lunes, 14 de noviembre de 2016

El mejor de los mundos posibles

Pangloss El Tornillo Que Sujeta El Cielo
 
 
Tengo 88 años y desde los 10 estoy viendo fútbol casi cotidianamente.
 
He sido de varios equipos, del primero, el Atlétic de Bilbao por la fascinación que provoca un club que nutre su plantilla sólo con la gente de su cantera y asimilados. Y la verdad es que yo nunca he visto una delantera mejor que la de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza.
 
Luego me dejé seducir por aquello que fue el Atlético Aviación con gente como Gabilondo, Germán, Machín y en la delantera el mejor futbolista que yo haya visto nunca, Ben Barek.
 
Luego, el Madrid comenzó a hacer de las suyas, y ya nunca ha dejado de hacerlo y tuve la ¿suerte? de ver a Kopa, Didí, Diestefano, Rial y Gento.
 
Pero, claro, también he tenido que ver toda esa larga serie de canalladas que es la historia, la pequeña o gran historia, del fútbol español.
 
Hay por ahí una pléyade de grandes periodistas, es broma, que machacan a la gente con eso de que el fútbol no tiene nada que ver con la política. Cuando es política pura.
 
Bueno, todo lo que hace el hombre es política, desde que se levanta y va al váter hasta que, al final de la odisea diaria, se acuesta cansado en el catre.
 
Porque no puede ser de otra forma desde el momento que como nos dejo escrito en gran estagirita, el hombre es un zoon politikon, un animal político, y el hombre que no lo es o es un dios o una bestia.
 
Pero el problema es que, como apuntábamos hace unos días, “nihil volitur qui precognitur”, no conocemos, no sabemos, no vemos nada más que lo que los medios de comunicación, la jodida prensa, quiere que veamos y desde los emperadores romanos hasta estos energúmenos que nos gobiernan hoy lo primero que aprendieron en sus silabarios políticos es que al pueblo, si queremos que esté quieto, que no pregunte nada sobre lo que pasa y por qué, hay que tenerle el seso embebido en grandes pasiones que lo alienen de toda preocupación política.
 
Entonces, eran los espectáculos circenses en los que los romanos veían como unos hombres mataban a otros, o a los leones, de tal emocionante manera que los jodidos emperadores romanos ordenaban que al pueblo había que darle “panem et circenses” o sea, pan y juegos circenses.
 
Ahora, la cosa se ha rebajado, en apariencia, mucho porque sólo se nos da fútbol, el pan casi ha desaparecido de la escena.
 
Pero la exigencia se ha hecho total, aunque nadie, dado el dominio de los “mass media” por el capitalismo gobernante, se atreva, como debería de hacer, a denunciarlo y así, vemos cómo al enemigo futbolístico se le persigue a sangre y fuego, mediante la proscripción mediática, fiscal y judicial, castigando durísimamente a todas aquellas figuras que se han atrevido a fichar por el equipo nefando, a las que se procesa y juzga severísimamente mientras que a los del equipo del régimen se los ensalza hasta los cielos olímpicos.
 
Y todo esto no sólo es admitido sino que es defendido a muerte por esos nuevos reyes que son los propietarios de los grandes periódicos, radios y televisiones.
 
De modo que Messi ya está condenado a no sé cuántos años de cárcel y a Neymar acaban de sentarlo en el mismo banquillo y nadie dice ni hace nada porque, como decía aquel gran personaje creado por ese genio imperecedero que fue Voltaire, el gran Pangloss, vivimos en el mejor de los mundos posibles.

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