miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Cup y yo

El otro día dejé caer por aquí que yo era mucho más radical que los de la Cup y reconozco que es posible que esto a algunos les puede haber parecido un auténtico disparate, pero les aseguro que no lo es.
Los que me sigan habitualmente, si es que hay alguno que lo haga todavía, saben que soy un marxista, comunista convencido, lo que, entre otras cosas implica la creencia a rajatabla en lo que yo llamo el imperativo categórico marxista: a la sociedad, o sea, a los demás, todo lo que puedas aportar, sin reservas, de la sociedad, sólo lo que necesites para el bienestar tuyo y de los tuyos.
Esto es lo que hace tan difícil, si no imposible, de practicar el comunismo, su total desinterés particular.
Pero quiero recordar, aquí y ahora, que hay otra ideología política, el cristianismo, que sí que logra practicar este desinterés supremo en alguna de sus órdenes religiosas, o sea, que imposible no es, lo que tal vez hubiera que hacer es cambiar radicalmente los métodos de formación de la mente, del espíritu, de los neonatos comunistas.
Pero no me digan que no es hermoso siquiera pensar en un mundo así, en el que todos trabajaran para los demás.
Lo que sí que está claro para cualquier persona honrada es que este mundo actual no nos sirve.
Toda persona decente no puede admitir siquiera el pensamiento de esa abismal desigualdad que existe entre los plutócratas encerrados en esas torres de marfil que son los rascacielos de Manhattan y esa  pobre gente que ahora mismo muere de hambre y de frío tras las alambradas de espino que los europeos han colocado para detener esa avalancha incontenible que huye aterrorizada de esas guerras interminables que los potentados usanianos mantienen a lo largo y lo ancho de este asqueroso mundo, en el que hasta la inocencia integral de los niños es salvajemente masacrada.
Y que ahora me vengan augustos periodistas, que escriben olímpicamente en los mejores diarios y que incluso reciben premios por lo bien que lo hacen, afirmando que éste no sólo es un mundo aceptable sino el mejor de todos los mundos posibles, a mí, por lo menos, me parece la mayor de las obscenidades y los descalifica como seres humanos para siempre porque han traicionado el maravilloso axioma de Terencio: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto”, soy hombre y pienso que nada humano me es ajeno.
Pero, volviendo al principio, ¿por qué me considero más radical que los de la Cup?
No sé, porque no he estudiado a fondo, su ideario, si ellos, que he leído que son anticapitalistas, antinacionalistas, antieuropeístas, anti todo, piensan, como yo, que el mundo habría que rehacerlo de nuevo y empezar otra vez, pero teniendo el máximo cuidado para que el poder social no volviera a desmandarse, para que el dinero, o sea, el poder, no volviera a acumularse en unas pocas manos porque eso sería el principio para que todo volviera a ser como es.

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