domingo, 19 de junio de 2016

Los otros marxistas


Warren Buffett
Seguramente, como me sucede en todo lo que hago ahora, me equivoco pero, para mí, la esencia del marxismo es aquella frase de don Carlos: “todo es economía”.
Hoy, quiero escribir sobre ese genio de la economía española que es Don Amancio Ortega (AO). ¿He dicho española? Quería decir mundial puesto que Forbes lo coloca día, sí, día, no, entre los tres tíos más ricos del mundo junto a Carlos Slim, el otro yo de Felipe González, y Bill Gates, el de Microsoft.
No puedo resistirme a la tentación de traer aquí y ahora, “hinc et nunc”, el jodido aforismo “sic transit gloria mundi”, así pasa la gloria del mundo, porque antes los divinizados eran el Che Guevara y Hugo Chaves, por haber inmolado sus vidas en el ara de los humillados y ofendidos dostoiesvkianos.
Pero es que eso que ellos llaman cuarto poder y que yo coloco el primero lo ha querido así, por el imperio de la indiscutible norma goebelsiana que reza: una mentira repetida mil veces se convierte en la mayor de las verdades.
Es por eso que yo desespero del destino histórico de la Humanidad.
El hombre no es que sea desfalleciente (Tomás de Aquino) o un lobo para el propio hombre (Hobbes) sino una puñetera mierda seca pinchada en un palo y la vida (Hobbes, también) es la lucha de todos contra todos que, como es lógico, “la estamos ganando nosotros”(Warren Buffett).
Volviendo al tema, el otro día oí por ahí, por una de esas asquerosas emisoras de radio, que uno de esos petimetres intelectuales que llevan por allí decía: “que se puede esperar de gente que considera que Amancio Ortega es un asesino”.
Si asesino es todo aquel que mata a otro, utilizando medios que impidan que el asesinado pueda defenderse, no cabe duda de que AO lo es porque todos los días, por todos los confines de la Tierra, alguien muere de inanición después de haber trabajado más de 24 horas al día por un salario prácticamente inexistente.
Y habrá algún canalla que lo defienda: un salario por muy pequeño que sea es mejor que nada, que no recibir absolutamente nada por lo que trabaja.
Es por eso que titulaba estas letras como los otros marxistas.
El marxista normal, el marxista clásico es aquél que sostiene que la riqueza de las naciones, por seguir la terminología de Adam Smith, se produce cuando el hombre actúa ferozmente en su negocio de tal manera que, al buscar despiadadamente su propio enriquecimiento, da lugar, indirecta e involuntariamente, porque porque si por él fuera el trabajador no percibiría absolutamente nada(AO), a que el esclavo que trabaja para él perciba unas migajas que él, el propietario del negocio o industria, no puede evitar de cualquier manera que reciba.
O sea que la cadena de producción que hoy impera en el mundo, no es sino una variante del asesinato, en el que concurren más o menos agravantes, según el grado de permisividad que ese Estado canallesco, que ellos han propiciado, promueve.



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