jueves, 19 de noviembre de 2015

¿Es ya la tercera guerra mundial?

A veces, como soy un feroz partidario de la duda metódica que inauguró Descartes, pienso que todo lo que escribo por aquí son las locuras de un tío que nunca estuvo muy bien del perol y que, ahora, encima, une los desvaríos propios de los 87 años.
Lo 1º que hago, cuando me levanto, es leer el post del día anterior para comprobar las locuras que escribí entonces y casi siempre encuentro motivos para arrepentirme de algo, en este caso de haber llamado a Hollande “pichabrava” porque el bueno de François no es más lascivo que yo. En fin, pido perdón por ello y prosigo.
Decía yo ayer, fundamentalmente, respecto a los atentados de Francia, dos cosas: 1) que no eran sino el episodio de una guerra y 2) que el auténtico motivo de la intervención de Hollande en cualquier guerra que se lo ponga por delante no es otro que darle la batalla a la Lepen en su propio y belicoso terreno, porque, desde luego, Marine ha demostrado que es de armas tomar. Y no te digo nada del inefable Sarkozy que quiere anillar con pulseras inapelables a todos los morenos que habitan en Francia, no sé de dónde piensa sacar tantas  pulseras porque, según Houellebec, ahora mismo el país galo está ya a punto de que lo gobierne un árabe.
Respecto a 1) todo el mundo parece que se está poniendo de acuerdo, no es ya que los Hollande y Valls, presidente y primer ministro franceses, lo proclamen así sino que los propios asaltantes de la sala de fiestas también se cuidaron de decirnoslo: “vamos a hacer con vosotros lo que vosotros estáis haciendo en Siria”.
En cuanto al punto 2) no aparece tan probado como el 1) pero a mi no me cabe ninguna duda de que Hollande actúa así para demostrar a los franceses que es tan belicoso, por lo menos, como la propia Marine y el ínclito Sarkozy.
Tan belicoso es que no sólo ha dicho que van a ser implacables sino que se ha apresurado a mandar al teatro de batalla el portaviones Charles de Gaulle, para que los aviones no tarden mucho tiempo en repostar y puedan mantenerse los bombardeos en Siria sin interrupciones.
Tengo la impresión de que ustedes han oído estos días hablar un poco de la proporcionalidad, que, por cierto, es uno de los requisitos que se exigen para que exista la legitima defensa, según todos los códigos penales del mundo, o sea que la defensa que pueda hacer el ofendido ha de ser proporcional al ataque.
¿Fue proporcional que el Enola gay, el avión que arrojó las dos bombas atómicas sobre Hisosima y Nagasaki, hiciera esto como el que lava?
Los que dieron las órdenes para que se produjera Pearl Harbor sí que acabaron de mala manera por su traicionero crimen.
Otro de los requisitos para que concurra la eximente plena de la legitima defensa es la inmediatez de la reacción de la víctima del ataque.
Entonces, ¿fue legítimo el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki?
No sólo fue considerado legítimo sino ejemplar de tal manera que el  Enola Gay fue objeto de culto por los yanquis durante mucho tiempo hasta el punto de que éstos acabaron desmontando el bombardero pieza a pieza para recuerdo, de modo que, luego, tuvo que ser reconstruido.
Anoche, los franceses respondieron al último ataque del EI con el bombardeo, 20 bombas en total portadas por 10 cazas, contra la ciudad Raqqa, ciudad base de dicho grupo en Siria.
Esta ciudad ¿está habitada únicamente por los miembros del EI o viven en ella también ciudadanos civiles, si se me permite este pleonasmo ya  que todos los ciudadanos, por definición, son civiles puesto que viven en la “civitas”.
Me ha parecido muy interesante el artículo que Xavier Vidal Folch ha publicado en El País en el que dice:
“Si esto es un ataque terrorista, no estamos desprovistos de cobertura. Aplíquese la “cláusula de solidaridad” del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Dicta el artículo 222 que la Unión y sus socios “actuarán conjuntamente con espíritu de solidaridad si un Estado miembro es objeto de un ataque terrorista”, y para ello “movilizará todos los instrumentos de que disponga”, incluidos los “medios militares” adecuados.
Seguro que hay muchas maneras de actuar “conjuntamente con espíritu de solidaridad”. La clave es que se identifique la mejor manera de hacerlo, se defina el objetivo, se concreten los medios y se apoye, desde la fuerza de los Veintiocho y no solo desde la complicidad de los ciudadanos, a los franceses.
Esto significa que, más allá de los (imprescindibles) mensajes de solidaridad, los Gobiernos y la Unión deben tomar medidas.
Pero ¿y si esto es más que un ataque terrorista? ¿y si esto, como reitera París, significa que estamos en guerra? Habrá que aclararse si es que nos hacen la guerra, si la hacemos, si la hemos declarado, lo que sea. Todo conlleva matices.
Pero dentro de los matices, lo que parece jurídicamente fuera de duda es que, por lo menos, el Estado Islámico está en guerra con Francia, o más sencillo, la ataca mediante las armas.
Hay cobertura para este caso, —de mayor envergadura que el anterior—: el artículo 5 del Tratado de Washington, que fundó la Alianza Atlántica. Dice: “Las partes convienen en que un ataque armado contra una o varias de ellas (...) se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas” y por tanto todas y cada una deberán responder en comandita con las medidas “necesarias”. Es la “cláusula de defensa común”.
Claro que habrá que apelar a la juridicidad (acuerdo de la ONU, Consejo de Seguridad); a la proporcionalidad; a la reafirmación de la “justa causa” en este caso, de legítima defensa y objetivo claro; a la “recta intención” que incluye una vara igualitaria de medir; al principio del uso de la fuerza como “último recurso”, y a su eficacia. Admitamos que los artículos 222 de Lisboa y 5 de Washington no son la panacea. Que nos indiquen una vía mejor”.

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