viernes, 9 de marzo de 2018

Muertos sin sepultura


Soraya Sáenz de Santamaría. (Foto: Luis Malibrán)

Sabía muy bien lo que decía la presidenta “in pectore”, cuando afirmó, sin ninguna clase de rubor, que el presidente “in acto” había descabezado el movimiento independentista.

Y de tal modo es cierta esta afirmación que con Puigdemont, Junqueras y, ahora, este pobre hombre, Sánchez, al que el juez instructor prohíbe acudir a su imposible investidura, son ya tres las cabezas cortadas de raíz en ese fúnebre baile de muertos sin sepultura en el que se ha convertido el nombramiento del futuro presidente de Catalunya.

Y, ahora, le toca el turno a ese cariacontecido Turull, que ya veremos cuánto le dura el baile si el taumaturgo judicial no se saca de la manga vaya usted a saber qué nuevo truco, porque con un hombre que, primero, dicta orden europea de busca y captura del tal Puigdemont y, luego, se la traga porque no conviene a sus desajustados planes, y no contento con eso dice que ni hablar, que no dicta una nueva orden, cuando el president fue a Copenhague a dar una charla, por la jurídica razón de que esto era realmente lo que el catalán precisamente quería y él, el juez, no está por la labor de hacer lo que los independentistas desean, si no que, precisamente, lo han puesto ahí para que haga todo lo contrario.

Lo que ocurre es que, en este caso, se trata de una especie de partida de ajedrez, en la que no se sabe muy bien qué intención se esconde realmente detrás de cada movimiento del adversario.

O sea que, a lo peor, lo que pretenden los independentistas es precisamente intentar demostrar “urbi et orbe”, que el gobierno del Estado español no está actuando en este caso con lo que una democracia real haría sino que está aplicando, como siempre, la máxima lampedusiana de hacer que todo parezca que ha cambiado para que todo siga igual.

O sea que, en España, eso de la división de poderes en legislativo, ejecutivo y judicial no tiene otro objeto que sus  seguidores puedan pasarse todo el tiempo diciendo eso de que no admitirán que su gobierno no actúa correctamente hasta que los jueces lo declaren así en una inapelable sentencia.                  

O sea, lampedusismo puro y duro.

1 comentario:

Futbolín dijo...

¿Lampedusismo ….postverdad franquista?, a lo de Caspaña ponerle un adjetivo italiano dada nuestra proberbial zafiedad o “manca de finezza” , como que hasta resulta excesivo, (:-)) Un abrazo Pepe.

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