jueves, 29 de octubre de 2015

La ley, el derecho y la justicia

Estoy realmente cansado de oír al trío calaveras, Rajoy, Sánchez y Rivera, repetir incansablemente el mantra de que la democracia consiste en aplicar la ley.
¿Qué ley, la ley Mordaza o ésa otra mucho más amordazante aún, la nueva LEY DE ENJUICIAMIENTO CRIMINAL, que archivará para siempre todos los procesos que a ellos les incomoden, como son todos los que se refieren a su propia corrupción, por el mero hecho de que transcurran ¡6 meses! sin que haya acabado la instrucción, una ley mucho peor que aquellas 2 argentinas que han pasado a la historia universal de la infamia, la ley de punto final y la ley de obediencia debida, leyes típicas y tópicas del peor de los fascismos aquél que impulsaron los felones militares argentinos?                  
¿Qué clase tan vergonzosa de gobernantes tenemos y qué clase de personajes optan a sucederlos en el gobierno son éstos que no saben distinguir, y dos de ellos son licenciados en derecho, como yo, entre la ley, el derecho y la justicia?
La democracia no tiene nada que ver con la ley porque eso nos llevaría al absurdo de admitir que son leyes democráticas todas ésas que acabamos de citar y que son insuperablemente ignominiosas.
La democracia con lo que tiene que ver y mucho, todo, es con la justicia.
La ley, de acuerdo con su definición tradicional, es la ordenación de la razón dirigida al bien común y promulgada por aquel órgano que tiene el cuidado de la comunidad.
Y el derecho es, ni más ni menos, que el conjunto de normas jurídicas, leyes y costumbres, que constituyen el ordenamiento jurídico de un Estado.
Pero es tan obvio que a mi, por lo menos, me produce auténtica vergüenza recordarlo, que tanto la ley como el derecho no son más que espantosos instrumentos de opresión cuando no se basan en la justicia.
Y ahí están leyes anteriormente citadas para acreditarlo.
Pero ¿qué es la justicia?
Uno de los más sabios jurisconsultos romanos, Ulpiano, la definió como “honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere”, vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo.
Casi nada.
Si aplicamos esta definición a la conducta de Rajoy y los suyos llegamos a la evidente conclusión de que nada de lo que hacen es justo y, por lo tanto, es esencialmente inválido, precisamente por antidemocrático.
Porque la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, tal como nos enseñaran hombres tan distintos como Aristóteles y Lincoln.
¿Está gobernando Rajoy para el pueblo, hay alguien que se atreva a decir que sí, sin que se le caiga la cara de vergüenza, está gobernando según lo que quiere el pueblo que le eligió mayoritariamente o lo hace para salvaguardar los intereses de ese capitalismo rampante que nos oprime?

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