martes, 6 de diciembre de 2016

El día de la Constitución

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No creo que haya mucho que celebrar.
Primero, por el origen. Se trataba de cumplir la última orden del Caudillo, para que su régimen se perpetuara y todo quedara para siempre atado y bien atado.
Segundo, por el procedimiento. El modelo a copiar era la Constitución alemana. Todo lo alemán huele, por lo menos, a racismo, ellos forman parte de la raza aria, la mejor de las etnias del mundo y así lo proclaman, mande Hitler o cualquier otro u otra, “Deuschtland, Deuschtland, über alles”, Alemania, Alemania, sobre todos, gritan, con la menor ocasión, a pleno pulmón.
Los autores: Los siete ponentes
1.1 Gabriel Cisneros Laborda, falangista,
1.2 Manuel Fraga Iribarne, falangista, superministro de Franco
1.3 Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, derechista,
1.4 Gregorio Peces-Barba Martínez, PSOE
1.5 José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo, derechista
1.6 Miquel Roca i Junyent, Convergencia democrática de Cataluña,
1.7 Jordi Solé Tura, partido Comunista.
Y, por último, las circunstancias: Dicen las malas lenguas que en una sala aneja a aquélla en la que se producían las deliberaciones de los que se llamaron padres constituyentes, estaban reunidos unos cuantos de los generales más duros del Régimen, a los que se les pasaban, para su revisión, los artículos de la Constitución conforme se iban aprobando para que, a su vez, los generales dieran su placet.
De modo que la conformación de lo que es, sin duda, el documento que al ser aprobado por referendum significaba la consagración de aquel Régimen para "in eternum", no es sino la expresión más continuista de aquel “statu quo”.
Y, si no, a las pruebas me remito: no hay un sólo intento de hacer progresar nuestra situación política que no sea abortado tachándolo de inconstituional, y si, por uno de esos milagros increíbles que, a veces, no sé cómo ni por qué se producen en nuestro país, se cuela una ley que al PP no le guste, ese Tribunal llamado Constitucional se la carga y en paz.
Así, que, hala, a celebrarlo todos. 
Al fin y al cabo, éste es el pueblo que patentó aquello de “vivan las ‘caenas’”.

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