viernes, 22 de enero de 2010

Para una teoría general del insulto

17.- Comentario por eutiquio22/01/2010 @ 09:49
Para una teoría general del insulto.

Dice acertadamente la filosofía que la diferencia esencial entre el hombre y los animales es el habla, al expresión articulada, la facultad de expresar sus sentimientos articuladamente. De ahí viene la palabra persona, el ser que se expresa por sí mismo mediante sonidos. El insulto es una ruptura del razonamiento porque rompe el hilo natural del discurso bruscamente y lo sustituye por un exabrupto, una especie de sonido inarticulado, puramente animal, bestiario. El que recurre al insulto es porque se reconoce incapaz de decir otra cosa, de pronunciar otra palabra, de seguir el diálogo o el debate con su contrincante de una manera natural, humana.El insulto no es un sonido humano, es algo bestial, inhumano, irracional, es por consiguiente un acto en el que hombre se niega a sí mismo su propia condición.

Pero es que además imprime carácter, el que insulta una vez, el que se ha rebajado a sí mismo al nivel del insulto, sufre ya casi la imposibilidad de redimirse, de elevarse otra vez hasta la condición humana, porque, como todo lo animal, el insulto es un acto primitivo, instintivo, irracional y, por lo tanto, fácil, muy fácil, por lo que resulta extremadamente cómodo para el que lo usa una vez, seguir utilizándolo en lugar de subir de nuevo hasta el nivel del discurso racional, humano.

Cuando el insulto se produce en un sitio abierto, con la presencia física de los actores, inevitablemente conduce a una reyerta que puede concluir con la muerte de uno de ellos, induce por lo tanto a la agresión que no es sino el instinto homicida de acabar con el otro.El que insulta, pues, abre la caja de Pandora, libera a los demonios, los instintos homicidas, asesinos, por eso es tan peligroso, tan inhumano insultar porque conduce inevitablemente a la suprema negación del interlocutor.

Manolo Saco: “El insulto es un arma de doble filo. Cuando es utilizado torpemente suele volverse contra el que lo lanza, como le ocurrió hace unos días a Enrique Múgica. Aunque suele emplearse con la pretensión de definir mejor al insultado, a quien suele definir cabalmente es al insultador. El insulto crudo, traído sin más del diccionario, sin cocinar, suele causar poco efecto, por repetitivo, por soso, por falto de originalidad”.

Marcel Proust: “En verdad cada insultador, cuando insulta, es el insultador de sí mismo”.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua española, la palabra “insultar” significa ofender a uno con palabras o acciones.

Insulto es la acción o efecto de insultar, acometimiento o asalto repentino y violento.

Insultar es al disgusto lo que el yoga al tantra: una preparación, un paso previo. Insultar es entrenarse, asumir la pérdida, la derrota, el hecho de que hay uno –o muchos– mejores que tú. El insulto también es violencia. Las ofensas no desahogan, irritan más,

El odio y el insulto lo invaden todo.Las viejas tácticas vuelven a funcionar. Envenenar los pozos para que el enemigo se muera de sed o venga a pedir agua. Lo vemos por todas partes y es hora de empezar a señalar, a decir, No juego al juego del odio, del instinto asesino. Suso de Toro escribe sobre algunos de sus encuentros en este sentido: “Pero el odio anda suelto por todas partes, fluye en conversaciones, en el papel de los quioscos y en las ondas. Nace de una siembra diaria de dudas, insinuaciones, sombras. La vida pública española, especialmente la fuente de la política madrileña, es hoy una zona pantanosa como de película de miedo. Y en ese fluir de veneno viejo, internet es campo abierto. La fluidez, la informalidad de las informaciones y, sobre todo, el anonimato hacen de la red el medio ideal para difundir infundios e intoxicaciones. De que corra luego la falsa moneda ya nos ocupamos todos, pues sentimos la tentadora atracción de repetir y difundir lo que nos resulta chocante, grotesco, y lo que rebaja la condición de aquellos a quienes envidiamos o que nos resultan superiores. Cómo no ceder a la tentación de rebajarlos, cómo no decir: “Son todos iguales”. O sea: son como yo, mezquinos. Somos así, nos atrae la mierda y, si nadie nos ve, nos gusta meter el palito en ella.” El odio y el insulto lo invaden todo.

Roger Colom | 08/01/2005 | Artículos | Políticas nacionales

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