sábado, 14 de noviembre de 2015

En qué manos está el gobierno de las naciones civilizadas, de las guerras del pichabrava Hollande a la justicia del desigual Rajoy


Decía el gran teórico de la materia, el inefable Clausewitz, que la guerra no es más que la continuación de la política con otros medios.
Hollande teme que la muy belicosa Le Penn le gane las próximas elecciones a la presidencia de la república francesa y entonces ha transformado su extraordinario ardor sexual en un mucho más peligroso ardor guerrero, ya se sabe: “Ardor Guerrero vibre en nuestras voces. Y de amor patrio henchido el corazón. Entonemos el Himno Sacrosanto. Del deber, de la Patria y del Honor” dice el himno de la academia militar de infantería de Zaragoza.
Pero lo malo de las guerras es que constituyen un juego de toma y daca. Hollande se ha vuelto loco últimamente y ha enviado a sus aviones a sembrar la muerte por donde veía una ocasión, como ya hemos dicho, para desarmar a la muy belicosa Le Penn, y los pueblos que él machacaba le han acusado recibo. Y no es la primera vez. Todavía resuena por las esquinas francesas el echo del incalificable atentado de Charlie Hebdó, cuando ya tenemos otro que se presenta mucho peor, ayer, cuando me dormía, oí que eran ya más de 120 muertos los habidos en este injustificable atentado.Pero que no se confunda nadie. Que el atentado, o los atentados, de ayer en París no sean en modo alguno justificables, no quiere decir que sean también inexplicables: el que juega con fuego tantas veces, acaba inexorablemente quemándose.
De hecho, yo, en mi obra Los jueces de Israel, predije, con una precisión quirúrgica, los atentados de las torres gemelas de Manhattan, una veintena de años antes de que se produjeran.
¿Facultades adivinatorias? Ninguna. Simple aplicación de la lógica aristotélica a la situación.
Escribamos, ahora, un poco de lo que está sucediendo en el mundo jurisdiccional español. 
He escrito mucho, tal vez demasiado, sobre este tema. He dicho, por activa y por pasiva, que el mundo judicial actual es el directo sucesor del mundo judicial franquista.
No era un trabajo difícil el que Franco le encargó a su edecán Fraga.
Los jueces son por su propia naturaleza ultraconservadores, tienen que serlo, para condenar a otros hombres a la ruina y la miseria, a veces, con absoluta justicia, y quedarse tan frescos sin pensar por un momento que cuando se condena a alguien a tales penas, éstas las van a sufrir no sólo ellos, los incumplidores de las leyes sino también sus hijos y sus mujeres.
Se tiene que estimar mucho a sí mismo un señor que es capaz de irse tranquilamente a su casa, a comer y a dormir, cuando acaba de lanzar a la miseria a toda una familia.
Pero es que ellos no sólo no piensan así sino que están absolutamente convencidos de que la suya es una función egregia, insuperable desde el punto de vista humano.
Decía yo hace unos días por aquí, cuando se planteó la recusación de  los jueces López y Espejel, que ésta iba a resultar infructuosa porque yo en mis casi 50 años de profesión ante los tribunales, nunca había visto no una recusación contra un juez que triunfara sino tan siquiera una simple recusación contra ellos. Nunca. Durante casi 50 años.
Parece, pues, que me he equivocado, ¿no?
Fíjense ustedes bien en lo que ha ocurrido.
En virtud de la doctrina impuesta por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, TDHE, una especie de tribunal supremo a la manera de la Unión Europea, el tribunal que ha resuelto sobre la recusación de estos dos magistrados no ha tenido más narices que admitir la recusación en virtud del principio de dicho tribunal que manda que los jueces no sólo deben de ser imparciales (imparcialidad subjetiva) sino también parecerlo (imparcialidad objetiva).
¿Y bien?
Apenas pronunciado el fallo apartando a dichos jueces del conocimiento del asunto Bárcenas, las tvs nos mostraron a López saliendo del brazo de su sucesor, que no se ha cortado un pelo de afirmar algo que le sitúa mucho más allá de donde aquél estaba: este asunto no afecta al PP más que de un modo colateral.
En realidad, en puridad, este sr., creo que se llama Hurtado, con sus  declaraciones, ya se ha situdado tambièn como López y Espejel mucho más allá de donde estaban éstos puesto que ya ha prejuzgado su fallo:
El PP no tiene nada que ver con Bárcenas.
De modo que las acusaciones tendrían que empezar otra vez con este cuento de la buena pipa, recusar a este señor por falta de la susodicha imparcialidad objetiva. Y así, una y otra vez, en un juego que se desplazaría hasta el infinito porque nunca encontrarían un juez español capaz de condenar al PP, es por eso que los peperos siempre exigen cuando alguien los acusa de corruptos ¿dónde está la sentencia que así lo establece? Esta es su gran coartada, que ellos repiten una y otra vez, sabiendo como saben que después de que el juez Ruz no se atreviera a acusarlos directamente teniéndolo a huevo como lo tenía, ningún otro magistrado se atreverá nunca a hacerlo.

5 comentarios:

Futbolín dijo...

Ya vuelven a enseñar la patita rápidamente los fascistas, siempre el mismo truco del almendruco, cogen a 4 descerebrados les prometen las valkirias el paraíso y el sursum corda, les inducen a atentados suicidas para luego justificar el estado de excepción e iniciar la guerra santa para robarles el petróleo, todo es falsa bandera pero realizado con auténticos terroristas de nivel kamikaze , con menos cerebro que un mosquito y que no saben ni a quien les están haciendo el juego.
Bombardean los occidentales sus países mientras que a los que mas matan los supuestos radicales islámicos del EIL son a los mismos musulmanes, a los infieles prácticamente ni les rozan, pero como ahora los rusos están reventando la pantomima algo tienen que hacer para que se impliquen a fondo. ¿y que hacen? Pues lo de siempre masacrar gente inocente para que los gobiernos tengan la excusa para implicarse mas en el robo del petróleo, son siempre operaciones gemelas como lo de las torres GEMELAS.

Anónimo dijo...

Como siempre, ¡cuanta razón D. José!

Y lo mismo Futbolín.

Saludos tristes,

Negras tormentas.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

No sabéis cuánto os agradezco no sólo que me leáis sinos que, además, comentéis. A veces, tengo la sensación, ante el silencio de los corderos, de que me esfuerzo y trabajo para mi sólo.

El comentario de futbolín es magnífico porque a su formidable argumentación une la brevedad y ya se sabe que, según Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Un abrazo a ambos,

bemsalgado dijo...

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2015/11/16/je-suis-forcarei/0003_201511G16P17993.htm
16 de noviembre de 2015. Actualizado a las 05:00 h.

X. L. Barreiro Rivas

«Je suis Forcarei»


Nací en Forcarei, y desde allí -a 600 metros de altitud- observo el mundo. Y no necesito cambiar de identidad para sentirme solidario, demócrata, pacifista y europeísta, ni para distinguir la violencia legítima de la ilegítima. Tampoco necesito «ser París» para criticar duramente la forma en que la UE -a remolque de EE. UU.- está administrando sus políticas de vecindad. En modo alguno quiero «ser París» si eso me impone abrazar la ñoñería con la que estamos gestionando los zarpazos de la guerra, aceptar el maniqueísmo que tanto nos confunde, hacerme solidario con modelos de respuesta que considero gravemente equivocados, o asumir titulares -¡Guerra, guerra, guerra!- que me recuerdan la Europa enloquecida de 1914. Y tampoco quiero «ser París» si en el lote parisino van incluidos algunos de los yihadistas que asolaron la ciudad en la que habían nacido, a cuyas escuelas asistieron y cuyo idioma hablan con el mismo acento que Hollande.

En términos éticos tampoco puedo decir «Je suis Paris» si antes no sentí la imperiosa necesidad de gritar «Je suis Estambul», «Je suis Palestina», «Je suis Crimea», «Je suis Ucrania», «Je suis un refugiado sirio», «Je suis un pasajero del vuelo KGL-9268» y «Je suis Kandahar, Bagdad, Kurdistán, Alepo, Trípoli o Kabul». Por eso me quedo en Forcarei, que en esto de las guerras mundiales siempre fue prudente, y que, para llorar por unos no me obliga a olvidar la injusticia y el horror que se comete con los otros. En Forcarei, además, no tenemos ni sables, ni himnos ni banderas, y por eso, en vez de fingir un patriotismo aguerrido, deseamos paz a los muertos y nos sentimos mejor. El mundo actual se ha banalizado hasta tal punto que solo sabemos agruparnos en torno a teatralizaciones y frases vacías que nos conducen a nuevos errores.

Porque si en vez de decir «Je suis Paris» hubiésemos dicho «Je veux que la UE organice su política exterior y de defensa común», habríamos tirado la primera piedra contra el caos que estamos montando a nuestro alrededor, contra los que -como Francia e Inglaterra- prefieren ir de gallitos a la salvación del mundo antes que integrarse en un plan viable que incluya democracia y libertad, y contra los que destruyeron Libia, armaron a los yihadistas de Siria, apoyan a los fundamentalistas de Arabia, venden armas a los mismos que bombardean, y están cerrando un balance cuyo resumen es que en todos los sitios donde hemos intervenido desde 1990 hay más miseria, muerte y terror -y menos esperanza- que antes.

Aunque mi identidad con Occidente y sus modelos de vida es absoluta, no basta para hacerme creer que somos víctimas inocentes de este chapucero conflicto. Tony Blair ya explicó dónde empezó todo. Y aunque no pretendo negarle a nadie su derecho a chuparse el dedo, no encuentro razones -¡Je suis Forcarei!- para hacerme parisino.
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……………………

Buenos días, José y un fuerte abrazo.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Un fuerte abrazo, bem. el otro día me asusté mucho porque entré en tu blog y malentendí seguramente uno de esos párrafos que a veces escribes, en el que se decía algo así como que alguien se despedía y me afligí sobremanera porque pensé que el que se marchaba eras tú, una de las pocas personas a las que admiraré hasta la muerte.

Ahora parece que, como siempre, leí mal y,encima,, vienes por aquí y nos traes ese texto tan bueno del hombre de Forcarei, lugar del que yo también me he hecho, desde hoy, habitante.

No sabes cuánto me alegro de saber que todavía vas a seguir viniendo por aquí de vez en cuanto.

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