martes, 20 de diciembre de 2016

Haciendo hasta lo imposible para convertir a las 4 quintas partes del mundo en la famélica legión.

Y lo que más me molesta de todo es que hace mucho tiempo que este final de la historia y no el de Fukuyama no sólo está diagnosticado milimétricamente sino que se ha cantado por millones de gargantas a lo largo de este mundo tan ancho y tan ajeno, la famosa famélica legión.
Porque miro, desolado, a mi alrededor y veo cómo, de tres hijos que tengo, dos de ellos viven íntegramente a mi cargo, gracias a que yo tuve trabajo en 5 empleos y me harte de cotizar en todos ellos para ahora tener una vejez digna que no estoy muy seguro de que lo sea, pero ¿y ellos?
No trabajan, no tributan, no cotizan, ¿de qué van a vivir cuando yo me muera si ni siquiera tendrán una mísera pensión que llevarse a la boca?
Pero cuando lo pienso, me doy cuenta de que su porvenir no es muy distinto al del resto de la población de este jodido mundo.
El capitalismo, el liberalismo, o como coño quiera llamársele se ha impuesto ya definitivamente y de tal manera que un tío sincero o un gran cínico, lo ha dicho ya sin ambages ni rodeos, "eso de los trabajos fijos es una cosa cuasi medieval y lo de las pensiones ha pasado a la historia definitivamente", Rosell, presidente de la patronal española.
O sea que cuando Fukuyama, esa mezcla de yanqui y japonés, escribió “El fin de la historia” sólo nos contaba la verdad a medias, ¿será eso la posverdad?, la historia se ha acabado porque ya no habrá otra manera de hacerla y de escribirla que decir siempre, en todo sitio y en todo tiempo “Sí, Bwana, claro que sí, Bwana”, y buscar cada uno de los que todavía vivan, un sitio más o menos a cubierto, para no pasar demasiado frío, para no mojarse demasiado.
Pero eso sí: todo el mundo estará muy contento viendo por televisión, ellas, a la belénesteban de turno y ellos, al ronaldo o al messi que toque.

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