lunes, 5 de febrero de 2018

A por ellos, a por ellos.


CIVIL

Aunque no lo parezca, es siempre la misma historia: unos que se consideran oprimidos y que se rebelan contra lo que ellos creen que es el poder.

Lo que ocurre es que la historia se cuenta siempre de distinta manera porque ellos, los que mandan, siguen al pie de la letra el mandato de Lampedusa: es preciso que todo cambie para que todo siga igual.

Y lo hacen tan bien, tienen tan aprendida la lección, que hasta los que dentro del primer círculo son los más oprimidos participan alegremente en la tarea de oprimir a estos otros.

Si uno se fija lo suficiente comprueba que en la primera fila de los opresores están ellos, los más oprimidos de todos, los mentecatos, en el más estricto sentido de la palabra, aquellos tipos a los que el capital les ha robado la mente con el maldito fútbol y otras zarandajas.

Los que tanto jalean a los guardias que van a reprimr la aparente sedición, “a por ellos, a por ellos”, son precisamente los que menos libertades tienen.

O sea que la mayor parte del trabajo está ya hecha. Apenas hay otra cosa que hacer que dejarse llevar.

Porque incluso la que a sí misma se llama oposición no tiene otro remedio que secundar la actitud del gobierno porque es esa conducta que, ideológicamente, no se comparte la única posible si se quiere gobernar en todo el país cuando se produzca un cambio de élites.


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