domingo, 17 de enero de 2016

A vueltas con los poderes del Estado.

Si yo tuviera tiempo y salud, que no tengo nada de ambas cosas, dedicaría mi vida, como un Montesquieu cualquiera, a teorizar sobre los llamados poderes del Estado.
Qué lejos están ya los tiempos en que el famoso vizconde escribió su "L’esprit des lois", y la historia lo devora todo como el más famélico de los perros.
Legislativo, ejecutivo, judicial, ja. Ejecutivo por todas partes, 
ejecutivo.
Se trataba, se trata, se tratará de tener en sus férreas manos el dominio del mundo.
Dominio viene del latín "dominus", señor, y se trata de hacerse con el dominio de todas las cosas de manera que no escape a él ni siquiera el aire que respiramos. ¿Exageración?
Díganselo al Artico que desaparece a marchas forzadas, de tal manera que pronto nos faltará el oxígeno para respirar, con todos esos frenéticos y famélicos individuos corriendo por las calles de las grandes ciudades con las caras cubiertas con sus leves mordazas.
Insensatos, cuanto más corran menos aire tendrán.
Y el vizconde sigue tan tranquilo en su tumba, riéndose de todos nosotros: legislativo, ejecutivo y judicial.
Y el poder económico, el único que de verdad lo puede todo, le acompaña en sus grandes carcajadas.
Nos lo dijo un viejo sabio judíoalemán, todo no es más que puñetera economía, de manera que la historia, ese relato lleno de ruido y de furia, narrado por un idiota, ya sé, ya sé que donde dice historia decía en el original vida, no es sino la lucha a muerte de la fuerzas de la producción económica tratando de dominarse mutua y recíprocamente.
Y, como dice el inefable Warren Buffet, esa lucha mortífera la están ganando ellos, que, efectivamente, son muchísimos menos pero que poseen toda la riqueza de las naciones puesto que vivimos en plena sociedad abierta y los liberales, que qué casualidad, son los que mandan en todo el mundo, tienen plena libertad, “laissez faire, laissez paseur”, para hacer todo lo que les salga de los cojones.
O sea que el primero de todos los poderes del mundo es el económico y esto es tan indiscutible que ya nadie lo discute se limitan todos a decir "si, bwana, sí, bwana", vease, si no, a Merkel, a la resserva usaniana, al fmi, al Banco europeo, todos, en su conjunto, son tan poderosos que les importan un pijo que en España gane las elecciones Rajoy o Iglesias, al final, uno u otro no tandrán más huevos que hacer lo que ellos digan.
Ya tenemos, pues, el nuevo primer poder polìtico. 
Y el segundo todavía es peor aún, mucho más ruin, todavía más canallesco. La información.
La información es el derecho que todos tenemos a saber la verdad de todo lo que está sucediendo en el mundo.
Y esta información nos debería de llegar a través de eso que llaman “mass media”, los medios de información de masas, en jodido castellano, la prensa.
Yo tengo 87 años, estoy enfermo, casi no puedo andar. La última vez que salí a la calle para enterarme directamente de lo que estaba pasando fue cuando el 15M.
Ahora, todo lo que sé del mundo me llega siempre a través de otros.
O sea que yo sé lo que los otros quieren, o me dejan, que sepa.
Sí, ya lo sé, se puede jugar a la contra, o sea deducir que todo lo que está sucediendo en el mundo es todo lo contrario de lo que nos cuentan.
Pero es que esta jodida manera de informarse ellos también la tienen en cuenta y nos narran la historia de tal modo que cualquier interpretación que hagamos de ella les favorezca.
O sea, que el segundo poder es la prensa.
Y no sigo más. No porque esté cansado sino porque creo que ya es suficiente para que cualquiera sepa con quién nos estamos jugando los cuartos.
Como dice esa inmensa buena persona que es Tardá, salud, y nadie sabe mejor que yo que esto es lo más grande que puede deseársele a la gente.

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