viernes, 6 de mayo de 2016

La conspiración

Una nota común a todos los partidos de derechas es su tajante afirmación de que ellos no creen en teorías conspiratorias, cuando ellos mismos son los que están sometiendo a todos los colectivos nacionales e internacionales a tantas conspiraciones como las consideran necesarias.
Algunas son tan evidentes que basta sólo con citarlas: Onu, Otan, EE.UU., Unión Europea, etc.
Pero hoy quiero escribir sobre una que ha pasado, creo, totalmente desapercibida.
Podemos ha aparecido como un rayo de luz en medio de las más profundas tinieblas y ha causado, por lo tanto, la más honda preocupación.
Casi nada, un partido nacido realmente del pueblo, que actúa como tal, o sea, como pueblo y que intenta conducir al pueblo hacia sus auténticas libertad y prosperidad.
Es aquel sueño de Lincoln: el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como así definió la democracia aquel presidente tan bueno que lógicamente murió asesinado, inaugurando así una serie de crímenes encaminados a que en aquel enorme país sólo gobernaran los dueños del capital, con los peores designios sobre el destino del mundo, o sea, de todos nosotros.
Ahora, están allí también en elecciones a la presidencia y pugnan por ella un inícuo supermultimillonario poseído de una serie de retrógradas ideas sobre el gobierno de la cosa pública y la esposa de un presidente anterior, que ha sido ya Secretaria de Estado y que vimos la fruición con la que vivía en directo el asesinato, porque fue eso, un asesinato de Bin Laden. O sea otro crimen de Estado que unir a tantos otros, como el de Hugo Chaves.
Y esto me lleva de la mano a la conspiración que ahora se està llevando a cabo sobre Podemos.
Podemos es un grito de auténtica libertad y por lo tanto ataca profundamente, esencialmente a un régimen nazifascista como el que gobierna omnipotentemente en esta país desde pronto hará cien años. O sea que llevamos ya casi un siglo permitiendo que sobre nuestras domesticada cabezas un régimen pensado, creado, sostenido y renovado por todos aquellos sátrapas militares que se hicieron con el poder político mediante uno de los más sangrientos golpes de Estado sufragados por el gran capital.
En julio de 1.936, España había conseguido, a base de esfuerzo y heroísmo instaurar una régimen republicano absolutamente democrático en el que todas las cadenas que nos han oprimido secularmente y que ahora lo hacen con más ahínco aún, fueron abolidas instaurándose una era justicia, libertad e igualdad, que ilusionó al pueblo pero que apenas si duró unos días.
Dos aviesas personas, un contrabandista balear, Juan March, y Franco, el más ambicioso de los generales que en España han sido, conspiraron, una vez más, para que aquella república saltara por los aires cuando apenas había nacido.
El general fue una auténtica losa de plomo para el país porque no sòlo lo aplastó durante 40 espantosos años sino porque se esforzó sobremanera para que el canallesco y monstruoso régimen que él creó con la más cruel de las ferocidades, se perpetuara en el tiempo parece que por los siglos de los siglos.
Este militar, zafio y bestial, buscò y halló a sus Ribbentrop y Goebbels, Fernández de la Mora y Fraga, para que pergeñaran la zafia y brutal teoría que justificara un intento de opresión permanente que perpetuara aquel estado de   cosas  asentado, según cuentan los historiadores extranjeros, en más de un millón de muertos, entre ellos gente de la categoría de Miguel Hernández y Federico García Lorca, que cometieron el imperdonable crimen de ser poetas y amantes de la libertad.
Por eso este régimen de plomo y de acero, ante la aparición de Podemos, un partido político que le dice al pueblo que él, el pueblo, debe de reasumir la tarea de recuperarse a sí mismo como actor de su propio destino, ha montado esta cacería total, esta especie de caza de brujas copiada al pie de la letra de la que el senador McCarthy usaniano llevó a cabo en su país, con el inconveniente insuperable de que allí había alguna prensa que cumplía con su tarea y unas instituciones sociales que no son tan canallescas como las de nuestro establishment.

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