sábado, 20 de enero de 2018

Jueces, una vez más



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Perdonen ustedes mi insistencia pero es que he pasado 50 años de mi vida entre ellos y el tema me fascina puesto que lo considero absolutamente decisivo, como les ocurre a ellos, los señores del PP, ellos machacan: no aceptarán ninguna afirmación  que les perjudique si antes no ha sido consagrada por los jueces, luego el tema es absolutamente esencial.

Son tan importantes que hasta Sócrates y Platón se ocuparon específicamente de ellos, planteando la eterna cuestión: “qui custodiat ipsos custodes”, ¿y quién vigilará a los propios jueces”, que su mundo se mueve continuamente, hierve, como ese magma de los volcanes.

Ayer, dos noticias, importantísimas sobre ellos asomaron a los periódicos, uno, el tal Hurtado, ha sido colocado ya en la rampa de lanzamiento para llegar al Supremo, la cumbre indiscutible de la judicatura, gracias a los servicios prestados al Jefe, oponiéndose a que se le llamara a deponer como testigo, primero, intentando que lo hiciera a través de plasma, después, y colocándole en una mesa a la altura de ellos mismos, los magistrados, en el juicio y, por último, ayudandole escandalosamente todo lo que pudo a lo largo de la prueba testifical.

Resultado: se le premiará con el Supremo, “Yo, el supremo”, al propio tiempo que a sus dos compañeros de sala que, con sus votos hicieron que Rajoy no sólo testificara sino que ademas lo hiciera presencialmente y no a través del plasma como éste solicitó, han sido ya alejados para siempre de sus puestos a fin de escarmentarlos a ellos y a todos los demás en su cabeza, para que no puedan nunca volver a pecar contra el PP, y sustituidos por otros jueces profundamente afines, en esa especie de revolución antidemocrática que se ha llevado a cabo en la Audiencia Nacional bajo la batuta ni más ni menos que de Concepción Espejel, ya saben, la que, según Cospedal, siempre será Concha para todos, menos para esos letrados que la recusan precisamente por todo esto, ya que la incapacitan para que juzgue los casos del PP, recusación iba a escribir que milagrosa pero no lo es porque si algunos otros miembros de la judicatura admitieron dicha recusación es, fue y será, porque todos estos casos tan estentóreos acabarán ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde se nos dirá una vez más que tenemos una administración de justicia de mierda.

Y, con esta escatológica palabra, entramos en la 2ª parte del tema.

Por supuesto que hay jueces y jueces, como en todos los aspectos humanos de la inmensa viña del Señor.

Así, junto a ese juez resplandeciente que parece ser el tal Llarena, con su cara lustrosa, resplandeciente, que parece absolutamente de acuerdo con lo que es su propia vida y las de todos los demás, está ese rostro atormentado de Eloy Velasco, el tío que se lió la manta a la cabeza y ha organizado todo este lío que hemos dado en llamar la Púnica y el Lezo, que van a mantener  viva la llama de la corrupción del PP durante otro montón de años.

A pesar de mi extenso e intenso conocimiento de la judicatura, no acababa de comprender por qué este hombre atormentado que unas veces se rasuraba la barba y otras se la dejaba crecer salvajemente, y que parecía que no se cansaba nunca de hurgar y hurgar en las miserias del partido que nos gobierna y que estaba haciendo que florecieran en el inmenso estercolero de su habitat un caso tras otro de corrupción, de pronto, cuando menos lo esperaban, cuando ya estaba a punto de conseguir unir entre si todos los puntos geográficos de la inmensa trama, arrojaba ostensiblemente la toalla y se iba a uno de esos destinos de la judicatura en los que ya nunca más iba a tener problemas que resolver directamente sino que iba a limitarse a repasar lo que otros jueces habían hecho en otras instancias.

Y, ahora, llega el tío y nos dice que ya no podía más, que estaba hasta lo más profundo de su alma de luchar contra los de arriba y los de abajo, contra los de la izquierda y los de la derecha, contra todo ese puñetero mundo que burbujeaba a su alrededor:

-Porque ¿qué pensaban, coño, que yo era Dios?, yo no soy más que una puñetera mierda como los demás.

Más o menos eso es lo que ha dicho y ya, creo, que, al fin, se ha quedado tranquilo.

Y, mientras, allá, arriba, en la cima del CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL, el máximo órgano de gobierno de los jueces, y del TRIBUNAL SUPREMO, el más alto de todos los tribunales, el que hace de verdad todas las leyes puesto que sienta lo que se ha dado en llamar jurisprudencia, que está por encima de ellas, el todopoderoso Carlos Lesmes sonríe orgulloso porque ahora todo el mundo sabe que él decía la verdad cuando proclamó “urbi et orbi”, que, a los jueces, se les gobierna con el látigo y con la zanahoria.

1 comentario:

Futbolín dijo...

Así funciona la In.Justicia en Caspaña, encarcelando a los disidentes del franquismo y ensañándose con Cataluña que protesta y pide república, anatema para los mucho españoles que cantan el a por ellos, un país fallido eso es lo que tendremos por los siglos de los siglos.

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