viernes, 13 de noviembre de 2015

Rajoy y la igualdad

Hace ya algún tiempo que comencé a escribir un ensayo sobre el nacimiento y la función del lenguaje. Estaba yo entonces en Cáceres, adonde había ido a pasar unos días con mi querida hija Cristy. La inspiración, como siempre, me acometió de pronto e imperiosamente, en la cama, en la que me pasé los 3 días escribiendo furiosamente.
Me imaginé a los cromagnón o a los neardentales gruñendo desesperadamente para convencer a sus compañeros de tribu para que hicieran lo que a ellos, particularmente, les convenía.
Estoy seguro de que fue así y todas las investigaciones bibliográficas que realicé después confirmaron mi tesis.
La Tierra ha dado miles de millones de vueltas sobre su eje y lo esencial de nuestros impulsos siguen ahí.
Los últimos discursos que le he oído a Rajoy siguen el patrón de aquel viejo discurso del cromagnón y del neardental, sólo pretenden engañar a sus compañeros de viaje en este puñetero planeta que no se cansa de dar vueltas alrededor del sol.
El tío dice que luchará hasta la muerte para que todos los españoles seamos iguales ante la ley.
Pero esto no es lo que decía en unos artículos que escribió en El Faro de Vigo, cuando sólo era presidente de la diputación.
Entonces, dijo que los hombres no sólo no eran iguales sino que de ningún modo deberían de serlo.
Es más, dijo también que todo hombre que pretende la igualdad no es más que un repugnante envidioso y llamó a ese ansia de igualdad connatural al hombre como la envidia igualitaria.
Y he aquí que aquel tío que malgastó todo su talento literario escribiendo aquellos dos artículo que debieron de entusiasmar a su mentor, Fraga, hasta el punto de que le ordenó que se dejara ya de devaneos y se casara ya de una puñetera vez, viene ahora y recorre todo el país diciéndonos que va a luchar porque todos los españoles sigamos siendo iguales.
¿En qué quedamos? 
Si los seres humanos no sólo no somos por naturaleza iguales y de ello se han ocupado severamente las leyes fisiológicas como demostrara Mendel, Rajoy dixit, sino que tampoco deberíamos de serlo porque ello lesionaría irreparablemente la justicia meritocrática, ¿por qué ahora, repentinamente, este apóstol de la esencial desigualdad de los hombres va a luchar porque en España, triunfe precisamente lo contrario?
No se preocupen ustedes, los fieles del apóstol de la desigualdad, Rajoy no ha cambiado de opinión, no puede hacerlo, no tiene la flexibilidad mental necesaria para ello, Rajoy sigue utilizando el lenguaje como aquellos nuestros padres de cromagnón y de neardantal, como un instrumento para engañar.
Y lo peor, como acaba de demostrar el New York Times, es que todos, absolutamente todos los periodistas que todavía tienen empleo en España, le darán la razón y escribirán en sus sesudos y brillantes artículos que es verdad lo que el eterno embustero dice: que él está luchando por la igualdad de todos los españoles ante la ley. 
Si será cínico.

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