sábado, 9 de enero de 2016

El 15M y Podemos

El otro día escribía yo por aquí que el inefable Pedro Arriola me parecía un genio, maléfico, pero un genio, y lo hacía a propósito del  lance de ese puñetazo que recibió Rajoy precisamente en su tierra y, a pesar de que no he leído ningún comentario sobre aquel post-lo que es completamente natural dada la dificultad que, a primera vista aparece de que precisamente unos familiares de su mujer se hicieran cómplices de un atentado que, entre otros efectos perversos para dicha familia, suponía la inevitable detención del muchacho y su internamiento en un correccional, lo que, por otra parte podría ya estar decidido de antemano de manera que con la conspiración arriolana se mataban dos pájaros de un tiro-.
Yerra quien piense que Arriola no es capaz de idear y poner en práctica una conspiración semejante.
Recuerdo que, cuando los famosos hechos del 15M, ya expuse yo entonces una conspiración arriolana que parecía mucho más improbable todavía.
Eran inminentes una elecciones y la gente andaba tan inquieta e indignada como ahora, sólo que entonces quien ocupaba el poder era el Psoe de Zapatero.
Soy plenamente consciente de que mi tesis contradice todo lo que  se viene diciendo y escribiendo sobre aquel fenómeno de masas supuestamente espontáneo y que yo, ya entonces, atribuí creo que en la mayor de las soledades a la manipulación de la situación ya fuera por el propio Arriola o por el no menos sibilino Rubalcaba.
Porque había algo de antiesponténeo, de evidentemente manipulado en aquel movimiento.
Se habló entonces, y mucho, de su carácter transversal, de que la participación no era ni de la sola izquierda ni de la derecha únicamente, yo mismo y mi hija mayor participamos activamente, fuimos a la plaza central de aquí, la del Ayuntamiento, y hablamos largo y tendido con algunos de los grupos que allí habían establecido sus reales.
Fue así como yo tuve la impresión directa de una falta de espontaneidad esencial, había mucha gente que, como nosotros, no sabía muy bien por qué estaba allí y había también mucho hijo de papá que quería ayudar a sus padres a echar del gobierno aquella gentuza socialista que estaba adoptando aquella ristra de medidas antisociales que levantaban la indignación de la izquierda porque eran contrarias al Estado del bienestar, pero, sobre todo, había gente de izquierdas que al sumarse a la mayoría para mí orquestada por Arriola a través de las nuevas generaciones del PP, estaba sembrando un caldo de cultivo que provocó lo que era realmente inevitable, que los votos descontentos de la izquierda unidos a los naturales votos de  la derecha promotora de aquel movimiento diera lugar a la mayor de las victorias de la ultraderecha, el PP, cubriendo todo el mapa autonómico y municipal de azul, tal como yo no lo había visto en mi vida.
Pero ahora, Podemos dice que ellos son los herederos directos de aquel movimiento que arrasó al entonces partido gobernante, Psoe, sin  tener en cuenta que la inmediata consecuencias de dicho fenómeno no sólo fue la extraordinaria derrota del partido de izquierdas sino también la aplastante victoria de la peor de las derechas que ha gobernado de manera intratable desde entonces.
Los ideólogos de Podemos dicen ahora que no son comunistas ni mucho menos leninistas, todo lo contrario, que ellos se originaron allí, en las plazas y las calles de España en aquellos días y noches, de vino y de rosas, y que, por ello son, como eran aquellos participantes que a mí, por lo menos, no me supieron explicar muy bien quiénes eran, de dónde venían y sobre todo adonde iban, gente no de izquierdas ni de derechas sino de todos lados, también de arriba y de abajo, gente de  todas las procedencias que se unían para acabar con aquella situación que parecía insoportable y que inevitablemente condujo a la más grande de todas las victorias del PP por lo que, si hay que atribuirle aquella grandiosa efemérides a alguien, no cabe la menor duda que hay que hacerlo a Arriola, que fue quien ganó, y no a Rubalcaba que fue quien perdió.
Hay quien ha tratado de equiparar el 15M con el Mayo francés de 1.968. Craso error, el movimiento francés fue de clara inspiración maoísta y, entre otros muchos, estuvo dirigido por Foucault y otros filósofos e intelectuales de significación marxista.

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