viernes, 26 de febrero de 2016

Función de títeres en el Congreso de los diputados (III)

La estrategia sublime
Jaque mate.
Decía yo, ayer o anteayer, que en la comisión negociadora del Psoe había un tipo, bajito, delgado, con barba, absolutamente insignificante desde el punto de vista físico, que siempre se sienta en la última fila, casi fuera de la mesa, y que dicen las buenas lenguas que es un genio de la negociación, habiendo intervenido ya cientos de veces en otras contiendas dialécticas con pleno éxito.
Pues, bien, ahí tenemos sus frutos. Manejando con una habilidad suprema todas las piezas del tablero de ajedrez, ha conseguido que los dos partidos menos votados, Psoe frente a PP y Ciudadanos frente a Podemos han colocado fuera totalmente de juego a sus respectivos contrincantes.
Los 130 diputados de Psoe más C’s ni por asomo sirven para la investidura de Pedro Sánchez, efectivamente, y, como decía ese genio de la política que es Rajoy, imitando al genial Gila, “aquí, alguien está engañando a alguien”, lo que era ratificado después por ese otro genio de la dialéctica parlamentaria que es Rafael Hernando, portavoz del PP en el Congreso, llamándole “pichón” a Albert Rivera, porque se había dejado engañar por Pedro Sánchez.
Pero, hablando de “pichones” aquí, ¿quiénes son los tales?
¿Psoe y C’s que no podrán pasar la investidura si PP o Podemos no votan a favor de la misma o, por lo menos, se abstienen, o PP y Podemos que si no votan a favor o se abstienen cargarán con el sambenito de haber obligado ellos dos a unas nuevas elecciones, con las nefastas consecuencias que eso llevará consigo?

jueves, 25 de febrero de 2016

Función de títeres en el Congreso de los diputados (II)

Una escenificación perfecta.
La encerrona ha sido perfecta y estos jóvenes profesores universitarios, que todo lo que saben lo aprendieron en los libros, y yo no he creído nunca en eso de la historia es la maestra de la vida, han caído en ella como unos pardillos.
Se trataba no de lograr una investidura que era, con los mimbres que hay, absolutamente imposible, sino de torpedear la línea de flotación de ese crucero arrogante que navegaba por las revueltas aguas de la política con una inconsciencia supina, haciéndoles aparecer ante la generalidad de los electores, porque elecciones haberlas haylas, como el culpable de todo lo que ha sucedido en España desde los reyes godos.
Se trataba, digo, de aprovechar esta endemoniada situación de intentar una investidura absolutamente imposible porque el Psoe no se puede jugar ahora toda su larga trayectoria política, como muy bien saben sus gordos y relucientes perros viejos, pactando con su peor enemigo, no de ir a por la investidura de verdad, con todas las armas y bagajes, sino de maniobrar de tal forma, que lo de la tal investidura fracasase, como no podía ser de otra forma, pero, al propio tiempo decirle a un electorado universal justamente irritado: el culpable de todo vuestro desengaño, de toda vuestra desilusión, de todas esta molestias que vosotros vais a sufrir por segunda vez, es esta pandilla de ambiciosos imberbes que ha venido a la política para destrozarlo todo mientras ellos se ríen como si tratara de un juego de niños, cuando en realidad se trata de terminar de una ver por todas con esta inacabable sucesión miseria, hambre, desahucios y muertes, muchas de ellas por suicidio.
Dicen que entre los negociadores del Psoe hay un tío, nada aparente, que siempre se sienta al final de todos y que, por ello parece que se va caer de la mesa, que es un auténtico genio de la negociación. No recuerdo su nombre y no creo que valga la pena ponerme ahora a buscarlo y que, mientras, se me olvide lo que quiero decir.
Dicen también que ha participado en cientos de negociaciones con pleno éxito y que se las sabe todas y, como todos los sabios auténticos, le importa un bledo que no se reconozca su mérito.
Este hombre no sólo ha convencido a su Psoe de que, ahora, no tienen nada que hacer porque la única solución viable para gobernar está en la izquierda, pero ello supone, sin paliativos, la desaparición del propio Psoe. Porque la fuerza que si no es hegemónica ya en la izquierda está a un pelo de serlo es Podemos.
Y los postulados que defienden los podemitas hacen que las proposiciones programáticas socialistas parezcan salidas de un colegio de párvulos.
En estas condiciones, un gobierno de coalición Psoe-Podemos sería un auténtico suicidio socialista, de manera que la única salida para la supervivencia del Psoe radica en no sólo no pactar un gobierno con los podemitas sino todo lo contrario, demostrar “urbi et orbi”, que ha sido Podemos el que no ha querido realizar un pacto de progreso lo que nos ha llevado a todos a unas nuevas elecciones generales.
En estas condiciones, las inevitables nuevas elecciones tendrán un clarísimo culpable, Podemos, y el Psoe espera y desea que esta percepción sea el certificado de muerte de su adversario esencial.
Veremos.
Porque estos imberbes y desaliñados profesores no son tontos del todo, faltos de experiencia en cuestiones prácticas, por supuesto, a trampear y a amagar con una cosa cuando, en realidad, lo que se quiere hacer es precisamente la contraria, todavía no han aprendido, pero aprenderán porque las cogen al vuelo.
Estoy seguro de que, ahora, cuando acaben de comprender la jugada,  harán algo para contrarrestarla que no será, creo, precisamente esto que ahora han hecho de abandonar airados las negociaciones, sino, precisamente, todo lo contrario, volver a ellas, sentarse allí con su vieja propuesta de un gobierno de coalición de todas las fuerzas progresistas y permanecer allí, sentados, hasta la consumación de la engañosa y traicionera farsa del Psoe, que no podrá exhibir en las próximas elecciones las sillas vacías de los podemitas como la clara demostración de su interés de tumbar una investidura que éstos han dicho ya de todas las maneras que están dispuestos a llevar a buen término. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Función de títeres en el Congreso de los diputados

Todo comenzó, hace ya mucho años, escribiendo Rajoy en el Faro de Vigo.
Rajoy.-Dicen que los desprecio, claro que los desprecio, ¿cómo no voy a hacerlo?, están ahí debatiéndose inútilmente contra su destino, no han comprendido aún, después de 4 duros años de aprendizaje, que no hay otra solución que la que yo estoy aplicando.
Sánchez.-(Saliendo por la izquierda, ¿por qué otro lado podía salir?) Yo no estoy de acuerdo con eso. Las soluciones neoliberales están absolutamente obsoletas. Las crisis se suceden inexorablemente, una detrás de otra y, sin embargo, ustedes siguen ahí, erre con erre, sin aprender nada de la historia....
Rajoy.-Los que no aprenden nada de la historia son ustedes. El marxismo ha periclitado, ya no existe más que en China y Korea del Norte y ¡cómo subsiste, salarios de miseria y esclavitud absoluta de la gente!
Iglesias.-(Aparece, también por la izquierda, con su enorme coleta). Según las estadísticas más fiables, las cuatro quintas partes de la humanidad sufre toda clase de miserias para que la otra quinta parte viva como  los ángeles.
Rajoy.-Exactamente, usted acaba de afirmar lo que nosotros sostenemos desde siempre. Una quinta parte de la humanidad ya está en el Paraíso, sólo nos queda, pues, llevar hasta allí al resto.
En este punto, yo, el puñetero autor de estas líneas, no tengo más remedio que intervenir, anteayer, una de las cuidadoras que atienden a mi mujer tuvo que llamar al 112, soportando un temblor de piernas que no le permitía permanecer de pie, porque yo se lo había pedido ante la presencia de un dolor que me empezó en la boca del estómago y que se generalizó en todo el pecho y me subió con sensación de angustia y mareo, pero era el dolor absolutamente insoportable el que me empujó a pedirle ayuda. Antes de los 5 minutos ya teníamos allí al doctor, los enfermeros y a los portadores del aparato para efectuar los pertinentes electrocardiogramas, cuyo dictamen fue, a. D. g., negativo. Al final de la visita y coordinando los resultados de los distintos aparatos con los que llevaron a cabo la auscultación, su diagnóstico fue: “angor pectoris”, angina de pecho, y me preguntó el doctor si yo quería que me llevaran con su ambulancia al hospital y dije que no. En lo que él me dio la razón pues me contó que el hospital tenía llenos de camas todos los pasillos y que los enfermos tenía que se atendidos por el personal sanitario y hacer sus necesidades, allí, a la vista del resto de los que estaban, como ellos, tan mal hospitalizados.
Y, además, tengo 87 años. Esto, sobre todo.
Entonces ¿qué quieren que les diga, que todo este rifirrafe político no es más que una especie de comedia?
Pues se lo digo y ya está.
El PP, ¿qué coño es lo que espera el PP?
Está hundido hasta más allá del flequillo en la corrupción más galopante que nunca haya habido en la historia. Y sabe que de aquí a las futuras elecciones pueden aflorar equis asuntos graves de corrupción aún, pero no le importa. Sabe que su suelo se asienta firmemente sobre la roca de la perversa condición humana. Con plena independencia de que los pensionistas se sientan esquilmados hasta el último céntimo, sabe también que a éstos los aterra la simple posibilidad de que su situación empeore aún más, aunque ello sea casi imposible. De modo que es el horror ante la previsión de un futuro todavía más terrible el que hace que esas personas que, como yo, están en el  ocaso de sus vidas, se aferren a esa imposible esperanza de supervivencia que les queda en medio del horror y el temor.
Ésta es la mitad del sucio suelo que sostiene a esta gentuza.
La otra mitad, la constituyen los hijoputas natos, aquéllos que son hijos de mala madre por su propia estirpe, como diría el ínclito Rajoy, aquellos cuyas madres ya eran putas antes de que el espermatozoide de su padre hubiera pensado siquiera en fecundar aquel maldito óvulo de su madre.
“Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo”-dice el ínclito Rajoy- “se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación. Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado –punto de arranque de un nuevo ser humano- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen en forma matemática de suerte que las células hijas reciben exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas contenido en las células del cuerpo, uno solo pasará a la célula generatriz, el paterno o el materno, de ahí el mayor o menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural del hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades humanas: en él se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas: salud, color de los ojos, pelo, corpulencia…hasta las llamadas psíquicas, como la inteligencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios. Y buena prueba de esa desigualdad originaria es que salvo el supuesto excepcional de los gemelos univitelinos, nunca ha habido dos personas iguales, ni siquiera dos seres que tuviesen la misma figura o la misma voz.
Esta búsqueda de la desigualdad, tiene múltiples manifestaciones: en la afirmación de la propia personalidad, en la forma de vestir, en el ansia de ganar –es ciertamente revelador en este sentido la referencia que Moure Mariño al afán del hombre por vencer en una Olimpiada, por batir marcas, récords…-, en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoraciones, títulos nobiliarios desprovistos de cualquier contrapartida económica…Todo ello constituye demostración matemática de que el hombre no se conforma con su realidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y además un mejor bien ser, de que, en definitiva, lucha por desigualarse.
Por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas –porque como con tanta razón apunta Moure Mariño, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden “Decretar” y establecen para ello normas como las más arriba citadas, cuya filosofía última, aunque se les quiera dar otro revestimento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso y por ello, aunque se llamen asimismos “modelos progresistas” constituyen un claro atentado al progreso, porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es el que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos, que la imposición de esa igualdad relajaría a cotas mínimas al privar a los más hábiles, a los más capaces, a los más emprendedores…de esa iniciativa más provechosa para todos que la igualdad en la miseria, que es la única que hasta la fecha de hoy han logrado imponer”.
-De ahí, a hacer todo lo que ha hecho usted para que en este momento, según las estadísticas internacionales, España sea el 2º país de Europa con más desigualdad social, no hay más factor que esa enorme torpeza que ha demostrado el pueblo español proporcionándole a v.  la posibilidad de llevar a cabo tal monstruosidad, otorgándole la victoria con mayoría absoluta en aquellas tan infaustas elecciones gneerales....Por eso me parece tan cínico por su parte que, ahora, siga haciendo todo lo posible e imposible por tener otra vez la oportunidad de perpetrar otro crimen semejante.
-El crimen seria que v. tuviera la oportunidad de imponer aquí esas condiciones absolutamente monstruosas que han llevado a Venezuela al caos y la miseria que ahora imperan allí.
-A mí me parece más justa la igualdad en la miseria que una quinta parte de la humanidad esté canibalizando a las otras cuatro quintas partes, si no por otra cosa por aquella sublime máxima de Terencio: “homo sum et nihil humanum mihi alienum puto”, soy hombre y pienso que nada humano me es ajeno. Ya sé, ya sé, ya sé que Adam Smith, el primer profeta del liberalismo, dijo aquello de que ese lobo que es el hombre, al luchar antropofágicamente para enriquecerse hasta el infinito-el propio Rothschild admite que su fortuna, en el actual momento, en el siguiente puede haberse aumentado en varios cientos de millones más, es de más de mil millones de millones de dólares, o sea de varios billones, con b, de dólares-hace crecer la producción de tal manera, que la riqueza creada se expande por todo el mundo como un tsunami vivificador, pero a mí, esta afirmación me parece esencialmente falsa.....

martes, 9 de febrero de 2016

Prisión provisional sin fianza de dos tirititeros

Así pasa la gloria del mundo.
Ahora, a mis jodidos 87 años, he descubierto que todo era mentira, no sólo que Dios ya no es más Dios, por lo que es absolutamente inútil esperarle, según trató de demostrarnos Samuel Becket-yo creo que no lo consiguió-sino lo que es mucho más importante, que todas las leyes son perfectamente no cumplibles.
Durante el curso político que está precisamente a punto de acabar, nos hemos cansado, hasta la saciedad, de oír no sólo a los poderes pùblicos sino también, y lo que es mucho más importante, a los mediáticos, gritar por todas las esquinas de su mundo que lo único intangible en una buena democracia es la ley de tal manera que si ésta se incumple aquélla desaparece como por ensalmo.
Hay leyes que podríamos llamar de medio pelo, que, a cada cambio de gobierno, éste puede derogar si tiene la mayoría parlamentaria suficiente, pero hay otras que son tan universales e intangibles que su violación hace desaparecer por la cloacas de la historia cualquier pretensión de sostener que se vive en democracia.
Una de ellas es la ley de libertad de cátedra y otra la libertad de ficción que corrientemente llamamos libertad artística o de creación.
-Oiga-se me dirá-¿afirma usted que desde una cátedra, un escenario, una pantalla de cine o un libro, se puede hacer y decir absolutamente todo?
Esta, como toda afirmación humana, es relativa.
Se trata, una vez más de la finalidad.
-No será usted-se ne seguirá diciendo-uno de ésos para los que el fin justifica los medios.
-No, señor, pero tampoco uno de ésos para los que los medios justifican el fin. Usted ¿ha pensado que metiendo en la cárcel a los ya famosos tirititeros el fin que se pretendía es atemorizar a todos los artistas para que sujeten de tal modo a su arte para que éste no defienda nunca los intereses contrarios al pensamiento fascista imperante? Porque no me negará usted que el pensamiento fascista es el que impera en España desde aquel triste momento en el que uno de los tres grandes fascistas de los últimos tiempos de la historia universal de la infamia impuso a sangre y fuego su ley para, después, morirse en su cama musitando aquello de “lo he dejado todo atado y bien atado”. El problema de este país nuestro de todos nuestros pecados es que aquí no se ha hecho, como sí que se hizo en los otros dos países fascistas esa labor absolutamente indispensable de borrar de todas las leyes, de todas las instituciones la infame memoria proactiva del fascismo. Por eso, en Alemania, pudo existir un genio radicalmente antifascista como Bertold Brecht y, en Italia otro como Darío Fo.
En España no ha habido gente como éstos porque el marxismo ya nos lo anunció.
El materialismo histórico o dialéctico nos anuncia que la revolución se producirá inexorablemente de una manera mecánica gracias a las fuerzas soterradas que el sistema de producción capitalista lleva en su interior.
Hoy, ya sabemos que esto no es así, que no lo ha sido nunca y que nunca lo será porque Marx no tuvo en cuenta, tal vez incluso las desconocía, las fuerzas malignas que se anclan en el espíritu del hombre.
Los proletarios serán todo lo proletarios que se quiera pero, además, son hombres y el hombre, no sé ya cuantas veces lo he escrito por aquí, para el Doctor Angélico, Tomás de Aquino, es un ser desfalleciente, para Thomas Hobbes un jodido lobo para el otro hombre y, para mí, una mierda seca pinchada en un palo.
O sea que no se puede contar con él para casi nada. Relativismo, coño, relativismo.
Si el impulso revolucionario ínsito en el propio sistema de producción de los bienes provoca de una manera cuasi mecánica un proceso revolucionario que más tarde o temprano acaba por imponerse, también de una manera igualmente mecánica ese jodido y asqueroso animal acabará intentando aprovechar dicho movimiento sólo para su favor y, luego, si no puede hacerlo, desarrimará el hombro y las producciones colectivistas acabarán yéndose a la puta mierda.
“Sic transit gloria mundi”, Karlitos.

sábado, 6 de febrero de 2016

El odio y el desprecio

Algún día, cuando un tipo de la categoría intelectual de Ortega y Gaset se decida a dar un repaso a nuestra historia reciente, lo que seguramente le llamará más la atención será esa especie de sometimiento servil de la mayoría de la población a una casta que no sólo los desprecia sino que los odia.
Odio: “que se jodan, coño, que se jodan”, la hija de Fabra, en una sesión del Congreso de los Diputados del que formaba parte, no sé si habrá repetido su designación.
El porqué de este odio, lo juro, a mí no se me alcanza.
¿Es por la mala conciencia de la que hablaba Sartre? La clase dominante, la plutocracia tiene mala conciencia de su propia conducta opresora y por eso odia a quien oprime porque le hace sentirse esencialmente culpable.
Tal vez.
En cuanto al desprecio, la frase es de Alfonso Rus, alcalde de Játiva, presidente de la diputación de Valencia y no sé cuántos cargos más.
Esto sí que lo tengo un poco más claro.
Cojamos al prototipo de esta increíble gente.
Su desprecio hacia todos nosotros se basa en un silogismo en Bárbara tan simple como éste:
La oposición a registradores de la propiedad es la mejor de España porque es aquella en la que menos se trabaja y se gana más.
Yo fui el más jóven de los opositores que la ganó en toda su historia, con el número uno y a la primera vez.
Ergo yo soy el tío más listo de España y, por lo tanto, el que debe encargarse de regir sus destinos.
No se rían, por favor, esta gente funciona así.
Y su instinto canalla les hace reconocerse mutuamente al instante:
-Te quiero, Alfonso, te quiero, coño, no lo puede remediar pero te quiero-Rajoy al tal Rus en una de esas frecuentes visitas que el jefazo hacía a Valencia, la región que le llevó al triunfo cuando Aguierre, la Cólera de Dios, intentó cargárselo no hace tanto tiempo.
Y el tal Rus es el tipo aquel que ganó la alcaldía de Játiva prometiéndoles a los xetavenses que si el se convertía en su alcalde les llevaría la playa, el mar, a allí, a aquel pueblo que se halla muchos quilómetros de la orilla del Mediterráneo:
-Coño, y los tíos se lo creyeron y me votaron. Si será burros.
Todo esto es textual. No me he inventado una coma.
La pregunta que surge impetuosamente es: de verdad, ¿los xetavenses son tan burros?
No. Lo que sí que son es profunda, radical, esencialmente inmorales.
Basta ya de ese respeto sacramental al pueblo. El pueblo de Játiva conoce mejor que nadie al que designó como su alcalde. Medio pueblo era ya suyo pero él quería ser dueño de todo, no sólo de los ferrariss y de los mercedes, que ya no sabía donde aparcarlos, no, él quería ser un nuevo rey de Taifas, que todos los xetavenses le pagaran tributos por todo lo que hicieran, el panadero por sus panes, el sastre por sus trajes, todos por todo, coño, ¿acaso no era él el principio y el fin de toda la riqueza que se produce en el pueblo? No en balde el tal Rus saltó a la fama porque este inefable Marcos Benavent, el rastafari del dinero, como él mismo se llama, le grabó íntegra una conversación en un coche en el que lúbricamente Rus contaba, avaricioso, el dinero que acababan de recaudar: “.....doce mil euros, dos millones de las antiguas pelas”.
Estoy seguro que allá, en la cúspide de este infame organigrama del PP, Rajoy, hacía exactamente igual, porque en el fondo todos estos cleptómanos son tan iguales que casi parecen el mismo individuo.
Acaba de descubrirse que Rajoy gana incluso donde todos pierden, en la jodida Bolsa. ¿Será posible? Claro que lo es, todos estos tíos tienen un instinto infalible para oler el dinero.
Pero éste no era el tema de hoy. Yo quería escribir sobre por qué a estos tipos los siguen votando en gran medida unos cuantos millones de personas que no sólo no son tontos sino todo lo contrario.
El tonto, el gilipollas es el obrero o el jubilado que los vota y que no ve como esta gente está dilapidando el fondo de pensiones y el seguro del paro porque estos tíos se llevan el dinero no ya de donde lo hay sino de donde ya no queda un euro, porque son especialistas en hipotecar el futuro.
La inmensa mayoría de los que los votan no son ni obreros ni pensionistas, sino ellos mismos, quiero decir que esos millones de votos que forman el firme suelo que sostiene al PP, y esos 800 mil afiliados al partido que ellos exhiben siempre con tanto orgullo, no son sino los mismos cleptómanos que pululan por todas partes: el tendero que roba siempre en el peso, el emprendedor que no paga no ya a la SS sino tampoco a sus empleados con el menor pretexto, etc. etc., toda esa gente que gira a nuestro alrededor y que cambia de coche o de piso a la menor oportunidad, porque sabe que los de arriba ya se preocuparán de que todo siga así.
Cómo no van a votarles 7 millones de personas si esos 7 millones son ellos mismos y lo escribo en el sentido textual: cuando uno de ellos se descuida en sus robos y lo trincan, es su propio hijo, su hermano o su esposa la que sigue con el mismo negocio, como acabamos de ver con Gómez de la Serna y Arístegui, los dos últimos comisionistas atrapados. En ambos casos, los hijos y las esposa, incluso las provectas madres, son los titulares de las sociedades creadas y alimentadas desde sus cargos políticos por ellos.
Y es por eso por lo que nos desprecian y nos odian: nos desprecian porque somos basura, seres incapaces de rebelarse contra su infame destino, y nos odian, coño, porque estamos ahí, como en las obras de Genovés, pétreos, macizos, irrompibles, gritándoles con nuestras simple existencia que ellos son unos aprovechados criminales.

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