más bien dudosos procedentes del supuesto delincuente Bárcenas, estaba en más de 200.000 euros al año, pero, según parece, tampoco le daba para pagarse las corbatas y los ternos y estos corrían presuntamente a cargo de la trama de delincuentes de la Gürtel.

El mismo pájaro que no ha tenido inconveniente en rebajar las pensiones de los jubilados y saquear el fondo de reserva de estas, que es su única defensa frente a las contingencias de la vida.

Nunca se había visto tanta basura moral en el gobierno de este desgraciado país.
http://cotarelo.blogspot.com.es/2015/10/la-basura-moral-que-gobierna-espana.html

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