jueves, 17 de mayo de 2018

Prohibido procrear

La dacha de Iglesias y Montero
La iglesia católica, una de las asociaciones humanas más extensas y longevas, lo comprendió pronta y sabiamente: si quería líderes sociales libres de la más natural de las ataduras humanas, tenía que constituirlos célibes, para que, al menos oficialmente, no tuvieran hijos.

Y ahí la tenemos: que yo sepa ninguna otra asociación humana ha dado más auténticos líderes sociales a la historia.

Y todo esto a propósito del chalet que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero, los dos líderes de Podemos.

Por eso yo estructuraba ayer mi post así:

Lo digo realmente en serio. Un supremo dirigente político no puede tener hijos como cualquier otro ciudadano.

Porque parece que Pablo e Irene se han escudado en su próxima paternidad para comprar un chaletazo con una gran parcela.

Un pretendido dirigente político no puede comportarse como una persona normal simplemente porque no lo es.

Acabo de escuchar, en Al rojo vivo, a Enric Juliana decir que Pablo Iglesias, PI, se nos presentó como un franciscano y que por eso tuvo tanto predicamento y estoy totalmente de acuerdo con él.

Y ésa es precisamente la palabra: “franciscano”, porque ha sido el catolicismo, creo yo, quien más ha sabido comprender el estado de austeridad que supone asumir el papel de director espiritual de una comunidad, a la hora de adaptar nuestra manera de actuar a nuestro roll como un revolucionario social.

PI debe de replantearse seriamente su conducta para no desengañarnos a todos los que, en algún momento, hemos confiado en él.

No seré yo el que le exija los votos de castidad, pobreza y obediencia porque nunca le exigiré a un hombre lo inhumano, pero sí que le exijo una sola cosa: ejemplaridad.

El no puede ir por ahí diciendo que se viste en las rebajas de Alcampo, y parece que, en efecto, lo hace así por como va, y que vive en Vallecas, en un reducto de menos de 60 m2, y, luego, anunciar a bombo y platillo que se ha comprado, todo lo a plazos que él quiera, un chalet en las afueras de Madrid por 600.000 euros, con 300 m2 edificados, piscina y habitaciones para los invitados, porque eso no se lo puede permitir nadie que esté en política al lado de la famélica legión.

Porque ya sé que él, como en su día Felipe González, ha rechazado el marxismo/comunismo porque es algo que, en este país, tienes que hacer si  pretendes ganar las elecciones generales algún día, pero con el marxismo sucede lo mismo que con el cristianismo, que no puedes apostatar porque la puñetera vida no te deja, porque el jodido se alza una y otra vez de entre los adoquines de la calle, de modo que no   te queda más remedio que ser monje y soldado o irte de la política de una puñetera vez y dejar que sean otros los que traten de ilusionar a la buena, a la hermosa gente.

De cualquier modo, he de reconocer que PI tenía razón cuando decía que no era comunista, aunque lo dijera por oportunismo, porque el marxismo/comunismo dice que a la sociedad has de dárselo todo y que de ella no debes recibir más que lo necesario para subvenir a tus necesidades y a las de los tuyos.

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