sábado, 14 de abril de 2018

Los jueces (lll). Etica, estética y justicia.


Resultado de imagen de el mazo de la justicia

Un cirujano y un juez. Se tiene que estar absolutamente convencido de lo que uno hace para rajar, a sangre fría, la carne roja del enfermo. Y mucho más aún si lo que uno hace es enviar a otro ser humano a ese terrible cementerio de vivos que es la cárcel.

Porque, como nos dijo Terencio, al hombre, si está bien constituido, por dentro, nada de lo humano le es ajeno.

Lo siento porque puede parecer que estoy en contra de la función judicial, lo que es absolutamente incierto, todo lo contrario, pienso que sin los jueces, sin las cárceles, la vida social sería absolutamente imposible, ni siquiera podríamos salir a la calle porque seríamos asaltados por todos esos que prescinden a su antojo de las leyes que rigen inexcusablemente nuestra convivencia.

Pero también pienso que la función judicial es casi tan sagrada como la sacerdotal y, por lo tanto, exige a los que la practican una conducta ética absolutamente intachable.

Y, entonces, se me podrá decir: “oiga, pero usted lo que exige es que los jueces sean ángeles” y yo responderé: “no, señor, mucho más aún, arcángeles”, que es precisamente el nombre que elegí para titular mis blogs, pensando precisamente en ellos y en sus lógicos antagonistas, los delincuentes, porque hay que tener un insuperable concepto de uno mismo para cometer un crimen, para arrogarse la función de aplicar uno la justicia por su propia mano, que es lo que hacen los que cometen cualquier clase de delito.

Y todo esto porque el otro día contemplé, en un video, a un juez apurando ostensiblemente, hasta el límite, un puro, al propio tiempo que bebía de una de esas alargadas copas de espirituoso.

“¿Qué hay de malo en ello?”, se me preguntará y yo no tendré más remedio que responder: “nada, absolutamente, nada, él y todo ser humano tiene todo el derecho del mundo a gozar de las cosas buenas de la vida, para eso vivimos, para eso trabajamos todos”.

Pero, inmediatamente, me vino a la cabeza aquella teoría que Giovanni Papini expuso en El Libro negro: igual que hemos inventado un lugar recóndito para defecar deberíamos de ingeniar sitios más escondidos aún para comer, porque esto es, todavía, mucho más obsceno.

2 comentarios:

Futbolín dijo...

https://nuevarevolucion.es/a-quien-representa-la-monarquia/

Futbolín dijo...

https://cotarelo.blogspot.com.es/2018/04/fin-de-trayecto.html

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