jueves, 8 de octubre de 2015

Wittgestein y su Tratado lógico-matemático, Aguirre y Enrique López.

“Aguirre: "A Blesa le mantuvo quien le mantuvo y a Rato le puso quien le puso"
La presidenta del PP de Madrid critica tanto la gestión de Aznar como la de Rajoy en Caja Madrid
EUROPA PRESS / MADRID
MIÉRCOLES, 7 DE OCTUBRE DEL 2015 - 16.57 H
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha distanciado este miércoles del 'caso Rato' al subrayar que ella no puso al expresidente del FMI como máximo responsable de Bankia, sino que al expresidente de la entidad Miguel Blesa "le mantuvo quien le mantuvo", en referencia a José María Aznar, y que a su sucesor en la caja, Rodrigo Rato, "le puso quien le puso", en alusión a Mariano Rajoy.
En la rueda de prensa posterior al Comité de Dirección del PP de Madrid, Aguirre ha contestado a los periodistas que no quiere decir que Rato sea un corrupto sino que defiende la presunción de inocencia de todo el mundo. "Yo no propuse a Rato. A Blesa le mantuvo quien le mantuvo y a Rato le puso quien le puso"", ha manifestado.
Además, Aguirre ha reconocido que la corrupción afecta a su partido "de manera tremenda". También ha recordado las palabras del presidente del Gobierno, quien ayer aseguró que influyó más en la pérdida de votos la corrupción que el incumplimiento electoral”.
Yo no digo que para gobernar y para juzgar haya que ser premios nóbeles de literatura, pero tampoco estoy dispuesto a admitir que sean cuasi analfabetos porque, como puso de manifiesto Wittgenstein, la palabra, el logos, lo es todo y es muy difícil que unas personas que no tienen la curiosidad y el buen gusto de escribir y leer bien puedan hacer algo aceptable en el campo de las ciencias aunque éstas sean tan sólo sociales.
En el artículo sobre Aguirre que más arriba transcribimos, además del error conceptual de sustituir el pronombre “lo” en acusativo por el pronombre “le” en dativo, tratandose como se trata, en ambos casos, de verbos esencialmente transitivos como lo son los de "mantener" y "poner", es que, además, el "leísmo" utilizado hace tanto daño al oído que realmente lo destroza.
Y, aunque pueda parecer excesivo, pregunto: ¿qué se puede esperar de una gente no sólo tan inculta, dado el nivel de la clase social a la que pertenecen, sino además con tan mal gusto?
Porque el hombre, o la mujer, no está formado/a por compartimentos estancos, sino que todo el/ella es un ser único completamente imbricado en una especie de organismo integral no sólo complejísimo sino también exquisito, por su absoluta interdependencia.
O sea que igual que a un patán grosero y maleducado no se le puede tener la menor consideración intelectual, no es de recibo que a un alto/a dirigente político o a un cotidiano ejerciente de la más difícil de la funciones humanas, la de juzgar el comportamiento sociopolitico de los demás, se les permitan estas libertades de escribir “vallamos por partes” y otras 49 faltas de ortografía más, o el uso y abuso de ese "leísmo" que daña tan duramente al oído, porque ello implica una falta de sensibilidad esencial para una clase tal de dirigentes. 
 Porque ¿cómo va a penetrar, en la, muchas veces, profunda e intrincada dificultad de los conflictos jurídicos, un tipo que no sabe distinguir adecuadamente entre los verbos ir y vallar? Y no sólo eso sino que cuando se le reprocha su increíble falta de la más elemental ortografía, el tipo va y nos ningunea a todos nosotros, pretextando que la culpa de las 50 faltas de esta clase la tiene el corrector ortográfico, que él tiene instalado en su ordenador, cuando el procedimiento corrector funciona precisamente al revés.
De este modo, no podemos extrañarnos de que, cuando conoce en la apelación planteada por ese sumiso fiscal, en el asunto del concejal del Ayuntamiento madrileño que discute sobre el concepto de humor negro con un colega, afirme que el perdón de la ofendida en concreto por el chiste del cementerio de Alcaser, en el que propugna su cierre, para que ésta no acuda a él en busca de repuestos para las piernas que perdió en un atentado de Eta, afirme sin ninguna clase de rubor que dicho perdón no sirve para el caso puesto que el sujeto de la ofensa penalizable no es la propia Irene Villa sino el conjunto universal de todas las víctimas, por lo que hace la concesión de la disculpa que el imputado pide constantemente absolutamente imposible.
Y como nos enseña el viejo y venerable Derecho civil, artículo 1.116 del CC,  la introducción de una condición imposible “anulará la obligación que de ella dependa”.
Y esto forzosamente lo debe de saber un juez de tan dilatada y fructífera carrera que le ha elevado a cimas profesionales tan altas como la de ser miembro simultáneo del Consejo General del Poder Judicial, el órgano supremo de gobierno de los jueces, y nada más y nada menos que del Tribunal Constitucional, honor que sólo consiguen los 12 hombres sin piedad que tienen la posibilidad de alcanzarlo cada nueve años, o sea que ser miembro de dicho tribunal, por muy buen jurista que se sea, que no es éste el caso, como vemos, es una posibilidad tan remota como la de encontrar una aguja en un pajar.
Pues, bien, Enrique López ha conseguido ambos logros y es una verdadera lástima que tuviera que dimitir del 2º de dichos puestos por una inoportuna borrachera que no se limitó a permanecer entre esos amigables y confortables límites del ámbito en el que las juergas suelen constreñirse.
De cualquier manera, este hombre no ha salido, como vemos, del estrecho círculo de los jueces verdaderamente importantes, todo lo contrario, ahora mismo, al ser el ponente de la vista del juicio oral en las causas seguidas contra Bárcenas y la Gürtel, se halla en el epicentro del terremoto esencial para la democracia española, de modo que si absuelve al PP de esa tímida imputación a la que se atrevió el juez Ruz, la de responsable únicamente a título lucrativo, dejará impoluto absolutamente al partido político al que ha servido fielmente durante toda su vida.
Y de este modo dará a todos los voceros del PP la ocasión de repetirnos a todos los españoles, a voz en grito:
-Han visto ustedes, canallescos incrédulos, como era verdad eso que nosotros no nos cansábamos de repetir: que el PP es absolutamente incompatible con la corrupción, así que, hala, a pedirnos perdón a todos nosotros por los siglos de los siglos, amén. 
Con lo que el diabólico plan de Franco y Fraga de que todo quedara atado y bien atado para la eternidad se habrá cumplido al pie de la letra.

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