viernes, 22 de abril de 2016

Epístola moral a Pablo

Epístola moral a Pablo
He dicho ya por aquí infinidad de veces que no creo en los apóstoles, ni en los profetas ni mucho menos aún en los científicos, ni en los jueces ni en los militares, que sólo lo hago en los poetas.
Sé que tú piensas, como yo, que la única verdad verdadera y, por lo tanto, digna del mayor de los créditos es la verdad poética, ni la científica, ni la jurídica, ni la dogmática, la poética, por eso, cuando esta mañana, me he despertado no me ha extrañado nada que viniera a mi memoria aquella inmortal epístola que uno de nuestras mayores autoridades de la lírica le dedicara a su amigo Fabio:
Te tengo  por un hombre inteligente por eso me extrañan tanto esta salidas de pata de banco: mi madre dice que se me está poniendo cara de presidente.
Tú  no serás nunca presidente porque tienes en contra todo aquello que en la famosa transición llamábamos poderes fácticos.
Si no hubieses, como González hizo en una situación semejante, abandonado el marxismo, sabrías que los poderes fácticos son imperecederos porque están ínsitos en la naturaleza misma de las cosas, el jodido materialismo histórico, la lucha de clases o como  queramos  llamarle ahora.
Por supuesto que no son ahora los mismos de entonces.
Entonces, el primero de ellos era el Ejército.
Hoy, es el capital.
Hoy, no se puede ser presidente del gobierno teniendo en contra, absolutamente, todas las fuerzas que se engloban en ese concepto genérico.
Porque en esta composición política que históricamente estamos llamando democracia pero que no es tal ni Cristo que la fundó, el capital, en contra de las teorías marxistas no sólo no ha sido derrotado sino que tal vez ha implantado ya las condiciones de base necesarias para que no se le pueda vencer nunca, precisamente porque ha conseguido que se admita como verdad absoluta que impera devastadoramente precisamente el gran descubrimiento del sabio judío alemán de las barbas frondosas: todo no es más que jodida, puñetera, asquerosa economía.
Y la economía te ha dicho a ti que no por las mismas razones que le ha dicho a José Alberto Primo de Rivera que sí, porque tú te has revuelto con toda la furia de tu sagrada indignación contra el capital y éste se ha postrado mansamente a sus pies.
Pablo, tú  no eres un mal líder para una revolución estudiantil pero lo que España necesita son palabras mayores, lo que aquí necesitamos, aquí y ahora, es un Fidel Castro, que acaba de anunciar que se muere,  o un Hugo Chaves, que ya sabemos todos que ha muerto asesinado, gente que con su sola presencia enardecía a las masas, tú, Pablo, no lo haces porque eres demasiado intelectual.
A España, hoy, como a todo país en situación prerrevolucionaria, no  la moverá un intelectual universitario que todo lo que sabe lo ha aprendido en los libros, España necesita un Che Guevara por lo menos, y Ches Gevaras sólo ha habido uno.
Pablo, las ilusiones cortesanas, prisiones son do el ambicioso muere
y donde al más astuto nacen canas.
El que no las limare o las rompiere,ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.
El ánimo plebeyo y abatido elija, en sus intentos temeroso,
primero estar suspenso que caído; que el corazón entero y generoso
al caso adverso inclinará la frente antes que la rodilla al poderoso.
Más triunfos, más coronas dio al prudente que supo retirarse, la fortuna, que al que esperó obstinada y locamente.
Esta invasión terrible e importuna de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.
Dejémosla pasar como a la fiera corriente del gran Betis cuando airado
dilata hasta los montes su ribera.
Aquél entre los héroes es contado, que el premio mereció, no quien le alcanza por vanas consecuencias del estado.
Peculio propio es ya de la privanza cuanto de Astrea fue, cuando regía
con su temida espada y su balanza.
El oro, la maldad, la tiranía del inicuo procede y pasa al bueno.
¿Qué espera la virtud o qué confía?
Ven y reposa en el materno seno de la antigua Romúlea, cuyo clima
te será más humano y más sereno.
Adonde por lo menos, cuando oprima nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno:
«Blanda le sea», al derramarla encima; donde no dexarás la mesa ayuno cuando te falte en ella el pece raro
o cuando su pavón nos niegue Juno.
Busca, pues el sosiego dulce y caro, como en la oscura noche del Egeo
busca el piloto el eminente faro, que si acortas y ciñes tu deseo
dirás: «Lo que desprecio he conseguido, que la opinión vulgar es devaneo.»
Más precia el ruiseñor su pobre nido de pluma y leves pajas, más sus quejas en el bosque repuesto y escondido, que halagar lisonjero las orejas de algún príncipe insigne, aprisionado en el metal de las doradas rejas.
Triste de aquel que vive destinado  esa antigua colonia de los vicios,
augur de los semblantes del privado.
Cese el ansia y la sed de los oficios, que acepta el don y burla del intento el ídolo a quien haces sacrificios.
Iguala con la vida el pensamiento, y no le pasarás de hoy a mañana,
ni quizá de un momento a otro momento.
Casi no tienes ni una sombra vana de nuestra antigua Itálica, ¿y esperas?
¡Oh error perpetuo de la suerte humana!
Las enseñas grecianas, las banderas del senado y romana monarquía
murieron, y pasaron sus carreras.
¿Qué es nuestra vida más que breve día do apenas sale el sol cuando se pierde en las tinieblas de la noche fría?
¿Qué más que el heno, a la mañana verde, seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
¿Será que pueda ver que me desvío de la vida viviendo, y que está unida la cauta muerte al simple vivir mío?
Como los ríos, que en veloz corrida se llevan a la mar, tal soy llevado
al último suspiro de mi vida.
De la pasada edad, ¿qué me ha quedado? ¿O qué tengo yo, a dicha, en la que espero sin ninguna noticia de mi hado?
¡Oh, si acabase, viendo como muero, de aprender a morir antes que llegue aquel forzoso término postrero, antes que aquesta mies inútil siegue de la severa muerte dura mano, y a la común materia se la entregue!
Pasáronse las flores del verano, el otoño pasó con sus racimos,
pasó el invierno con sus nieves cano; las hojas que en las altas selvas vimos cayeron, ¡y nosotros a porfía en nuestro engaño inmóviles vivimos!
Temamos al Señor, que nos envía las espigas del año y la hartura
y la temprana pluvia y la tardía.
No imitemos la tierra siempre dura a la aguas del cielo y al arado,
ni la vid cuyo fruto no madura.
¿Piensas acaso tú que fue criado el varón para rayo de la guerra,
para surcar el piélago salado, para medir el orbe de la tierra
y el cerco donde el sol siempre camina?
¡Oh, quien así lo entendiese cuánto yerra!
Esta nuestra porción, alta y divina, a mayores acciones es llamada
y en más nobles objetos se termina.
Así, aquella que al hombre sólo es dada, sacra razón y pura, me despierta, de esplendor y de rayos coronada;
y en la fría región dura y desierta de aqueste pecho enciende nueva llama, y la luz vuelve a arder, que estaba muerta.
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama y callado pasar entre la gente,
que no afecto los nombres ni la fama.
El soberbio tirano del Oriente, que maciza las torres de cien codos
del cándido metal puro y luciente, apenas puede ya comprar los modos
del pecar; la virtud es más barata, ella consigo mesma ruega a todos.
¡Pobre de aquel que corre y se dilata por cuantos son los climas y los mares, perseguidor del oro y de la plata!
Un ángulo me basta entre mis lares, un libro y un amigo, un sueño breve,que no perturben deudas ni pesares.
Esto tan solamente es cuanto debe Naturaleza al simple y al discreto,
y algún manjar común, honesto y leve.
No, porque así te escribo, hagas conceto que pongo la virtud en ejercicio; que aun esto fue difícil a Epicteto.
Basta al que empieza aborrecer el vicio y el ánimo enseñar a ser modesto; después le será el cielo más propicio.
Despreciar el deleite no es supuestode sólida virtud, que aun el vicioso
en sí propio le nota de molesto.
Mas no podrás negarme cuán forzoso este camino sea al alto asiento,
morada de la paz y del reposo.
No sazona la fruta en un momento aquella inteligencia que mensura
la duración de todo su talento.
Flor la vimos primero hermosa y pura, luego materia acerba y desabrida, y perfecta después, dulce y madura; tal la humana prudencia es bien que mida y dispense y comparta las acciones
que han de ser compañeras de la vida,esos inmundos, trágicos, atentos
al aplauso común, cuyas entrañas son infaustos y oscuros monumentos.
¡Cuán callada que pasa las montañas el aura, respirando mansamente!
¡Qué gárrula y sonante por las cañas!
¡Qué muda la virtud por el prudente!
¡Qué redundante y llena de ruido por el vano, ambicioso y aparente!
Quiero imitar al pueblo en el vestido,
en las costumbres sólo a los mejores,
sin presumir de orto y mal ceñido.
No resplandezca el oro y los colores en nuestro traje, ni tampoco sea
igual al de los dóricos cantores.
Una mediana vida yo posea, un estilo común y moderado,
que no note nadie que lo vea.
En el plebeyo barro mal tostado hubo ya quien bebió tan ambicioso
como en el vaso múrino preciado; y alguno tan ilustre y generoso
que usó, como si fuera plata neta, del cristal transparente y luminosos.
Sin la templanza, ¿viste tú perfeta alguna cosa? ¡Oh muere!, ven callada, como sueles venir en la saeta, no en la tonante máquina preñada de fuego y de rumor, que no es mi puerta de doblados metales fabricada.
Así, Fabio, me muestra descubierta su esencia la verdad, y mi albedrío
con ella se compone y se concierta.
No te burles de ver cuánto confío, ni al arte de decir, vana y pomposa,
el ardor atribuyas de este brío.
¿Es, por ventura, menos poderosa que el vicio la virtud? ¿Es menos fuerte?
No la arguyas de flaca y temerosa.
La codicia en las manos de la suerte se arroja al mar, la ira a las espadas, y la ambición se ríe de la muerte.
¿Y no serán siquiera tan osadas las opuestas acciones si las miro
de más ilustres genios ayudadas?
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro de cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al alto fin que aspiro antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

lunes, 11 de abril de 2016

Prohombres


Prohombres, el Ibex o Tibex no sé cuantos, Ciudadanos, el primoriverismo, la conversión del contrato único en el sin contrato, la abdicación del jefe porque la conciencia ya no le deja dormir.
Era el mejor empresario del país, tan bueno era que el resto del empresariado lo consideraba su mayor y mejor ejemplo y le encargó que dirigiera oficiosamente ese conjunto de empresas que se consideraba la muestra más representativa de la producción industrial del Estado. El Ibex, Tipex o Cipex 25, 35, 45 o 55, o algo así.
La 1ª de sus grandes lecciones la dio cuando aún era joven, no demasiado joven pero joven, al fin. Era presidente del consejo de administración, o sea el mandamás absoluto de una de esas empresas que se enriquecen prodigiosamente machacando la salud del resto de los ciudadanos. Fabricaba alcoholes o tabacos o algo así. O sea que era un empresario que empezaba pero que mostraba ya muy buenas maneras. Tan buenas eran sus maneras que pensó lo que piensa todo el mundo cuando ve que el dinero fluye espontáneamente a su alrededor:
-Coño, pero si todo este dinero lo estoy aflorando yo ¿por qué no voy a retribuirme a mí mismo adecuadamente?
Y dicho y hecho. Proyectó una ampliación de capital de la empresa y ordenó al sobrino de su señora que comprara cien millones de acciones de la compañía. Cuando se hizo pública la ampliación, las acciones subieron exponencialmente y el negocio fue uno de los mejores que nunca se hicieron en el país.
Alguien, uno de esos enemigos que todos tenemos, se enteró del gazapo y lo denunció y el caso no tuvo más remedio que ir a los tribunales, como el de las cesión de primas que el difunto Botín hizo en el Santander, pero nuestro ejemplar empresario no iba a ser menos que el padre de Ana Patricia, que ahora ha anunciado que va a cerrar tropecientas sucursales del mejor de nuestros Bancos y echar a la calle no sé cuántos miles de empleados porque ha ganado unos cuantos miles de millones menos, a lo que colaborará decisivamente, porque para eso se creó el partido que dirige, Albert Primo de Rivera, que la próxima innovación que va a introducir en su programa de gobierno es suprimir ese lujazo del contrato único y sustituirlo por el contrato inexistente, es decir que los trabajadores acudan, como en los viejos tiempos de mi pueblo, a la plaza mayor cada mañana y el capataz de turno diga: “necesito mil albañiles hoy pero no sé cuantos precisaré  para mañana, así que, hasta mañana, señores”.
 De manera que los no contratados se irán a su casa y se acostarán, porque, acostados, se pasa menos hambre y menos frío.
Pero, coño, ya me he ido por los cerros de Úbeda.
Estaba hablando del empresario listo que ganó muchísimos millones haciendo que el sobrino de su mujer comprara miles de acciones de la empresa que él dirigía meses antes de aprobar en el Consejo de Administración una magnífica ampliación de capital.
 Lo denunciaron, fue a los tribunales pero no pasó nada porque la acción penal, ya no me acuerdo cómo ni porqué prescribió, o sea que igual que a Botín, nada de nada.
Bueno, sí, como había demostrado de lo que era capaz, lo hicieron presidente de la mayor empresa española y qué les voy a contar.
Allí, hizo todo lo que le vino en gana. Cuando yo trabajaba allí, la empresa tenía de plantilla 75 mil empleados, ahora no tiene ninguno, primoriverismo puro y duro, el ofrecía trabajo todos los días, pero lo trabajadores tenían que acudir a los puestos de trabajo con sus propias herrramientas, con sus propios coches para desplazarse y pagándose la gasolina. Los salarios, de auténtica miseria, no sobrepasaban nunca los mil euros de manera que uno de ellos venía a mi casa a recoger la comida que nos sobraba y no podía traerse con él, desde Sudamérica, a la mujer y a los hijos y él vivía, con otros compañeros de trabajo, en un piso lleno de literas.
Pero ni aún así la cosa carburaba porque la jodida China apretaba que no veas. De modo que nuestro prohombre no tuvo más remedio que dedicarse a comprar empresas sudamericanas del mismo ramo, lavarles la cara y revendérsela a otros empresarios inexpertos.
Pero se ha cansado, se le ha muerto la mujer y no duerme con tantas preocupaciones, de manera que ha abdicado, porque de un reinado se trata, en su primogénito y se ha ido a casa con un montonazo de millones de euros.
Esta es la historia, más o menos, del mejor de todos nuestros empresarios.

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