miércoles, 9 de noviembre de 2016

Fascismo a todas horas y por todos lados

Un huracán de fascismo asola el mundo
Los políticos más profundos han intentado comprender cómo es y para qué sirve esta ciencia que muchos de ellos se empeñaron en concebirla como arte, pero arte no es porque éste nunca llega a estos extremos de zafiedad que ahora vemos sacudir al ágora.
Porque la gran sentencia del judío alemán se cumple a rajatabla: todo es economía y así vemos cómo aquí, en España, gana sin hacer nada para merecerlo, un tipo que no se mueve ni para cambiar de postura en ese sofá desde el que ve casi todos los partidos de fútbol que él considera que merecen la pena, sólo porque así lo ha decidido eso que llaman el Ibex 35 y que no es sino el club, otros lo llamarían lobby, que ellos, los amos del dinero, han fundado para mejor defender lo suyo que debería de ser y moralmente lo es, lo nuestro.
Todos los que pintan algo en este putiferio tienen la lección muy bien aprendida: o juegas a favor de ellos o te aplastan como sea, sin que les estorbe mucho que, a veces, la pelea se traba entre dos de ellos, como ha sucedido en este caso en los Usa porque sería difícil determinar al lado de quien había más millones de dólares acumulados.
Como a mí esto de las cifras siempre me marea, creo que he leído por ahí que el Trump este maneja los dólares no por millones sino por billones, con b de burro, que es lo que el tío parece así, a primera vista.
Cuanto dinero tendrá el tío para ganarle la carrera a una tía como la Clinton que la inició hace ya un montón de años.
Pero lo que a mí me ha deshecho totalmente es comprobar que esto de la política no es un arte, creo que ni siquiera una ciencia, sino una puñetera mierda pinchada en un palo en la que siempre ganan los que quieren ellos y ellos ¿quienes son?, quienes van a ser, coño, los que amasan el dinero como si éste fuera aire y el universo entero estuviera repleto de él, que parece que lo está.
Y el viejo judío alemán, en lugar de alegrarse como un einstein cualquiera, gritando a pleno pulmón, “ya os lo decía yo, todo no es más que puñetero dinero”-él decía capital, porque queda más fino-se puso a llorar a lágrima viva, al comprobar que la cosa no tiene remedio y que fueron inútiles todos aquellos años de estudio en las bibliotecas, viviendo de la amistosa generosidad de Engels.
El hombre es un animal canallesco que todo lo que sabe, que todo lo que aprende, lo dedica a producir el mal.
¿Para qué quiere el Trump ese todo el poder político del mundo, si ya tiene casi todo el económico?
Ojalá no sea para lo que yo me imagino.

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