domingo, 25 de septiembre de 2016

Qué es lo que busca la ultraderecha del Psoe (II).


Juan Carlos Rodríguez Ibarrra, RI, siempre fue un buen dialéctico, pero ahora lo encuentro mucho más cerca de la sofística, aquella técnica filosófica utilizada por algunos mercaderes de la palabra que acudían al ágora y vendían tanto una tesis como su contraria.
RI, se arroga, y hace bien, el derecho a la libertad total de expresión hasta tal punto que amenaza con dejar el partido si Pedro Sánchez, PS, pacta con los independentistas catalanes.
Cuando su interlocutor le recuerda que eso ya lo hicieron antes otros secretarios generales del Psoe para poder gobernar España, RI responde que, entonces, estos mismos catalanes de ahora no eran independentistas.
Pero eran los mismos catalanes. Los catalanes son gente muy específica y no sólo por su lengua propia sino por todas, o casi todas sus costumbres.
Por desgracia no soy antropólogo. No estoy en condiciones técnicas, por tanto, de afirmar que dichas específicas costumbres son herencia directa de aquellos fenicios que acudieron a Cataluña hace siglos y se establecieron definitivamente allí.
Pero sí que creo que un catalán es completamente distinto a un sevillano o a un murciano. No piensan como ellos en ninguno de los aspectos sociales absolutamente decisivos.
Entonces ¿por que tienen que se tratados igualitariamente?
Dice Rajoy en sus famosos artículos de El Faro de Vigo, en los que tan ferozmente defiende el derecho a la desigualdad, que la igualdad no sólo no existe sino que no debe de existir y tacha a la aspiración a conseguirla de envidia igualitaria.
Y el fundamento jurídico que esgrime para defender el derecho a la desigualdad es la división de la humanidad en estirpes.
La estirpe es algo muy parecido a lo que ahora llamamos casta.
La gente de buena estirpe, como él, hijo de un magistrado presidente de audiencia provincial, tiene todo el derecho del mundo a ser registradores de la propiedad, probablemente la profesión mejor pagada de todo el funcionariado público, notarios, idem de idem, abogados del Estado, otros que tal bailan, etc., y la gente de mala estirpe, toda la otra gente, la inmensísima mayoría, ha venido a este mundo, según sostiene Rajoy, a envidiar de mala manera a los privilegiados antes citados.
¿Por qué? Por algo tan casual y arbitrario como el hecho del nacimiento.
Pues, bien, el hecho del nacimiento ha sido suficiente para que, en la familia de Rajoy, hayan conseguido ser registradores de la propiedad y notarios casi todos sus miembros.
Dejando aparte el hecho muy probable de que algo influyera en tal circunstancia que el padre de dicha estirpe fuera el presidente del tribunal que juzgó el asunto del aceite de Redondela en el que no se encausó al hermano de Franco, tampoco es desdeñable considerar que si los miembros de dicha estirpe han podido colocarse tan bien ha sido porque todos ellos han dedicado la zona mollar de su vida a estudiar la carrera de Derecho y a preparar las correspondientes oposiciones, gracias a la excelente situación económica de la familia, lo que corrobora el aserto de Marx de que todo es puñetera economía.
Pero queríamos hablar de los catalanes y su pretendido derecho a su autodeterminación geopolítica.
Los que dominan el cotarro muy astutamente niegan la mayor, o sea incluso la existencia de ese derecho de autodeterminación de los pueblos.
Ellos se jactan de ser españoles y exhiben con orgullo su propia y exclusiva nacionalidad no sólo en los tirantes de sus pantalones sino también en la cinta elástica que sostiene su calzoncillos.
Pero los catalanes no tienen derecho a algo semejante, no por nada, sino porque unos cuantos señores se reunieron bajo la protección de unos sables y pergeñaron un panfleto que llamaron Constitución Española.
Y sostiene RI que, por mor de este texto, los catalanes se han de quedar, aquí, con nosotros, que los despreciamos y maltratamos continuamente, hasta la consumación de los siglos.
Esto me recuerda, no sé muy bien por qué, a lo que sucedía no hace tanto tiempo, con el matrimonio católico, que no había manera alguna de divorciarse.
Entonces, los argumentos aún eran más categóricos porque, en aquel caso, las reglas que regían el sacramento eran consiguientemente de origen divino.
Parece indudable que RI es un hombre de izquierdas, tanto que fue el primero en calificar la cacicada de Rajoy de hacernos ir a votar el día de Navidad de auténtico chantaje, pero parece como si no advirtiera que esto no es lo peor que ha hecho el gallego, que son mucho peores aún las reformas laborales por el cometidas y la promulgación, bajo su mayoría absolutísima, de leyes tales como esa a la que se ha dado en llamar “mordaza” para reprimir mucho más aún que las franquistas para la persecución de la masonería y del comunismo, así como la de reforma de la Ley de enjuiciamiento criminal para limitar los plazos de instrucción de los delitos con lo que prácticamente, como en la ley de punto final argentina, se amnistía a todos aquellos delincuentes a los que el gobierno le dé la gana.
En fin, todo esto y mucho más es lo que quiere preservar RI, prohibiéndole terminantemente a PS pactar con los independentistas catalanes que lo único que pretenden es adquirir el derecho a gobernarse por sí mismos como hacemos los demás españoles, llevemos la bandera nacional en los tirantes o en los calzoncillos.

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