domingo, 8 de noviembre de 2015

La enseñanza del alcalde de Zalamea

Siempre he dicho que no creo en los científicos, en los sacerdotes ni en los jueces, que sólo creo en los poetas, por eso esta mañana me ha venido a la cabeza eso de “al Rey” o al Reino “la vida y la hacienda se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. El alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca.
Esto, claro está, a propósito de Catalunya.
Yo, a diferencia de ese montón de sabios de todas las ramas que se agolpan por todas partes gritando “diálogo, diálogo”, creo que la situación es ya absolutamente irreversible porque afecta ya a lo más íntimo y apreciado de cualquier pueblo, a su honor, a su fama, a su honra, de modo que es posible que a los catalanes les vaya pésimamente si se van, pero se tienen que ir, porque yo lo dijo otro gran hombre, en este caso un almirante, sí, un tipo como éste ahora tan vilipendiado por los que mandan, el general de 4 estrellas, al que el consejo de ministros acaba de insultar, “mas vale honra sin barcos que barcos sin honra”.
Esto no tiene ya vuelta a atrás.
Cuando la canallesca, después de 30 años de saberlo todo, abre ahora todas las exclusas del cenagoso pantano de los Pujol y saca, cada día, una nueva noticia sobre su corrupción, ha herido en lo más profundo de su alma al pueblo catalán que, estoy seguro que aborrece a estos corruptos mucho más que nosotros porque los ha sufrido, los sufre y los sufrirá en su propia carne, en esos centros de salud cerrados, en esos hospitales diezmados, en ese sometimiento de todo el pueblo a los intereses de los oligarcas.
Pero nosotros, los de al otro lado del Ebro, hemos hecho todo, absolutamente todo lo que no debíamos, lo que sólo se hace contra los enemigos más abominables, no con esos hermanos a los que decimos querer.
Yo citaba por aquí, el otro día, a Franklin Delano Roosevelt y su célebre frase: “Somoza tal vez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” y señalaba cómo es el sentido de pertenencia el que cohesiona a los pueblos.
Cohesión, sentido de pertenencia. 
Cada vez que alborozadamente el españolito lanza hurras al cielo porque a los Pujol se les descubre un viejo latrocinio o uno nuevo porque parece que estos tíos siguen robando todavía, el pueblo catalán se encierra cada vez más en sí mismo, se aísla del resto de este país que tanto se alegra por sus desgracias.
Los Pujol, como los Bárcenas, los Rato, y toda esa inmensa legión de corruptos que pululan por las filas del PP, del Psoe “et altri”, son una enorme desgracia para sus respectivas familias pero son hijos, padres, hermanos, de todos ellos, los catalanes y los españoles y bastante horror tienen ellos con sufrirlos para que encima vengamos nosotros o ellos, a restregárselo o restregárnoslo por los morros.
Este es el error ya irreparable que hemos cometido todos, los de allí y los de aquí, un error que sólo Dios sabe lo que nos va a costar porque, como dijimos antes, esto ya no tiene vuelta a atrás, todo lo contrario, a partir de ahora, todo lo que hagamos de uno u otra parte ahondará mas ese abismo que ya nos separa.


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