miércoles, 7 de octubre de 2015

El don de la ebriedad


"I. Siempre la claridad viene del cielo; es un don: no se halla entre las cosas sino muy por encima, y las ocupa haciendo de ello vida y labor propias. Así amanece el día; así la nochecierra el gran aposento de sus sombras. Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega y es pronto aún, ya llega a la redonda a la manera de los vuelos tuyos y se cierne, y se aleja y, aún remota, nada hay tan claro como sus impulsos! Oh, claridad sedienta de una forma, de una materia para deslumbrarla quemándose a sí misma al cumplir su obra. Como yo, como todo lo que espera. Si tú la luz te la has llevado toda, ¿cómo voy a esperar nada del alba? Y, sin embargo ¿esto es un don?, mi boca espera, y mi alma espera, y tú me esperas, ebria persecución, claridad sola mortal como el abrazo de las hoces, pero abrazo hasta el fin que nunca afloja". Don de la ebriedad, Claudio González.
La ebriedad de Enrique López no demostraría, junto con su analfabetismo ortográfico, que este hombre es humano, demasiado humano, recurriendo al encasillamiento de Nietszche, lo que le hace sumamente peligroso, el más peligroso quizá de nuestros enemigos mortales, es su capacidad jurídica, su facultad de dictar leyes mediante sus sentencias, Enrique López es uno de esos seres predilectos, esencialmente seleccionados por el binomio Aznar/Trillo para santificar al PP, porque el plan diabólico, diseñado por Fraga es precisamente ése: “robad, robad, malditos que ya os enviaré yo a vuestros redentores” porque para redimir a toda esta multitud de ladrones harán falta un montón de jueces.
Yo me he cansado de escribir por aquí lo que es la esencia de la judicatura. Un juez es el más especial de los hombres, es más, si me apuran, un juez es un hombre que ha dejado de ser humano para convertirse en un dios. O, si lo prefieren, un juez es un hombre humano, demasiado humano, por usar la terminología niestzcheana.
Mi homólogo, Xavier Vidal-Folch, no sólo es un muy buen periodista porque escribe muy bien sino que, además, “rara avis", es honrado, pero también es un ingenuo y esto no sólo no lo descalifica sino que, por el contrario, lo enaltece, es todo lo contrario que Arcadi Espada que ayer descalificaba a Xavier en  El Mundo por unir la palabra ebrio a la de juez, y que se ha convertido en el superpaladín del PP ya que arremete ferozmente contra todo aquel que practica el nefando pecado de meterse con este partido, véase, si no, lo que hizo con el pobre Carlos Alsina porque se atrevió a preguntar a Rajoy lo que indudablemente no debía.
Pero Xavier, ayer, en El País, con su El juez ebrio, intentó descalificar a Enrique López para ser uno de los 3 jueces que decidirán el destino del PP, por mor de su manifiesta ebriedad aquella noche que se lanzó por la Castellana a toda leche, borracho y sin casco, poniendo en serio riesgo no sólo la integridad de los viandantes y la suya propia sino, sobre todo, la del PP, porque el PP viene depositando en él, desde hace mucho tiempo, de ahí la mirada de Trillo en la foto que ilustra este post, todas sus preferencias.
Porque se está escribiendo y diciendo mucho sobre Enrique López pero lo peor fue, sin duda, lo de Ernesto Ekaizer, en La mañanas de Cuatro: que él había oído afirmar al juez que en los asuntos de Bárcenas y de la Gürtel “no hay caso”, lo que, traducido al lenguaje normal de la calle, quiere decir que no hay materia procesal alguna, o sea, que piensa absolver al PP de cualquier clase de responsabilidad no ya criminal, de la que ya lo eximió el timorato juez Ruz, sino también, y lo que es el colmo, de la responsabilidad civil por el enriquecimiento injusto que este tímido juez no había tenido más remedio que imputarle.
Porque, en el bien compuesto entramado judicial que asegura al PP su impunidad jurídica, parece que una de las piezas básicas, paradójicamente, está constituida por esta especie tal vez única de juez analfabeto, que ha pretendido excusar haber escrito “vallamos por partes” en el hecho “de ser de pueblo y haberse pasado gran parte de su juventud poniendo vallas al campo, de manera que cómo no va a saber él lo que es una valla”.
Pero no es la ortografía sino su indudable intención absolutoria la que ha hecho a este juez el más idóneo para enjuiciar al PP, lo que, como esto supone la posesión del mayor de los cinismos, no cabe la menor duda de que éste es el más cínico de todos los jueces, lo que es indudablemente mucho.
De modo que el inefable Arcadi se ha movilizado esta vez sin demasiado motivo, porque ¿quién no se ha tomado alguna vez una copa de más? Lo realmente preocupante es que este juez vaya por ahí prejuzgando el fallo que piensa proponer como ponente en el tribunal que conocerá en el juicio oral que tiene que decidir junto con Cospejal y otro magistrado.
Yo sé que forzosamene ha tenido que extrañar a muchos la publicación que hice de la ley suprema no escrita de la magistratura jurisdiccional española: ay de aquel que roce a un juez con la más ligera de las plumas del ala de un ángel, más le valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse de cabeza al mar.
Porque, así, a primera vista parece un poco exagerada, pero no lo es.
La magistratura a la que me refiero caería por los suelos si se permitiera impunemente que la conculcaran poniendo en tela de juicio siquiera  la posibilidad de que un juez no cumpliera honradamente con su cometido.
Y esto es tan así que el legislador no tuvo más remedio que abundar sobre el tema estableciendo “que la recusación se propondrá por escrito firmado por el recusante, quien deberá ratificarse a presencia judicial. Cuando el escrito lo firme su Procurador, deberá acompañar poder especial para la recusación de que se trate. El escrito en que se proponga la recusación deberá ir firmado por Letrado cuando su intervención fuera necesaria en el pleito”, artículo 223. 2 de la LEY ORGANICA DEL PODER JUDICIAL, y es que la recusación deberá ser un hecho tan anómalo que para regularlo todas las precauciones son pocas.
En realidad, en mis 50 años de ejercicio profesional, sólo conocí de una recusación y la planteé yo mismo y no fue contra el juez que conocía del asunto sino sólo contra la secretaria que, como titular del Juzgado Decano de la localidad, se había repartido el pleito firmado por su propio esposo como Procurador a su propio juzgado, recusación que fue admitida no porque procediera, dijo la interesada, sino por no causar más problemas al juzgado.
Pero los tiempos han cambiado que es una barbaridad, ahora, todas las acusaciones personadas en el caso de Bárcenas y la Gürtel han recusado a Enrique López y a Cospejel, primero, porque no tienen más remedio que hacerlo, y, segundo, porque las represalias no pueden significarse ante todo el mundo mundial.

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