lunes, 30 de noviembre de 2015

La deshumanización de la tragedia

Terminators colectivos e individuales
¿Qué fue antes el huevo o la gallina?
¿Qué fue antes la invasión y destrucción de Irak o la atroz canallada de las Torres Gemelas?
“Vamos, vamos, hijos de la patria, el día de gloria ha llegado”.
Y diez cazabombarderos, como todos los días, despegan de la cubierta del Charles de Gaulle para ir a machacar a Raqqa, una ciudad de 220.268 (2012) habitantes que ha cometido el pecado de ser elegida por los yihadistas como el centro de sus operaciones en Siria.
Pero en Raqqa, además de yihadistas hay habitantes civiles, que no tienen culpa de nada como no tenían culpa de nada aquellos que fueron al concierto en la sala Bataclán, de París, el pasado viernes 13 de noviembre de 2.015, un día más para la historia universal de la infamia.
Todos los códigos penales del mundo recogen la eximente plena de la legítima defensa, por la cual están exentos de responsabilidad criminal los que obran en legítima defensa de su persona o bienes o de las personas o bienes de sus familiares más íntimos.
¿Es legítima defensa bombardear una ciudad que no tiene aviones de caza ni mucho menos pilotos?
¿Es legítima defensa asesinar brutal e indiscriminadamente a 130 personas que habían acudido a la sala de fiestas Bataclán para asistir a un concierto de una banda de rock?
Hace 70 años que yo estudié en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia dos cursos de Derecho penal bajo el magisterio del catedrático Ferrer Sama.
Y me resultó apasionante penetrar en el mundo de los crímenes y delitos y de las circunstancias atenuantes y eximentes de la responsabilidad criminal.
Hoy, 70 años después, cuando cuento ya con 87 penosos inviernos, me enfrento a esos espantosos sucesos indignos de la condición humana y en los que ambas partes alegan para exonerarse de sus acciones criminales la eximente plena de la legítima defensa.
Si no recuerdo mal, que todo es posible, una de las condiciones para que concurra la mencionada circunstancia es la proporcionalidad de la acción que realiza el ofendido para defenderse del ataque injusto.
Y otro requisito, no menos importante, es que la reacción a la agresión se produzca inmediatamente a ésta.
¿Quién tiró la primera piedra, Occidente o el Daesh? ¿Quién está tirando todos los días piedras sobre Raqqa? ¿Por qué, en lugar de enviar a Siria inatacables aviones que matan indiscriminadamente a asesinos del EI y a niños indefensos, los sedicentes efectos colaterales, no se actúa con milicias de a pie, que se enfrenten individualmente a esos salvajes y dementes asesinos yihadistas y que podrían discriminar perfectamente entre los efectivos militares y los inocentes civiles, ya sé que por Siria pululan milicias de varias partes, pero son mercenarios, asesinos profesionales que venden sus armas a los mejor postores que todos sabemos quienes son?
No creo que la Francia que exhorta a sus hijos a ir a Siria a pelear desde el Charles de Gaulle contra ciudades sin artillería antiaerea, aviones de caza ni pilotos de guerra, los esté enviando a cumplir con un día de gloria.
Pero mucho menos aún creo que las matanzas indiscriminadas que los yihadistas realizan en ciudades cuyos habitantes no sólo viven en paz sino que incluso se manifiestan contra las declaraciones de guerra de sus dirigentes políticos y que, por ello, son violentamente reprimidos con porras eléctricas y gases lacrimógenos, sean justificables desde ningún punto de vista.

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